jueves, 17 de septiembre de 2009

Correo diplomático, Diplomatic Courier.



“Correo diplomático” es una película de 1.952 de Henry Hathaway con Tyrone Power y Patricia Neal en los papeles principales.

Este director es capaz de desenvolverse en todos los géneros, western, policíaco, o, como en esta oportunidad, en el terreno del espionaje.

Recurre una vez más a Tyrone Power, para contar la historia de un “correo diplomático”, así debía llamarse por los años 50, o sea, un empleado del gobierno americano obligado a recoger un importante documento en el bloque del Este de un ex compañero de mili, espía yanki en terreno enemigo.

Power es Mike Kells, un profesional de los Estados Unidos con una buena trayectoria de “correo”, pero que tiene que esforzarse un pelín más y hacer de espía en Trieste, dónde se centra la película.
Allí se encontrará con dos mujeres, que nunca sabemos de qué lado están, del ruso o del americano, y que nunca sabemos si dicen la verdad o mienten.

Antes de llegar a Trieste, irá en avión, después en tren, dónde se producirá el asesinato de su contacto, se reunirá con la policía estadounidense en la ciudad, etc.

Nos movemos en la época de la guerra fría, y para ese momento esta película tuvo que ser fascinante: actores del momento, tema del momento, medios del momento.
Hoy día, el partido que le saco personalmente es el que subyace en las relaciones humanas que muestra. Me explico. Es un mundo, una vida, en la que no tenemos en quien confiar, no sabemos si esta mujer es la buena o la mala, o qué.

Y hace bien Hathaway en situar al espectador desde el punto de mira de Kells, una especie de novato en este campo, y que no sabe muy bien por dónde le van los tiros.
La viuda de un funcionario americano parece más fiable que la europea clasificada de espía rusa, pero… ¿quién tendrá el documento, el microfilm dónde se reflejan las actividades de los comunistas para invadir Yugoslavia?

Al final lo sabemos, y no pienso desvelar el final.

Power está, en esta ocasión, desde mi criterio, muy bien, muy creíble, tanto como en Rawhide, y menos que en La rosa negra, porque creo que a este actor le van los papeles dubitativos, un poco como de principiante.

Las mujeres, espectaculares en su ambigüedad.

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