viernes, 4 de septiembre de 2009

DARLING

El mundo de las modelos queda reflejado aquí de una forma muy negativa como un camino en el que lo que importa es triunfar y en el que la moralidad queda en un segundo plano.

La protagonista (Julie Christie) es una modelo que no es capaz de ser fiel al hombre con el que vive (Dirk Bogarde) porque se aburre debido a que éste dedica demasiado tiempo a los libros y a su trabajo. Por consiguiente, prefiere introducirse en el mundo de la alta sociedad a través de un personaje bien conectado en los círculos del poder y que le ayuda en su profesión de paso que le lleva a fiestas en París y en Londres y le presenta a los directores de cine importantes.

La estética de la película es deudora de su época, los 60, y supongo que en aquel momento podría parecer innovadora, ante todo, por los tipos de relación o pareja que muestra.

Curiosa es la intervención de Villalonga en un papel que le viene al pelo, el de príncipe italiano que ofrece matrimonio a la Christie. Esta acepta y se dará cuenta más tarde que a su marido apenas va a verle porque está siempre de viaje, con lo cual se siente sola y vuelve a su primer amor –Dirk Bogarde-, el cuál la rechaza y le dice que se vuelva a Roma con su maridito en el primer avión.

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