sábado, 5 de septiembre de 2009

La rosa negra, un sajón en China

Hathaway, un director de abundante filmografía, firma un relato de aventuras que también toca otros temas, científicos, familiares e incluso sicológicos.
Walter de Gurnie (Tyron Power) es el hijo de un conde sajón en la Inglaterra medieval, que odia a los normandos y se va de su país en busca de acción, riesgo, dinero, ¿por qué no?, y aún más, olvidarse de todo lo que represente a su viejo reino.

Con un compañero de la infancia, gran arquero, viaja hasta China dónde se unirá a un general mongol, interpretado por Orson Welles, el cuál, quiere conquistar, poco a poco, el mundo entero.

Pero antes de conquistar China, este general envía a Gurnie como mediador, éste será recibido como un Dios debido a una profecía, y ahí, en todo este itinerario, su amigo de la infancia, morirá.
Hay que hablar también de la rosa negra, que no es sino la mujer a la que dan protección durante su estancia en Oriente y que se enamora de Power. Dicho de paso, me parece de lo más desacertado de la película, porque pretende ser la heroína y en cambio da una imagen de niña que crece que no “pega” demasiado.

Al final, Gurnie volverá a Inglaterra y su odio por los normandos habrá disminuido tanto que enseña a los hombres del rey los avances científicos de los chinos, como la pólvora por ejemplo.
A mi modo de ver, no es de las mejores películas de Hathaway, se pasa un rato entretenido sin más, y un poco menos de duración no estaría mal.

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