sábado, 5 de septiembre de 2009

Las señoritas de Rochefort, musical francés de los sesenta

Jacques Demy rinde homenaje a los musicales dorados de Hollywood con la ayuda de un buen puñado de grandes actores alejados de sus registros habituales.

Catherine Deneuve o Michel Piccoli distan mucho de la imagen que nos ofrecen en una película cercana en el tiempo a ésta, Belle de Jour, y por supuesto, muy diferente.

Las señoritas de Rochefort se desarrolla en este pueblo en un fin de semana. Nos presentan una serie de personajes en búsqueda del amor y con esa única motivación en sus vidas. Lo importante no es el guión, ni el mensaje de la película, sino sus aspectos formales.

Es un musical con la estética de los años 60, o sea, mucho colorido, un vestuario casi alocado, de fantasía, muchos personajes juveniles, casi todos, excepto el asesino de turno que hace hueco y que pone una nota distinta, pero desapercibida, en el film, y por supuesto, la música, los números musicales de jazz , a la par que la coreografía.

Deneuve y su hermana dan vida a dos gemelas que trabajan en una escuela de danza para niños, preocupadas por encontrar al hombre de sus sueños. Al pueblo llegan unos feriantes ataviados con botas estilo Miguel Bosé en Don Diablo, unos gígolos de la época, pero ellos no serán los que cautiven el corazón de las chicas. Los afortunados serán Gene Kelly en el papel de músico-bailarín afamado que viene de USA, y un joven pintor rubio que no cesa de buscar su ideal femenino.

La madre de las hermanas, que trabaja en un bar en el medio de la plaza por el que pasan todos los personajes, también busca al amor que abandonó en su día, porque el hombre se apellidaba Dama, y que no es otro que Michel Piccoli, que ha abierto una tienda de música en Rochefort buscando a esa misma dama que le dejó un día, y que es amigo de Kelly.

Hay números musicales curiosos, como el del equipo de baloncesto, otros que causan casi risa hoy en día, y otros bastantes afortunados, como el de las dos hermanas en la escuela de danza o en el escenario de la plaza el domingo.

Catherine Deneuve está más bella y fresca que nunca en esta película y todos nos enamoramos de ella cuando canta, baila o, mismamente, cuando va a buscar a su hermano pequeño al cole.

A Gene Kelly, Demy le da su momento de gloria años después de Un americano en París, otorgándole protagonismo con escenas de baile en la que lo rodea de un coche descapotable unas veces, o de unos colegiales, otras.

Y Picolli se esfuerza casi en el último baile de la pelí cuando ya se ha reencontrado con su amada, la madre de las gemelas

La escena final deja un espacio a la imaginación, porque el pintor rubio se sube a la carabana de los feriantes con los que viaja Deneuve a París, pero no sabemos, al menos yo, si monta en la misma camioneta. Dado el tono pastel de todo el “tinglado”, lo más fácil es suponer que sí.

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