viernes, 4 de septiembre de 2009

Lawrence de Arabia, aventura en el desierto.

Lo primero que hay que decir es que Lawrence de Arabia fue un personaje real , un oficial del ejército británico, un espía, que ayudó a la revuelta árabe contra el imperio turco en 1916-1918, conocido sobre todo por eso, y menos conocida es su faceta como ayudante de Winston Churchill en los asuntos árabes. Fue hijo ilegítimo de un aristocráta, se especializó en la cultura árabe, recorrió Siria en bicicleta y posteriormente lideró a las tribus árabes en su ofensiva contra los turcos, pero siempre bajo las órdenes del imperio británico.

Después, hay otras muchas cosas que se dicen de él, por ejemplo que se enamoró de un joven árabe y que gran parte de su campaña estaba “dedicada” a satisfacer a su amor ofreciéndole al pueblo árabe la posibilidad de formar una nación.

La película es superconocida, 7 oscar, la consagración de Peter O´Toole en el mundo del cine y la participación además de actores muy famosos como Omar Sharif (que luego rodaría con el director David Lean “Doctor Zhivago”), Sir Alec Guinnes y Anthony Quin, sin olvidar el papel malévolo y un tanto ambiguo de José Ferrer.

Lo que a mi más me impresiona de la película es el papel fundamental que el desierto juega en ella. Lawrence es un enamorado del desierto porque como él mismo dice en el film “está limpio”. Y el espectador también tiene la sensación de estar cabalgando en un camello por un desierto y sufriendo el sol abrasador. La primera parte de la película es sobre todo un adentrarse en el desierto y un poco en la forma de ser de los árabes, divididos en tribus que vigilan sus pozos de agua como un tesoro.

Lawrence se mete en ese mundo y quiere conseguir la unidad de los árabes para luchar contra su opresor turco y la verdad es que su carisma lo logra, al menos en buena parte del metraje.

Impresionante para mí, y de lo mejor, es el momento en que Lawrence se da la vuelta en el desierto para salvar la vida de un árabe que se ha quedado rezagado y eso desoyendo los consejos de Omar Shariff. Le salva la vida y posteriormente, sin embargo, tiene que ejecutarlo porque ese mismo personaje se mete en un lío con la otra tribú árabe, la de Anthony Quinn.

Al final, Lawrence y su sueño de reconquistar Aqaba se hacen realidad. Y a partir de ahí es cuando él se convierte en una leyenda, empieza a hacerse famoso entre los árabes y entre los británicos y hasta los americanos envían un periodista para seguir sus batallas
.
Y es entonces cuando la película deja de parecerme tan interesante. No digo que no siga siéndolo, pero ya no atrapa del mismo modo.

Todavía hay un capítulo oscuro que lleva a diversas interpretaciones. Y es la captura de Lawrence por los turcos y las torturas y supuestas vejaciones a que es sometido por un oficial turco, José Ferrer. En principio, sólo se ve que lo azotan, pero se intuye que también lo violan.

Todo esto, unido a los supuestos amoríos de Lawrence, parecen apuntar a una posible homosexualidad del personaje, que David Lean intentó de alguna manera camuflar porque, claro, era el año 62.

Cierto es que en toda la película no aparece ni una mujer.

Al final, da la sensación de que Lawrence ha luchado por una utopía, los árabes reconquistan Damasco, pero las grandes potencias, Francia e Inglaterra, ya se han ocupado en un tratado de repartirse Oriente Medio. ¿Y que hay de la nación árabe?

De momento, habrá que esperar.

Como curiosidades de la película, decir que el papel de Lawrence fue ofrecido a Marlon Brando que lo rechazó diciendo: “¿Cómo voy a pegarme 2 años subido en un camello en el desierto? “o algo parecido, que las escenas de Aqaba están rodadas en parte en Almería y que el cuartel británico que aparece en la película está localizado en Sevilla.

Como resumen, podría decir que es una película muy interesante, visualmente impactante, y con un personaje hipnotizador en muchos planos. Sus 7 oscar dicen lo demás.

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