viernes, 4 de septiembre de 2009

Los abrazos rotos, de Pedro Almódovar.



El cine de Almodóvar nunca te deja indiferente y siempre encuentras momentos sublimes que justifican el que sea nuestro director con más talento y más internacional.
Sus escenas siempre tienen una fuerza descomunal. Como esa en la que el hombre poderoso que quiere a Lena contrata a una lectora de labios para comprobar que está siendo engañado. Porque Lena- Penélope- no le ama a él, sino al Director de cine- Lluís Omar-.

Los abrazos se rompen por un accidente, pero se rompen también por el acoso de este hombre a unos enamorados que se sienten febrilmente atraídos y que no tienen miedo de demostrar su amor aún sabiendo que ese amor puede llevarles a la muerte o a un desenlace trágico.
Después de ese amor, a Harry sólo le queda vivir por vivir, hasta que el hijo del hombre rico desea vengarse de su padre y le hace revivir a Harry lo ocurrido años atrás.

El rojo vuelve a dominar esta película de Almodóvar, el rojo del deseo, de la pasión.

A pesar de todas las críticas negativas que se han hecho, Los abrazos rotos es una buena película. Creo que el tiempo la dejará en el lugar que le corresponde. Ocurre que estamos demasiado acostumbrados a que el manchego haga obras maestras y cuando alguna de ellas no lo es ponemos el grito en el cielo.

Pedro, una vez más, toca nuestro lado sensible, aunque no lo haga, quizá, con la fuerza de Hable con ella o Todo sobre mi madre, pero, claro, esas películas, como otras de su primera etapa, son obras de culto, y eso, amigos, es mucho decir.

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