viernes, 4 de septiembre de 2009

PERRO BLANCO, WHITE DOG

Fuller se sirve de la historia de un perro que ataca a los negros para hablarnos en contra del racismo.

El perro es blanco y ataca a los negros.

Seguramente hubo algún momento no muy lejano en el que los blancos utilizaban a los perros y los adiestraban para atacar a los esclavos negros. En vez de emplear el típico argumento de negros apaleados y oprimidos y terratenientes del Sur de USA blancos y crueles, el director firma un relato a favor de la igualdad racial con una violencia excesiva que sirve como arma para denunciar esa misma violencia.

El perro es un perro enfermo que odia a los negros porque su dueño le ha enseñado a odiarlos al ser maltratado desde cachorro por gente negra. Curiosamente es un amaestrador negro el que intenta curar al perro de su fobia.

La escena final es realmente buena, porque el espectador nunca sabe como va a reaccionar el perro, si va a atacar al negro, si va a atacar a Julie, o si va a atacar al dueño de la empresa de animales.

La película es una alegoría, y el tema que subyace es el racismo de la población blanca norteamericana, personificado en el film en un animal. Se trata de una de las películas anti-racistas más dura que yo he visto.

El suspense está garantizado hasta el final y hay escenas que te dejan totalmente en vilo como una en la que el perro está husmeando en la basura y en la calle aparece un niño negro jugando, totalmente ajeno al peligro que corre.

Me llama la atención el juego del director contraponiendo siempre la piel negra del amaestrador y el pelo blanco del perro, enfrentándolos continuamente; hay momentos en los que parece que se produce la calma, pero la mirada fría del perro en ningún caso te deja tranquilo.

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