sábado, 31 de octubre de 2009

Rojo y Negro, de Carlos Arévalo



Rojo y negro es una película española dirigida por Carlos Arévalo en 1942, poco tiempo después de la Guerra Civil española. En ella intervienen Conchita Montenegro (Luisa) y un muy joven Ismael Merlo (Miguel).


Luisa y Miguel son novios desde pequeños, en tiempos de la República española. Pocos años más tarde, Luisa se incorpora a la Falange, mientras que Miguel se convierte en un miliciano republicano. A pesar de ello, siguen viéndose y manteniendo su relación.

Cuando estalla la Guerra Civil, Luisa intentará cobijar en su casa a un compañero de la Falange y con el fin de comprobar si otro falangista ha sido detenido por los republicanos se arriesgará a entrar en la Checa del Convento de las Adoratrices, en Madrid, haciéndose pasar por la novia de un hombre de izquierda. No obstante, el encargado de la Checa sospecha de ella y la hace seguir hasta su casa. Allí registrarán su domicilio y encontrándole una cuota de afiliación a la Falange será detenida y encarcelada.


Posteriormente, Miguel se entera de que Luisa ha sido detenida y acudirá en su auxilio, llegando demasiado tarde, puesto que ya ha se la han llevado para fusilarla. La encontrará muerta y ante la rabia que eso le causa disparará contra unos milicianos que le acribillan a balazos y acaban con su vida.

Más o menos, este es el resumen de Rojo y Negro.

En esta película, de la que se ha dicho que es un intento frustrado de un cine falangista, creo que lo de menos es la historia de amor entre Luisa y Miguel, sino que lo que prevalece es el tinte político. Los republicanos aparecen quemando iglesias, matando, robando bandejas y objetos de valor de las casas de los de derecha, y las cabecillas de la Falange femenina afirmando que “las mujeres deben influir en el pensamiento político de los hombres”.

Parece que duró poco en la cartelera española de aquella época. Y ciertamente en ella se adivina una defensa de la ideología conservadora. Hoy en día se nos presenta como una obra rara y peculiar dentro del cine español.

viernes, 30 de octubre de 2009

El día de los tramposos, un brillante Mankiewicz



Western con tintes humorísticos rayando en el cinismo, con motín carcelario y acertada lectura del alma humana, con “El día de los tramposos”, Mankiewicz demuestra toda su sabiduría cinematográfica. Se apoya en la gran labor interpretativa de Kirk Douglas , en el papel de un ladrón y criminal sin escrúpulos que no duda en traicionar a todo el que tiene delante para conseguir el botín que ha escondido en un agujero del desierto, y de Henry Fonda, que representa a un alcaide de prisión justo, que quiere mejorar la vida de los reclusos y cree en la reinserción social.

El tono de la película es divertido, el canalla París Pitman ((Kirk Douglas) cae bien, hay que decirlo, y tiene carisma de líder. Nos conquista con su sonrisa y parece que le perdonamos su mal fondo. De hecho, el público de la sala se ríe con él.
El alcaide Lopeman (Henry Fonda) es, en cambio, un hombre serio, recto, y a veces parece aburrido, pero también cae bien.

Se plantea así un duelo entre los dos hombres, que tienen intereses contrapuestos, el uno, la codicia por el dinero, el otro, la idea de mejorar la cárcel del desierto de Arizona, construir comedores y hospitales nuevos para los presos y cambiar, en definitiva, la orientación del penal, antes dirigido por un funcionario corrupto.

Lo que se cuece detrás es más profundo, es la lucha entre el bien y el mal. Pitman es un diablo simpático y Lopeman es un hombre experimentado, símbolo de la justicia, la honradez, y de el hacer las cosas bien.

¿Quién triunfa? Pues aparentemente triunfa el bueno, pero se nos desmorona, quizá, la idea que tenemos de él en la última escena. Y digo quizá, porque se puede pensar que el alcaide no hace más que lo que muchos de nosotros pensaríamos hacer, darnos la buena vida y no pensar tanto en los demás.

El grupo de condenados está magistralmente definido. Existe el joven que ha cometido un pequeño desliz y que sin embargo tiene una pena excesiva, la pareja de farsantes embusteros que se hace pasar por reverendo y mudo y que por ello acaban en la cárcel, el chino con demasiado cuerpo y poco cerebro, el veterano recluido durante años, etc.

Y a todos ellos dirige París, Kirk Douglas, una suerte de Robin Hood pero en plan malvado, porque los engaña y traiciona a todos en busca de los 500 mil dólares que tiene enterrados, nada más y nada menos, que en un pozo con serpientes de cascabel.

Entre los carceleros también hay de todo, desde el pervertido guardián que quiere dar un trato de favor al joven, a cambio de …(ya imaginan), hasta los férreos vigilantes de las armas o el gordinflón al que se le rajan los pantalones en plena visita del gobernador.

El toque distintivo de Mankiewicz se nota, en fin, en la película en todos los aspectos, y la convierte en una gran y entretenidísima obra maestra del comienzo de los 70.

martes, 27 de octubre de 2009

Amelie, la chica solidaria

Todos imaginamos que cuando encontremos el amor viviremos en un cuento de hadas. Sin embargo, Amelie volverá a la realidad, a descubrir que el cerebro está lleno de miles de conexiones, precisamente cuando consume el amor al lado de Nino, ese chico que colecciona fotos y las recompone, queriendo descubrir al extraño que aparece tantas veces en la máquina de fotos y que no es sino un empleado que arregla los desperfectos.

Todos nos aferramos a la realidad y soñamos que con el amor cambiará esa realidad y viviremos en un mundo imaginativo, en cambio Amelie se inventa un mundo imaginativo cuando no tiene el amor y se aferrará a la realidad cuando descubra ese amor.

Amelie ha tenido una infancia con falta de cariño. Su padre y su madre creen que tiene una enfermedad del corazón, no va a la escuela por ello, pero las demostraciones de amor de su familia se limitan a un examen médico periódico de su padre. Así las cosas, se deshacen de su pez con tendencias suicidas y le regalan a cambio una cámara fotográfica que su vecino intentará hacerle creer que provoca accidentes. Amelie se vengará del vecino fastidiándole la tele cuando está viendo el fútbol.

Sí, esta película es así, con situaciones disparatadas, con personajes raros y extraños, que, a pesar de serlo, buscan solamente lo que todos buscamos, la felicidad, y el amor.

Amelie decide dedicarse a buscar la felicidad de los demás cuando descubre, el día de la muerte de Lady Di, una pequeña cajita que guarda los recuerdos de infancia de un niño. Se dedicará a buscarle diciéndose a sí misma que si esa persona se conmueve al recuperar su caja de recuerdos, se dedicará a hacer el bien, a ser una especie de heroína salvadora de la humanidad. Y ese hombre se conmueve, llora de alegría al recuperarla y se toma un coñac al lado de nuestra protagonista contándole que tiene una hija y un nieto. A partir de ese momento, Amelie intentará complacer los deseos ocultos de quienes la rodean.

Por eso ayudará a la dueña del estanco a tener una relación con el celoso ex novio de su compañera de trabajo (camarera del bar como Amelie), al hijo del tendero a sustituir a su padre que se queja y le maltrata por su lentitud en el trabajo, a un pintor vecino que tiene los huesos enfermos a ver vídeos curiosos (un caballo corriendo entre el pelotón del Tour, un viejo con pata de palo bailando), a su propio padre a viajar al simular que su gnomo de jardín está recorriendo el mundo, etc.

Pero cuando Amelie conoce al joven raro que colecciona fotos de un fotomaton, que antes ha coleccionado otras fotos de pisadas en el cemento, que trabaja en un sex shop y en el parque de atracciones en La casa del terror, empezará a cambiar su vida. Porque ella no se atreve a dar el paso de conocerle y se inventará mil juegos antes de hacerlo debido a su timidez. Una vez más Amelie evade la responsabilidad de ser realista y de ir en busca de la persona de la que está enamorada. Todo ello hasta que el pintor vecino de huesos enfermos le manda a ella un vídeo animándola a que se decida de una vez a encontrase con el chico

Este sería un resumen del argumento de esta película, pero esta película hay que verla, porque su riqueza reside en las imágenes ante todo, en su puesta en escena tipo video-clip. Se trata de un regalo visual y para los sentidos. La pregunta que me hago es: ¿será tan sorprendente, original y llamativa en un posterior visionado?

viernes, 2 de octubre de 2009

El póker de la muerte



En “El póker de la muerte”, Hathaway mezcla los géneros del western y del suspense.

En Rincón se celebra una partida de cartas y uno de los jugadores, forastero, hace trampas, por lo que es ahorcado por los demás intervinientes, dirigidos por un joven que es el inductor al linchamiento, Roddy McDowell y con la única oposición del papel que interpreta Dean Martín.

Posteriormente todos los participantes en esa partida van apareciendo asesinados.
Ello coincide con la llegada al pueblo de un reverendo, interpretado por Robert Mitchum, que maneja las armas demasiado bien.

Se plantea en esta película el tema de la venganza y el de tomarse la justicia de forma individual. Mitchum resultará ser el hermano del jugador ahorcado y se “apoyará” de manera equivocada en el joven cabecilla que organizó el asesinato de su familiar.

Dean Martín es el que descubre al justiciero vengador y el que acabará con él en una escena final bastante acertada.

Mitchum hace un papel similar al realizado en “El cabo del terror” y Martín es el jugador profesional de buen fondo que se convierte en el bueno de la película.
Además es el seductor del film, ya que tiene detrás de él a dos mujeres, una joven y otra más madurita dueña de la barbería.

Película que se ve con interés, y que mantiene un buen ritmo hasta el final.