lunes, 9 de noviembre de 2009

Celda 211, inolvidable Mala Madre



Luis Tosar resulta creíble en toda la película en el papel de Mala Madre, lo elevamos a la categoría de héroe.
El chaval, el funcionario que al principio parece un unisersitario, crece y se comporta dignamente al lado de Mala Madre como el amigo que está ahí hasta el final.
Y Carlos Bardem nos regala una interpretación maravillosa de un traidor, villano entre los villanos, astuto, serpiente y que bien podría valerle algún premio.

Celda 211 es una gran película, y para mí su mayor virtud es la de hacernos partícipes de la transformación de una persona normal en un hombre que es capaz de matar para sobrevivir y que se ve envuelto en un motín carcelario. "Tú no has roto un plato en tu vida" le dice Mala Madre, el recluso cabecilla (Luis Tosar) a este chico. Pero este chico al final de la película es un preso más amotinado, violento, y exigiendo dignidad para las prisiones españolas. Sin duda, la noticia de lo ocurrido a su mujer embarazada le lanza al odio hacia quienes por negligencia le han encerrado ahí.

La historia tiene gancho y va de menos a más. Hasta Antonio Resines avanza como todos y resulta sumamente veraz haciendo de policía al que le gusta dar caña.

Y el personajillo negociador que termina dando su versión de los hechos no tiene desperdicio.

Es una película dura, que nos deja mal cuerpo, pero muy realista, afrontando un problema que tenemos toda la sociedad, pero al que hacemos la vista gorda porque no nos toca de cerca. Lo que pasa es que a este chaval le toca.

lunes, 2 de noviembre de 2009

El secreto de sus ojos, firme apuesta de Argentina para los Goya



Un caso policial marca los 25 últimos años de la vida de un hombre. Se trata de Benjamín Esposito, un funcionario de un juzgado penal argentino que ha trabajado de cerca en la causa Morales y que se involucrará en ella personalmente hasta límites peligrosos.
Cuenta con la ayuda de su amigo y compañero de trabajo, Sandoval y de su jefa, Irene, de la que está enamorado.

Nos vamos cambiando de tiempo.

Primero estamos en 1974, fecha en la que tiene lugar el asesinato y violación de una hermosa mujer recién casada. Espósito participa por su trabajo en las diligencias del crimen, pero es archivado y aún así él seguirá investigando, porque ha conocido a Morales, el marido de la joven violada y siente una gran pena por él conmovido por su gran amor.
El asesinato marcará la vida de estos dos hombres, ambos saben quién es el asesino, pero éste está protegido por el sistema penal argentino que lo utiliza en labores policiales
Espósito y Sandoval han emprendido una búsqueda de este violador siendo capaces de ir a un campo de fútbol para detenerle, y, sin embargo, es un hombre que está libre dado el amparo que el entramado judicial le brinda.

Después, en la actualidad, cuando Espósito ya se ha jubilado, decide escribir una novela sobre este turbio asunto, y eso le llevará a recomponer algunos eslabones de la cadena, sobre todo, después de visitar a un retirado Morales en una finca rural. Allí descubrirá el terrible desenlace del episodio que ha marcado su vida desde hace tanto tiempo.

La película nos adentra en el mundo de los juzgados, de los “doctores” o jueces, de los empleados penales de menor nivel, de las rencillas o distintos criterios que utilizan uno u otro auxiliares de la justicia.

También se habla de la amistad, como la que existe entre Sandoval y Benjamín, de cómo este último le recoge cuando el primero se emborracha y lo disculpa ante su mujer.

Y el amor es el plato fuerte. Benjamín ama a su jefa, Irene, pero parece que no es correspondido. Es un amor complicado, latente, pero no manifestado por parte de ella.

Con el paso de los años, el asunto Morales volverá a unirlos al evocarles momentos de una vida en común, en el aspecto profesional, pero también en el emotivo.

Gran película del cine argentino, basada en una novela de Eduardo Sacheri, con unos actores a un excelente nivel, estupendo Ricardo Darín, con una trama de gran interés y con un final impactante y que además te hace pensar en temas de más amplio calado social, como el funcionamiento del aparato judicial, la conveniencia o no de la pena de muerte, el cumplimiento de las condenas o el deseo que tienen muchos ciudadanos de tomarse la justicia por su cuenta.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Si la cosa funciona, o, la vida según Woody Allen



Después de una floja Vicky Cristina Barcelona, el genio de las gafas vuelve a meternos en sus obsesiones: el sexo, la atracción por las jovencitas, el ensalzamiento del “vivir el momento”, etc.

El actor Larry David es su alter ego en la pantalla y habla directamente al público de la sala delante de sus amigos para explicarnos su historia, la de un señor maduro que odia al ser humano porque considera que todos somos idiotas, aburridos, y con bajo coeficiente intelectual, a diferencia de él mismo, claro, que se considera un genio. Y eso es lo que le dice este hombre (Boris Yelnikoff se llama) a una joven que se encuentra en las puertas de su casa pidiéndole algo para comer, Melody. La acoge, la deja vivir en su casa y a pesar de dejarle claro que lo suyo es imposible porque la considera una paleta del sur, termina casándose con ella.

Posteriormente, cuando los padres de Melody vayan a Nueva York buscando, por distintos motivos, a su hija, todos cambiarán. Melody conocerá a un joven apuesto y dejará a Boris, su madre descubrirá que es una gran fotógrafa y vivirá un menage a trois, y su padre se dará cuenta de que siempre ha sido homosexual. El propio Boris, después de su segundo intento de suicidio, caerá encima de una vidente con la que también iniciará una relación. Todos juntos celebran el año nuevo, es decir, “un día más que les acerca a la tumba” y que según Yelnikoff no habría que celebrar.

“Si la cosa funciona, hay que aprovechar ese momento”, ese es el mensaje que parece querernos transmitir Allen, en poco más de hora y media.

Nos encontramos con el genio judío de las películas que le hicieron famoso y sus incondicionales estarán contentos. Los que no lo aguantan, no creo que la soporten mucho.

Personalmente, creo que es una lograda comedia, con diálogos inteligentes que arrancan nuestra media sonrisa en vez de la carcajada y con recursos que todavía hoy siguen teniendo su gancho, como el protagonista charlando con nosotros nada más llegar al cine.

Rebecca, la R omnipresente y la siniestra ama de llaves



R en los pañuelos, R en las sábanas, R en las mantas, R en la memoria del ama de llaves, R en todas partes.

Sí, la R de Rebecca está en todo momento presente en esta inolvidable película de Alfred Hitchcock

Cuando era un niño, al verla por primera vez, me impresionó. Y hoy todavía sigue impresionándome.

Es admirable la capacidad de este director para hacer que el personaje principal de la historia sea alguien a quien no vemos físicamente pero que está siempre en nuestra mente, igual que en la de la nueva Señora de Winter.

Joan Fontaine es una joven que se enamora de un aristócrata en Montecarlo, Maxim de Winter (Laurence Olivier). Y lo encuentra en un acantilado en actitud de arrojarse por él. A partir de ahí, inician una relación, un amor, que les durará hasta el final de la cinta.

Esta chica trabaja para una señora como acompañante pagada, una señora insoportable, que siente envidia de ella porque conquista al conocido e importante Sr. de Winter.

La primera parte de la película es el enamoramiento entre Joan Fontaine y Laurence Olivier en el sur de Francia. Deciden casarse en secreto allí e ir a vivir a la mansión de Winter, llamada Manderley, situada junto al mar, en Inglaterra.

El recibimiento en su nuevo hogar es impresionante, todo el servicio reunido. Y, ¡como no! la siniestra ama de llaves presidiéndolo todo.

Poco a poco, la joven esposa se da cuenta de que todo en la casa está conservado como si la antigua señora no hubiera muerto y se siente allí como criada en vez de cómo dueña de la mansión. Nosotros sabemos porque ocurre eso, por la Señora Danvers, o sea, el ama de llaves, que se empeña en mantener vivo el recuerdo de Rebecca, a la que adoraba.

Estamos deseando en todo momento que la chica se rebele e imponga su autoridad sobre la sirvienta, pero no lo hace. Ella se siente de una clase inferior, perdida en un mundo que no es el suyo y su marido tampoco contribuye demasiado a ayudarla.

La R de Rebecca, la antigua mujer, gana la partida en todo momento con la colaboración de la Señora Danvers.

Pero, ¿qué pasó en realidad con Rebecca? Se ahogó, esa es la versión oficial.
Luego descubriremos que eso no es verdad, que “el ser más maravilloso de la tierra”, como la llamaban, era en realidad un ser cruel insensible al amor, que engañaba a su marido con un presunto primo y que padecía un cáncer que iba a acabar con ella en unos meses.

Para enterarnos de todo esto, serán precisas unas cuentas escenas dramáticas y casi de terror, e incluso una investigación policial.
Cuando todo se ha sabido por fin, los amantes vuelven a Manderley, pero la Señora Danvers lo incendia porque no puede soportar que su Rebecca haya perdido la batalla y los nuevos casados vayan a vivir felices en el lugar donde la antigua señora reinaba a sus anchas y la sirvienta le peinaba con sumo gusto el abundante cabello.

Pero hay más, Rebecca no se suicidó, como podría pensarse, por padecer un cáncer, sino que intentó que Maxim la asesinara diciéndole que esperaba un hijo de su primo. Ocurrió un accidente, Rebecca se golpeó con unos herrajes y el Sr. de Winter metió su cadáver en el barco para hacer creer que se había ahogado.

Todo esto Maxim se lo cuenta a su nueva mujer el día que aparece el barco hundido con el verdadero cuerpo de Rebecca y a partir de ahí el amor entre ellos crecerá todavía más y afrontaran juntos la investigación policial que saca a la luz toda la verdad.

En suma, una enrevesada historia que nos mantiene en vilo toda la película, pero también muy pendientes de su desarrollo.

Hitchcock da muestras ya de ser un maestro del suspense y su forma de contar las cosas es única y muy personal.

Yo estaba deseando en todo momento que Joan Fontaine le diese dos bofetadas a la maldita y misteriosa ama de la casa, pero, claro, si hubiese ocurrido eso, ésta no sería una incontestable obra maestra.