domingo, 28 de noviembre de 2010

Zamora, tierra y hombres libres, una revolución venezolana



Ezequiel Zamora fue un líder revolucionario venezolano del siglo XIX, protagonista de la Guerra Federal, que proponía que la tierra era de quien la trabajaba, hizo la guerra contra los godos y apostaba por una sublevación campesina contra la oligarquía.

Zamora, tierra y hombres libres, la película de Román Chalbaud, hace una reconstrucción histórica de la figura del militar y revolucionario, uno de los hombres más populares del 1800 venezolano.

Figuras representativas de ese tramo de la historia de Venezuela aparecen en la cinta, el liberal Antonio Leocadio Guzmán, su hijo, el terrateniente José Antonio Páez, Monagas, o Juan Crisóstomo Falcón.

La causa de Zamora está clara desde el inicio. El quiere una Venezuela liberal, liberada de los terratenientes poseedores de la mayoría de las tierras del país sin haberlas trabajado, una revolución de los campesinos que les haga salir de la miseria. Su lucha es la lucha del pueblo contra las minorías elitistas que detentan el poder y la propiedad de la tierra.

Está claro que la revolución implica ascenso al poder, no podría entenderse de otra forma. Y Zamora va subiendo políticamente y también en su carrera militar. Los presidentes de Venezuela le temen, esa es la pura verdad, por su valor y por su carisma para arrastrar al pueblo y hacer de ese pueblo un ejército.

Tras muchas vicisitudes, Zamora llegará a la batalla final habiéndose creado enemigos dentro de sus propias filas, en su propio partido. La traición está servida. Y aunque su muerte fue un misterio, la versión de Chalbaud parece la más ajustada a la realidad.

Aunque en la película parece que al final tiene 60 años, lo cierto es que murió con 43.

El actor que le da vida es Alexander Solórzano, que construye un digno papel.

Se trata, en resumen, de una película histórica, quizá con no demasiados medios técnicos y de extras, por ejemplo, pero que te hace pensar en las Revoluciones, en sus líderes y echarle un vistazo a la historia de Venezuela. Algo diferente en estos días, lo cuál se agradece.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Talk Radio, hablando con la muerte, de Oliver Stone




Eric Bogosian hace el papel de su vida interpretando en esta película de Oliver Stone a Barry Champlain, un locutor radiofónico en Dallas, cuyo programa Talk Radio va a emitirse a nivel nacional.

Champlain es un comunicador poco habitual, tanto por las formas de expresión que usa como por las personas que acceden al programa para hablar con él. Suele tratarse de gente solitaria, que está algo mal del bolo, esa es la verdad. Desde antisemitas intolerantes hasta jóvenes travestidos, desde gente que le da las gracias por hacer ese tipo de radio hasta gente que le odia y le amenaza con la muerte. Si, Barry está hablando con la muerte, sin duda.

El ritmo frenético de la película es de lo mejor. Y Oliver Stone, aún partiendo de un escenario poco habitual en su filmografía, denuncia todo aquello que ya ha denunciado en otros films anteriores y posteriores, la decadencia moral del pueblo americano, la rabia de los grupos conservadores que no perdonan a nadie que no piense como ellos, la comunicación anónima como mejor forma de calibrar la opinión pública latente en una sociedad.

Y Bogosian es el jefe de la comunicación, es el director de orquesta, él va haciendo su programa sin importarle demasiado la opinión de sus superiores o la opinión de las mujeres que están cerca de él, su ex mujer y su nueva amante, su productora. Tanto es así, que no duda en humillar a su ex justo en el programa que puede darle el pase a una cobertura a nivel nacional.

Champlain no es muy mayor, pero ya sabe mucho de la vida, o, al menos, eso parece. Desde luego, sabe ser el centro de atención y además cuenta con los medios necesarios para ello. Corta las llamadas de quien no le interesa, lleva al plató a los oyentes que le da la gana en cada momento, y en fin, hace y deshace a su antojo. Esto, lógicamente, tiene sus peligros y se palpa una amenaza de muerte constante en el ambiente.

La enemistad pública que Champlain crea en la masa se advierte claramente en el acto de presentación de un partido de basket, dónde literalmente la gente no le permite hablar.

Todos quieren oír Talk Radio, a todos se les cae la baba con Champlain, pero de ahí a admitirlo va un trecho. Eso sólo se admite anónimamente oyendo o llamando al programa

Talk Radio es la temperatura de América y América parece estar a punto de explotar.

¿Cuánto aguantará Champlain (Bosogian) destapando las miserias de una sociedad que está perdiendo sus valores morales a pasos agigantados?

Vean Talk Radio, hablando con la muerte, de Oliver Stone y lo averiguarán.

martes, 16 de noviembre de 2010

Los ojos de Julia, excelente y moderno terror clásico




No entiendo algunas críticas negativas que ha tenido esta película. Porque se trata de terror del bueno. No sé si la gente piensa que una película es mejor cuanto más complicada de entender es. Y además, todos aquellos que la acusan de previsible, ¿estaban tan seguros de que la hija del vecino no era la sicópata invisible? Seguro que no. Y les recuerdo que cuando eso se descubre falta apenas un cuarto de hora para el final, si no me equivoco mucho.

Los ojos de Julia reúne todas las reglas del cine de terror clásico para hacer de ella una moderna obra de terror. Algunos dirán que se repiten los tópicos, pero es que ¿acaso no se repiten en una película que la crítica ha endiosado llamada Origen? (Y no es que tenga nada especial contra ella, sólo que, para mí, de obra maestra, nada).

Pero, seamos sinceros, ¿cuánto miras el reloj en Los ojos de Julia? Casi nada. Porque te atrapa de principio a fin, porque cuando se descubre quien es el asesino, el director, Guillem Morales, tiene la habilidad de crear tensión con escenas muy logradas (el cuchillo afilado ante los ojos de Julia, la cuerda que Julia conoce, la pantalla en negro cuando se despierta; la madre de Iván defendiendo a su hijo, la policía que no se entera). Todo ello crea ansiedad, incertidumbre, estrés, sustos y todo lo que requiere una película “de miedo”. Con otras cintas de este año, algunas muy alabadas, no sientes casi nada, ni te inmutas, y estás preguntándote cuándo va a finalizar. Y no voy a decir nombres, para no crear polémica.

Ojo con los ojos de Julia, que es magnífica en su género, y no hay que perder de vista que el terror tiene que ser lo que es, o sea, sobresalto, sospechas, sospechosos que dejan de serlo, nuevos sospechosos, intriga, oscuridad y pánico. Y quien no haya sentido esto con Los ojos de Julia es porque estaba enredando con sus compañeros de asiento o comiendo palomitas.

A ver, también dirán algunos que no pasará a la historia del cine, y probablemente es así, pero en su primer visionado el espectador está más inquieto en su butaca que con “Todo lo que tú quieras”, por ejemplo. Y mira que me gustó, y mira que es bueno el Achero, y mira que seguramente con los años su película se recordará. Pero una cosa es una cosa y otra es otra (me estoy luciendo con frases como ésta). Lo que quiero hacer ver es que la de Mañas es una obra de calado social y la otra una de terror que trata de eso, de dar sustos y mantenerte en vilo, aunque para ello utilice algunos efectos o trucos de cámara, digamos, recurrentes en este género.

Independientemente de todo lo que he dicho, no pretendo que estéis o dejéis de estar de acuerdo conmigo. Sé que hay gente que la critica mucho y gente que le ha gustado. Yo soy de los últimos, simplemente. Y tampoco debo ser tan bicho raro, por las cifras taquilleras de Los ojos de Julia.

Ah, y Belén Rueda está extraordinaria, hasta el punto de que se ha consagrado en este tipo de papeles. Claro, algunos dicen que se ha encasillado. Me rio yo de los encasillamientos de algunos actores que les proporcionan premio tras premio. Y, por Dios, ¿quién no se encasilla en el mundo del cine?

jueves, 11 de noviembre de 2010

La red social, película sobre el facebook y su creador, Mark Zuckerberg



Película sobre el proceso de creación de Facebook, dirigida por David Fincher, en la que está siempre presente la sospecha de la vulneración, por parte de Mark Zuckerberg, su creador oficial, de los derechos de propiedad intelectual de sus compañeros en la Universidad de Harvard, Divya Narendra, Cameron y Tyler Winklevoss, que lo denunciaron argumentando que lo contrataron para que acabase el código de su sitio de Internet, ConnectU, y Zuckerberg les birló la idea.

Sea como fuese, el caso es que hoy en día Mark Zuckerberg es uno de los millonarios más jóvenes del mundo, eso sí, después de varias demandas judiciales y de llegar a acuerdos de confidencialidad de mucha pasta con algunos de sus excompañeros.

La película comienza con una conversación entre Mark y su amiga Erica y ahí ya vemos por dónde va la personalidad del fundador de facebook, un tío frío, que habla de dos cosas al mismo tiempo, y cuyo objetivo es triunfar a toda costa. Mark y Erica discuten y Zuckerberg esa noche, con la cerveza en la mesa del ordenador, decide escribir en su blog que la chica es una “zorra”, meterse con el tamaño de sus tetas y humillarla. Y además crea una web con las fotos de las chicas de la Universidad en la que la gente puede opinar y elegir a la más guapa.

Todo se sucede muy deprisa y esta idea de hacer una web dónde la gente pueda tener su perfil y relacionarse, se irá perfeccionando en la cabeza de Mark Zuckerberg hasta la fundación de Facebook, la red social más conocida del planeta. El contará con la ayuda, ante todo, de su compañero Eduardo Saverin, quien pondrá el dinero inicial necesario para plasmar las ideas de Mark.

Siempre con excesos en las fiestas y el alcohol, estos jóvenes van avanzando en su red social y ampliando contactos, personales y económicos. Conocerán al creador de Napster, Sean Parker, que ampliará el negocio a otros continentes, pero que se presenta como una persona conflictiva, con problemas con las drogas.

Hay también una traición de Zuckerberg a su amigo Saverin, al que rebaja casi al 0 por ciento su participación en facebook, y lógicamente la correspondiente demanda de éste último.

Vemos, pues, que para hacer muchos amigos hay que ganarse algunos enemigos, lo cuál parece convertirse en el lema de “La red social”.

A mí la película se me ha pasado rápido y le he cogido cierta manía a estos jóvenes talentosos, cerebritos programadores, pero con mucho menos cerebro en su vida personal. Sólo Erica y la abogada parecen tener el valor para decirle a Zuckerberg que es un gilipollas, o que si no lo es, lo hace muy bien. Yo he pensado lo mismo mucho tiempo viendo La red social, justo hasta el final, cuando Mark intenta hacer un uso del Facebook acorde con su concepción original: hacer amigos y agregar chicas; dando por hecho que todo ello le proporcionará un montón de millones de dólares.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Pan negro, símbolo de la pobreza de posguerra




El pan negro es un símbolo de la pobreza tras la Guerra Civil, pero también de unas vidas complicadas y oscuras en un mundo predominantemente rural dominado por los señores.

En esta película, a ello se suman seres envueltos en sospechas de asesinato, niños que quieren crecer demasiado deprisa observando y analizando el comportamiento de sus mayores, mujeres sacrificadas por el amor a sus maridos, sean éstos de la tendencia política que sean, niñas traumatizadas por las circunstancias de la guerra, fascistas vencedores que aplican una justicia arbitraria, etc.

La secuencia inicial de Pan Negro es extraordinaria y extraordinariamente violenta. Creemos que los derroteros del film seguirán por este camino, pero se atenúan un poco.

Es una película muy ambiciosa en el sentido de querer apuntar a demasiados objetivos; a veces parece un thriller político, otras veces hay algo de destino mágico y trágico, en ocasiones se asemeja a una saga familiar; en fin, muchas pretensiones, algunas de las cuáles no llegan a culminarse.

No obstante, nadie puede negar el evidente interés de Pan Negro, avalado además por su éxito en San Sebastián, y por el libro en que se basa, una gran novela de Emili Teixidor.

Aunque está localizada en Cataluña, podría igualmente ser válida en cualquier otro contexto geográfico de esa época.

Un punto importante es que el peso de la trama recaiga en un niño, Andreu (Francesc Colomer), ya que su visión de las cosas se va transformando con el paso del tiempo, produciéndose una pérdida de inocencia , típica de la edad, pero agravada por los acontecimientos. Su padre, Farriol, pasará, en la concepción de su hijo, de héroe idealista, cuidador de pájaros, a villano, castrador de jóvenes afeminados.

Andreu no podrá perdonarle, ni siquiera una vez que ya está estudiando bachillerato de mano de los Manubens, la familia poderosa que le adopta, pasándole al pan blanco, pero que es la misma que en el pasado condenó a él y a su familia al pan negro.

El niño protagonista optará, al final, por una solución lo más práctica posible y pensará en él mismo y su futuro, adivinándose que sus estudios para médico le harán olvidarse de esa masía, un poco de pesadilla, de sus primeros años.

Khadak, la historia de un chamán en Mongolia




Centrada en las frías estepas de Mongolia, Khadak es algo más que una película sobre las formas de vida de los mongoles, y trasciende hasta convertirse en una confrontación entre la tradición y el futuro de los pueblos.

Bagi lleva una vida serena con su abuelo y su madre, cuidando los rebaños, pero cuando una oveja se pierde y él la encuentra, oyéndola en la distancia y sufriendo un ataque epiléptico, la chamana del poblado se da cuenta de que Bagi tiene un carisma especial y un destino, que es el de convertirse en chamán.

Su abuelo le advierte, en una escena preciosa en la que ambos están sentados bajo un árbol mientras atienden a las ovejas, de que luchar contra el destino trae mala suerte y le recuerda la historia de su padre, un piloto de avión que llevaba manzanas al pueblo, que se enamoró de la empleada de correos, su madre y que terminó falleciendo en un accidente de su avión.

Al poco tiempo, un convoy militar llega a la casa informando de que los animales de la zona están afectados por una epidemia que se contagia a los hombres y apremiándoles a abandonar la tierra, trasladándoles a una ciudad minera. Bagi tiene que abandonar a su caballo, al que despide en el árbol sagrado dejándole con una simbólica cinta azul en el cuello.

Los poderes de Bagi continúan en la ciudad, y también sus ataques epilépticos. Movido por su don, salva la vida de la joven ladrona de carbón Zolzaya, lo que le hace ser arrestado y condenado a trabajos forzados, junto con los amigos de la chica. Un nuevo ataque de epilepsia le lleva a un hospital dónde le diagnostican dicha enfermedad. Muy pronto, sin embargo, su sentido de la audición vuelve a despertar. Susurrando a través de las tuberías de agua oye los sonidos de los animales. Bagi trata desesperadamente de convencer a otros pacientes que pueden escuchar a los animales que siguen vivos. Nadie hace caso de sus gritos y él se coloca en régimen de aislamiento. Bagi, a continuación, se adentra en su primer viaje chamánico y se encuentra confrontado por la chamana en el contexto de una ciudad devastada y futura. Ahí es cuando nace un movimiento ciudadano de retorno a la antigua forma de vida, y cuando Bagi y Zolzaya vuelven a estar juntos.

Khadak es una película con imágenes poderosas y de gran atracción, en la que siempre se enfrentan la forma de vida tradicional de los mongoles, aferrados a sus animales, con las ciudades actuales y los bloques de edificios. A la epilepsia se contrapone el ser un chamán, al caballo la moto, a las carretas de ganado la excavadora gigante con la que trabaja en la ciudad la madre de Bagi. Es como una forma de reivindicar una antigua forma de vivir que se ha perdido con el tiempo.

Premiada en Venecia con el León del Futuro, con una mención honorífica en Toronto y en competición en Sundance, esta coproducción alemana, belga y holandesa, dirigida por Brosens y WoodWorth, del año 2006, es visualmente casi perfecta y una obra moderna que a veces se asemeja a un videoclip musical ubicado en no se sabe qué tipo de ciudad futurista.

viernes, 22 de octubre de 2010

Río salvaje, de Elia Kazan



Wild River, río salvaje, hace referencia al río Tennessee.

La película empieza con la declaración a la televisión americana de un padre que ante una crecida del río ha perdido a su familia.
Y es bueno que Elia Kazan centre ya el tema sobre el que va a girar la historia. Porque nuestro protagonista, Montgomery Clift, pertenece a la TVA, Autoridad del Valle del Tennessee, un departamento del gobierno que tiene que acometer modificaciones en el río y para ello tiene que expropiar algunos terrenos. Pero una anciana se niega a vender su propiedad, se niega a ser expropiada.

Montgomery Clift, como si de un explorador del siglo de oro español se tratara, entra en la propiedad de la abuela con la intención de convencerla de que desaloje, porque si no se verá enterrada por las aguas, ante la inminente construcción de un pantano. Pero lo que consigue Clift es ser lanzado al río por uno de los hijos de la señora.

Posteriormente, el menudo Clift volverá a intentarlo, hablando con los miembros de la familia de la mujer, y con los trabajadores negros de la misma. Y encontrará una aliada en Lee Remick, que es nieta de la anciana. Clift y Remick inician una aventura amorosa que le servirá al enviado de la TVA como intento de que la joven influya sobre su abuela.

La relación entre Clift y Remick es rara en todos los sentidos. Ella es una viuda joven que tiene ya un pretendiente, pero que lleva 3 años de viudedad sin tener sexo. Y él es un personaje peculiar por su aparente debilidad física y por una especie de conflicto personal, por una lucha consigo mismo sobre si quiere formar una familia o no.

Toda esta situación, ya complicada, se complica aún más porque Clift quiere emplear en los trabajos en el río a trabajadores negros y quiere pagarles lo mismo que a los blancos, lo que hace que se gane la enemistad de los terratenientes lugareños

Clift será “invitado” en varias ocasiones a largarse del pueblo, con alguna que otra paliza incluida, pero afortunadamente “no llegará la sangre al río” y el enviado de la TVA cumplirá su cometido de desalojar a la anciana, aunque, eso sí, con ayuda de las autoridades, y además terminará dulcemente su relación con Reemick.

Lo importante de la película es el enfrentamiento entre dos Américas, la del progreso, representada por Montgomery Clift, que en aras del bien general está dispuesta a acabar con los individualismos, y la América más tradicional, representada por la anciana, que antepone al interés general, su amor por la tierra dónde se ha criado y dónde ha dejado su “sangre”.

Como es de suponer, en 1960, que es cuando se rodó la película, lo que triunfa es la América del progreso, y queda magistralmente de manifiesto en la escena final dónde se ve a Clift y a Reemick, con los hijos de ésta, en un avión, dejando atrás la isla de la discordia que no quería vender su abuela, y topándose con el nuevo pantano que se ha construido.

This is the new America.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Todo lo que tú quieras, Dafne. Achero Mañas



Cuando un director empieza a entrar en lo que yo llamo Cine de Autor, la cosa va bien. Es decir, ese director está creando un estilo propio, una escuela, que le identifica y le distingue de la gran mayoría. Creo que Achero Mañas, con sus pocas películas, ya lo ha conseguido.

Y lo consigue con Todo lo que tú quieras, al proponernos una historia con múltiples preguntas y con múltiples respuestas en la que te metes de lleno.

Achero no habla sobre la homosexualidad, ni mucho menos, ni tampoco sobre el transformismo, sino que lo que quiere contar es, fundamentalmente, el costoso proceso de adaptación de los niños a los cambios repentinos en su entorno familiar, y los sacrificios que los padres están dispuestos a hacer para satisfacer a sus hijos: Todo lo que tú quieras, Dafne.

Bien es cierto, que también toca el tema de los distintos roles que tradicionalmente han ocupado la mujer y el hombre en la educación de los hijos. Y también, de pasada, el cómo ve la sociedad a un hombre que va por la calle vestido de mujer. Pero creo que no es el tema principal.

El padre de Leo, nuestro protagonista, (un sobresaliente Juan Diego Botto): dice que “por los hijos dejas de ser tú y renunciarás a ti mismo por ellos”. Y su hijo realiza esta máxima al cien por cien, desprendiéndose de todos los prejuicios que tenía hacia los “maricones de mierda” para hacer de la madre de su hija Dafne, pintándose los labios y poniéndose peluca y actuando de “mamá” para la niña.

Achero Mañas lo hace muy bien en esta historia, al colocar a Leo en un entorno profesional competitivo y, digamos, de tradición masculina, dónde los hombres son muy machos y se ve mal al viejo maricón que actúa en el teatro y que está liberado ya de todo y un poco de vuelta. Al final, Leo se hará amigo de este hombre, Alex –magníficamente interpretado por José Luis Gómez- y le pedirá ayuda para ser más acertado a la hora de imitar y transformarse en su mujer muerta.

Se está contraponiendo en esta película una forma de vida tradicional, representada por lo que antes era el núcleo familiar de Leo, con nuevas formas de familia que están surgiendo en nuestra sociedad, más que conocidas por todos. El padre es ahora también la madre al asumir tareas que normalmente realizaba la mujer y al intentar recoger el testigo de la sensibilidad y la renuncia infinita que el llamado sexo débil tiene por los retoños.

En fin, a mi modo de ver, Todo lo que tú quieras es una muy buena película y seguramente triunfará este año en las Galas de cine. Pero, sinceramente, si no lo hace, da igual, porque Achero ya ha conseguido conquistarme y entrar de lleno entre los directores de autor.

domingo, 8 de agosto de 2010

Origen, DiCaprio al fin logra ver la cara de sus hijos.



Es la faceta que más me ha gustado de Inception, la de la relación de DiCaprio (Cobb) con su mujer Marion Cotillard (Mal), una relación tan oscura que el protagonista no puede abandonar en sus sueños. Esa sí es una idea, un virus, que se le mete a DiCaprio en todas partes hasta que cuando acaba la película puede ver la cara de sus hijos.

Origen es una buena película de ciencia ficción con buenas dosis de acción, pero de ahí a ser la obra superlativa que parte de la crítica quiere hacer ver creo que va un tramo. Una película no puede ser una obra maestra cuando sus protagonistas están explicándose en casi todo momento, y también a la sala de cine, qué están haciendo.

Los sueños grupales inducidos por sustancias conducen a lo que quiere en este caso el director, Nolan. No voy a criticar eso, porque es muy libre de llevar la película a dónde el quiere y además es ciencia ficción.

Pero sí opino que es criticable, en el sentido de no ser muy novedoso, la idea de equipo dirigido por un líder carismático, muy del estilo americano, y las magnánimas escenas de acción en diferentes escenarios, furgoneta que se cae por un puente –caída que por cierto dura casi media hora-, montaña nevada con castillo tipo Drácula, playas dónde naufragan los protagonistas, etc.

El argumento es bien conocido ya: extracción de ideas en los sueños por un especialista, sueños que alcanzan diversos niveles, hijo de empresario con los típicos problemas de aceptación por el padre, y, lo mejor para mí, relación de amor conflictiva con sentimientos de culpa por parte del ladrón que actúa en el subconsciente, DiCaprio.

Hay buenas ideas en esta película, no lo voy a negar, e imágenes que parecen oníricas, gracias, sobre todo, a los efectos especiales, pero como obra existencialista se queda corta, y creo que será recordada sobre todo como una especie de Matrix, una buena película de ciencia ficción, con buenas interpretaciones.

sábado, 7 de agosto de 2010

Tirad sobre el pianista, segunda película de Truffaut




Charles Aznavour encarna al pianista Edouard Saroyan, que desde todos los puntos de vista es una persona sin suerte. Desaprovecha su primera oportunidad de ser feliz en la vida junto a su mujer porque hace justamente lo contrario de lo que está pensando y cuando da marcha atrás, su mujer ya se ha tirado por la ventana. Y en la segunda ocasión, no tiene suerte, porque los matones que persiguen a su hermano disparan contra su amiga, con la que parece dispuesto a vivir en un futuro. Además de todo eso, sus hermanos le complican la existencia metiéndose en negocios turbios de los que no pueden salir solos. En fin, sin duda Saroyan no es muy afortunado.

Aznavour da la talle en este papel, su físico es muy apropiado, delgado, tímido, representa al hombre que por los pelos no llega a ser un genio de la música, y, lo que es más importante para él, no consolida los amores con las mujeres que va conociendo.

Truffaut, a pesar del fracaso de este proyecto en la taquilla, me convence. Evoluciona desde “Los cuatrocientos golpes” para ofrecernos una historia más moderna, que envejece mejor que su ópera prima.

“Tirez sur le pianiste” mezcla el drama amoroso con el cine negro, y lo mezcla bien. La trayectoria de la película la hace interesante, se mantiene la tensión y esperas el final sabiendo que ahí se resolverá casi todo, pero disfrutando del desarrollo de la vida de este pianista, que ahora se hace llamar Charlie.

La lectura es que no hay tampoco una segunda oportunidad para Charlie, ni volverá a ser el pianista famoso que era, porque las circunstancias que le rodean se lo impiden y porque él no toma las decisiones adecuadas en el instante adecuado.

Cuando esta viviendo su “segunda existencia” tocando en un cabaret, su hermano Chico le pide ayuda perseguido por unos ladrones a los que ha birlado un dinero. Charlie le ayudará y a partir de ahí será objeto del seguimiento de los mafiosos, que incluso secuestraran a su hermano menor.

Cuando parece que encuentra el amor con Lena, a pesar de sus dudas iniciales, ésta será la víctima en la escena final, y ahí se desvanece su segunda oportunidad.

La primera, la que vivió con su mujer, acabó por la ventana, porque él no le perdonó la infidelidad que habría de darle el contrato por el que llegó a la fama.

Resumen de la película que demuestra que Edouard no ha tenido mucha suerte en ninguna de sus vidas.

viernes, 6 de agosto de 2010

A bout de souffle, Al final de la escapada, Sin aliento.



Han pasado 50 años del estreno de esta película, considerada como una de las obras claves de la Nouvelle Vague, y el debut de Jean-Luc Godard sigue conservando un aire fresco y un carácter innovador.

Sin aliento es una cinco estrellas en el mundo del cine, hasta el punto de que hay críticos que afirman que no se puede entender la evolución posterior del séptimo arte sin esta película. Quizá esto sea un poquito exagerado, pero no mucho, la verdad, porque es uno de esos films que no se te olvidan, y ello a pesar de que la historia sea simple, y los personajes se reduzcan a dos.

Jean Paul Belmondo y Jean Seberg dan vida a Michel y a Patricia. El primero es un ladrón que ha asesinado a un policía en su huida de Marsella a París, y la segunda una joven neoyorquina en la capital francesa que vende periódicos del New York Herald Tribune.

Michel es una especie de gánster admirador de Bogart. Siempre lo encontramos con un cigarro en la boca. Delgado, vestido con elegancia, roba coches no menos elegantes, con los que sorprende a Patricia. A él le gusta la chica, se han conocido hace poco, y parece que ella ha quedado embarazada. Patricia también cree sentir algo por Michel, quizá le atrae su misterio, el no saber nunca qué hace, aunque ella pueda imaginarse lo peor.

No hay mucho más qué contar sobre el argumento. El desenlace es algo que se adivina. Las cosas no pueden acabar muy bien. Michel busca un dinero que le deben, y anda bastante desesperado puesto que la policía le busca, como se encargan de recordarle los anuncios luminosos en los edificios de París y los periódicos. Quiere irse a Italia con la joven, pero ésta no parece decidida del todo, ya que como ella misma dice “quiere comprobar si Michel la ama”.

No obstante, al final, Patricia descubrirá hasta que punto Michel la ama, renunciando a irse a Italia y dejándose cazar por la policía, que ha llegado al apartamento en el que ambos están, avisada, ¿imaginan por quien?

Historia ágil, ligera, rápida, con diálogos inteligentes y divertidos, visualmente perfecta. Nunca se ha representado tan bien la estética de los años 60, desde el pelo corto de la Seberg hasta los trajes y corbatas de Belmondo.

La música está estupendamente acoplada, suena una clase de jazz que se modifica según el momento en que nos encontramos.

Parece ser que Godard rodó esta película estando en un estado bastante penoso económicamente, casi desesperado, y esa desesperación es la que traslada a su personaje, Michel, que se la juega a cada momento y es consciente de ello, por eso quizá aparenta calma.

La escena final, en la que Belmondo, va cayendo poco a poco después de haber sido tiroteado por la policía es un icono del cine, y bastante acertado me parece también que el ladrón moribundo utilice los gestos faciales que la pareja hizo suyos anteriormente y que representaban, para uno, la fealdad, para la otra, la belleza.

A mí Al final de la escapada me ha conquistado más por las formas que por el fondo, lo reconozco, pero es un disfrutar continúo, aunque sería ya una incuestionable obra maestra si además nos emocionará hasta arrancarnos alguna lágrima, cosa que no ocurre, seguramente por esa frialdad de los jóvenes amantes, que, desde luego, no son como Romeo y Julieta, aunque casi.

jueves, 5 de agosto de 2010

Apocalipsur



La película, de Javier Mejía, se llama así porque algunos jóvenes colombianos llamaron de esa forma, a los principios de los 90, a la situación existente en el país, azotado por el narcotráfico.

Considerada la mejor película colombiana del 2007, y casi una obra de culto, lo primero que llama la atención es la forma de hablar de los personajes, cerrado acento colombiano con el que te quedas pez, literalmente.

Se trata de cuatro amigos de veintitantos años embarcados en una furgoneta Wolskwagen en busca de otro amigo que viene de Londres en avión. Ellos van recordando su pasado, repleto de situaciones al límite, cocaína, alcohol y otras peripecias.

Aunque se ha dicho que intenta reflejar la situación y formas de vida de los jóvenes colombianos de clase media en la época de más muertos y desaparecidos en Medellín, lo cierto es que este tema se trata un poco de puntillas. Aquí se ve a unos tíos pasados un poco de todo, que son secuestrados, que se meten mucha droga, que buscan travestís, y que van en capa caída, utilizando unas formas poéticas decadentes para tratar de encontrarle un sentido a la vida y a la muerte.

Entre el grupo hay una chica que quiere al Flaco, el que viene del extranjero, pero que se lía con uno de sus amigos.

Si a todo ello se le une una iguana llamada “marihuana” que campa a sus anchas en el vehículo y que desencadena la escena final, tenemos Apocalipsur.

Creo que se intenta jugar, sin acierto, con la ausencia de El Flaco, quizá el líder espiritual del grupo. Pero el aire canalla que tiene toda la historia, no oculta el intento del director de sorprender con cada escena y también en los diálogos, cosa que, según pienso yo, no consigue.

Que el Flaco ha tenido que irse a Londres porque su madre es una juez amenazada por un capo de la droga, casi resulta al final lo menos importante, porque la película se queda con esta alocada forma de vida de sus amigos, anclada un poco en eso y sin trascender a otros significados.

En resumen, si tuviera que ir a verla otra vez, pediría, por favor, que pongan en letra pequeña la traducción de lo que dicen, porque, claro, si cada tres palabras, te encuentras un taco colombiano, con la entonación de aquel país, casi no te enteras de nada, al menos yo.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Los cuatrocientos golpes, de Truffaut



Este niño sin duda hace bien lo de "darse los cuatrocientos golpes", más que nada porque su rebeldía se antoja a veces un poco sin justificación, sin causa, lo cuál lo relaciona con James Dean cuando tiraba piedras a una casa blanca, adelantándole en edad no obstante.

La película, la primera de Truffaut, tiene interés por el empleo de un lenguaje cinematográfico novedoso para la época y porque se ha considerado posteriormente una obra cumbre de la Nouvelle vague.

El muchacho protagonista se reivindica como un ser conflictivo dentro de su sociedad, faltando a la escuela, mintiendo a sus padres, robando máquinas de escribir, yéndose al cine o a las ferias en vez de a clase y desafiando, un poco, a su profesor.

Su compinche, un compañero de colegio, es algo más refinado, sin duda porque proviene de una clase social un poco más acomodada.

Las peripecias del intérprete principal, Doinel, lo llevarán a un correccional o reformatorio, del que huye para cumplir uno de sus sueños, ver el mar.

¿Por qué se considera esta película una obra destacada del cine francés? Además de obtener el premio de Cannes al mejor director, Truffaut, en 1959, creo que la razón es la contraposición constante y sutil que siempre existe entre el niño rebelde y una sociedad anclada en un régimen rígido en los valores que, a pesar de ello, empieza a hacerse menos tajante, en parte por el surgimiento dentro de ella de otros modos de familia, de otros puntos de vista, como se representa magistralmente con la situación familiar de Doinel, con madre soltera, después casada, y que tiene un amante ocasional.

Se habla de un cine culto o intelectual, quizá con excesiva bondad, porque, al fin y al cabo, el director francés nos cuenta en su debut una historia más de un niño rebelde, inadaptado, vago y ladrón, que no quiere ir a la escuela y que disfruta con un libertinaje más que con una libertad, tema que en los años 50 quizá fuese muy peliagudo, pero que en 2010 ya no se ve como algo tan peculiar. No quiero yo, Dios me libre, decir que esta peli no sea original, pero sí que, a mi modo de ver, ha perdido frescura con el paso del tiempo.

jueves, 3 de junio de 2010

El Papá de Giovanna, una familia en conflicto



Ambientada en Bolonia, esta película italiana del director Pupi Avati profundiza en las relaciones familiares, mostrando las diferentes actitudes que ante una hija puede tener su padre y su madre.

Giovanna es una joven de 17 años sobreprotegida por su padre y, en cambio, casi ignorada por su madre, Delia. Ésta nunca ha estado enamorada de su marido, sino de un amigo y vecino policía, y además considera que su hija tampoco se preocupa de ella.

Giovanna está creciendo sin el apoyo de su madre, lo que le hace ser una chica insegura, y comete el asesinato de una amiga de la que se siente celosa, al creer que le quita a un compañero de clase.

El papá de Giovanna mezcla esta dramática historia con el escenario de la guerra y la dictadura fascista de Mussolini, que agravará la situación de la familia.
Giovanna se salva de la cárcel, pero es considerada enferma mental por el juez, acabando en un hospital siquiátrico, dónde recibirá únicamente las visitas de su padre, mientras que su madre Delia consumará su amor con el vecino, con la aquiescencia de su marido, que se vuelca en el cuidado de su hija enferma.

Pasados los años, Giovanna saldrá del siquiátrico y se reencontrará con su madre en un cine. Esta vez, sí, Delia decide volver con padre e hija, después de que el hombre de su vida, el vecino, haya fallecido fusilado por los antifascistas al finalizar la guerra.

El verdadero protagonista es el padre, que es capaz de hacer todo por su hija, a pesar del acto criminal cometido por Giovanna. Hay detalles peculiares, como el gesto de llevarle al siquiátrico, los guantes negros de su madre, que la hija considera signo de elegancia. Ahí se evidencia la necesidad que Giovanna ha tenido siempre del amor de la madre, por la que se siente de alguna manera traicionada, ya que desde siempre Giovanna ha detectado el amor “invisible” entre el vecino y Delia, invisible únicamente para su padre, claro.

En definitiva, se trata de una película que trata de tocar muchos temas, centrándose principalmente en el afectivo-familiar. Se ve con bastante agrado, no se hace pesada, pero, desde luego, no será recordada como una obra crucial del cine italiano contemporáneo.

domingo, 30 de mayo de 2010

Déjame entrar, una lección de sensibilidad y amor

Extraordinaria película que toma una base mágica para hablarnos de la realidad del mundo de los sentimientos.

Nuestros protagonistas son dos adolescentes suecos en busca del amor que reafirme su existencia y su futuro. Oskar es un niño de 12 años que conoce a una extraña joven que llega a su bloque de edificios, Eli. Y ambos comienzan una historia de amor. Lo particular de todo esto es que Eli es una chica vampira, de ahí la parte mágica o irreal.

Pero esta película no tiene nada que ver con las típicas películas americanas juveniles sobre el tema, sino que habría que emparentarla más con la visión romántica del vampirismo de algunas obras del cine clásico. Y aún más, las supera al centrarse en un tiempo actual y al rezumar sensibilidad en cada fotograma.

La nieve que rodea a Oskar y Eli, el frío, la incomunicación en que ambos personajes se encuentran al principio crea un ambiente único. Y en medio de ello, surge el amor.

Ayúdame y te habré ayudado, déjame entrar y ayudarte, es algo que podrían decirse mutuamente nuestros enamorados.

Se trata de una versión de Romeo y Julieta en otra época y en otro tiempo, con otras circunstancias, y con hándicaps diferentes para que la relación funcione. Aquí no hay una oposición de las familias, hay una terrible enfermedad de Eli, ella es vampira y necesita la sangre.

Que el amor nos da fuerza a los seres humanos queda de manifiesto en Déjame entrar. Y que hay que amar por encima de los defectos del amado también.

No se trata de una película de vampiros, se trata de una película de sentimientos, del amor, de la soledad en la que estamos sin amor y de cómo mejora nuestra vida con él.

domingo, 2 de mayo de 2010

Ciudad de vida y muerte, la masacre de Nankin




Esta película ofrece una versión de la masacre de Nankín de 1937, hecho real de la Segunda Guerra chino-japonesa en el que un gran número de personas de nacionalidad china sufrieron crímenes contra la humanidad por parte del ejército nipón que había entrado en la ciudad el 13 de Diciembre.

La cifra de víctimas parece que se fijó en unas 100.000 y el hecho fue juzgado por los tribunales internacionales, siendo considerado por algunos sectores como el nacimiento del nacionalismo chino, y por parte de los japoneses una cruzada mundial en contra de su país.

Partiendo de esta atrocidad, el film, de excesiva duración, con un buen blanco y negro, trata de hipnotizarnos con imágenes muy fuertes, y con sonidos igualmente contudentes (los disparos suenan muy potentes en la sala de cine).

Creo, no obstante, que a veces se hace pesado, y es como que el director ha confiado demasiado en su material pensando que con poco más ya tendría asegurado el éxito. No obstante, a pesar de los premios recibidos, creo que el hecho de tratarse, más bien, de una película coral, con muchos personajes, le resta cierto interés, quizá hubiese sido más acertado introducirnos en una sola historia dentro de esa masacre para concentrar la atención.

Cercana a la Lista de Schindler en algunos aspectos, esta película de guerra incide en los hechos abusivos que el invasor suele realizar sobre el invadido.

Para mí, lo mejor de la película es el final, cuando uno de los oficiales que ha cometido todo tipo de aberraciones, decide ser justo consigo mismo, además de liberar a dos prisioneros que salen andando incrédulos por el campo, jugando con las flores y pellizcándose para creerse que realmente están vivos y tienen una vida por delante, es el pueblo chino que camina ante un sol radiante libre de la tiranía de su opresor y al que le espera un futuro, en teoría, prometedor.

miércoles, 7 de abril de 2010

El escritor, de Roman Polanski



La imagen de Estados Unidos no queda muy bien parada en esta película de Roman Polanski, ya que el país más poderoso del mundo extiende sus tentáculos de modo avasallador e influye en la política de sus amigos británicos.
Tal es la historia que cuenta el director franco-polaco, autor de obras tan bellas como El pianista.

Aquí, Polanski se desenvuelve de fábula en el suspense, y de hecho, ya ha sido así en otras muchas de sus creaciones, como La semilla del diablo, o Repulsion.

“El escritor” cuenta entre sus grandezas con el escenario en donde se desarrolla. Centrar la historia en una isla perdida, lluviosa y medio abandonada es un punto a favor.

El argumento es sencillo en teoría: escritor que tiene la oportunidad de ser biógrafo, nada menos, que del expresidente de Gran Bretaña, papel interpretado por Pierce Brosnan.

Ewan Mcgregor es el escritor y creo que su personaje se nos queda, su mirada inquieta, su capacidad para investigar o ser un metomentodo sobresale. Por acostarse, se acuesta hasta con la mujer del político. Por merodear por la isla, lo hace hasta meterse en la cabaña de un anciano que le da pistas. Por echar un pulso con la CIA llega hasta el chalet de Paul Emmett. En fin, si alguien se arriesga es El escritor.

Pierce Brosnan está estupendo como presidente Adam Lang, se nota que está en la política por su atracción por el sexo opuesto y que se deja llevar una vez y otra también por su mujer, unida a la causa americana.

Todo esto lo vamos descubriendo a medida que se desarrolla la peli. La tensión va a más, el misterio crece. Y como es muy típico de Polanski, es al final cuando se resuelve todo con una frase clave: La solución está en los principios.

Memorable escena de cierre con el manuscrito volando por los aires y un coche a toda velocidad. La cámara se queda en otra panorámica y ya no sabemos más, lo intuimos, eso sí, y la intuición con este director es lo que cuenta

sábado, 27 de marzo de 2010

Todo lo demás, anything else



La vida es como todo lo demás, le contesta el taxista al protagonista de esta película, Jerry.

En Todo lo demás es Christina Ricci la chica Allen, Amanda. Y lo hace bien, su personaje inmaduro con un acentuado ardor sexual se te queda en la retina.
También el de Jerry, ese chico que piensa demasiado en quedar bien con todo el mundo, ya sea con Dobel, ese maestro que conoce y que le da consejos en su vida, algunos como el de comprarse varias armas para defender su casa, ya sea con su representante, Danny de Vito, y sobre todo, con su novia, Amanda, que le engaña con la excusa de que necesita saber si se ha vuelto frígida.

Todo lo demás es una recomendable cinta de Allen. Nos mete de nuevo el creador judío en su mundo, tan variado, pero a la vez asentándose siempre sobre unos mismos esquemas. Variado en cuanto a los personajes, siempre repletos de vidas interiores muy ricas. Pero inmovilista en cuanto a los temas que le preocupan, lo cual es lógico porque los temas que le preocupan a Woody son más que trascendentes, el sexo, la muerte, en definitiva, la vida.

Buena nota le doy yo a Anything else. En el 2003 la Nueva York de Allen sigue pareciéndome interesante, creativa y apasionada, y se nos muestra un mundo moderno en el que el amor a primera vista no funciona siempre, o no dura demasiado.

Porque Jerry se chifla por Amanda desde que la ve, les interesan las mismas cosas, y dejan sus relaciones para estar juntos y hacer el amor en hoteles, ya que según Amanda resulta más ilegal. Con el paso del tiempo, Amanda ya no quiere hacer el amor con Jerry y éste se lo dice a Dobel (Allen) que le consuela con la siguiente frase: “Hay miles de chicas que querrían acostarse contigo, o, al menos, una, emborrachándola bien.”

No hay pocas de éstas frases en la película. El guión me parece de notable.

Y todo termina como yo quería. Jerry se va de esa Nueva York que le está impidiendo crear como él puede y que le está atando por todos lados. Dobel le da la llave para salir de ahí y seguir creciendo en su vida. Sólo que él no le acompaña, porque ha matado a un policía que se le ha puesto chulo. No podía ser menos.

domingo, 21 de marzo de 2010

Celebrity, un paseo por las celebridades



Woody Allen dispone en Celebrity de un elenco de actores famosos para meternos directamente en el mundo de la fama. Esta vez es Kenneth Branagh el alter ego de Allen, es como si el genial director hubiese querido ponerse más guapo para entrar a seguir a los famosos de Hollywood, pero sin perder ninguna de sus otras características, o sea, hablar tartamudeando y sin parar.

Pero es que no sólo está el guapo Branagh, también está Leo Di Caprio, y hay mujeres espectaculares como Melanie Griffith, Winnona Ryder y sobre todo, Charlize Theron, en un papel de modelo vampiresa que pone a mil a Kenneth (Lee Simon).

Lee es un periodista que escribe sobre famosos, y que es testigo de sus vidas. Así, por ej, con Theron se estrella en un coche, con Di Caprio, que hace casi de si mismo, se va en avión y tiene sexo en grupo, y con Ryder se enamora para desenamorarse después.

Celebrity se centra en la vida de Lee y en la de su exmujer. Nos enteramos de que han roto por infidelidades de él. Mientras Branagh va hacia abajo en su vida sentimental, su exmujer conoce a un importante personaje televisivo que le hace ascender profesionalmente y con el que se casa, intrigándonos antes al abandonar la boda momentáneamente para visitar una vidente que le corrobora que debe casarse.

Rodada en blanco y negro, Celebrity se sigue bien, pero no es de lo mejor de Woody Allen en cuanto a originalidad y no es una obra deslumbrante, aunque sí es un buen instrumento para hacernos ver los privilegios de las celebridades respecto al resto de mortales, sus vidas algo desordenadas en general, sus luces y sombras. Y además Allen nos manda, como siempre, un mensaje: el éxito en las relaciones de pareja depende de la suerte.

domingo, 14 de marzo de 2010

Desmontando a Harry, desmontándonos.



Desmontar a Harry no es tan diferente de desmontar a cualquier ser humano actual.
¡Por Dios!, dirán muchos. “Yo no voy con prostitutas, yo no engaño a mi mujer, yo no me meto en esos líos, a mi no se me ocurre ir con un muerto, una fulana negra vestida de rosa, y mi hijo secuestrado, a la universidad dónde me van a dar un premio, yo soy más serio”.

Pues, bien, yo creo que no, yo creo que todos tenemos mucho de este Harry putero, infiel, inseguro, promiscuo, y que odia la rigidez de la religión, todos estamos un poco bloqueados en algún momento de nuestra vida y no sabríamos, desde luego, de qué escribir, qué historia contar, a no ser que fuera de nuestro propio personaje.

Claro es que Woody Allen va más allá y utiliza a Harry y sus creaciones para ahondar más en los temas que siempre le han interesado: sicoanalistas, mujeres, relaciones, proceso artístico-creativo, clase intelectual; en fin, ¿por qué no decirlo? cualquier cosa en la que participe un ser humano con inquietudes.

El peso de lo autobiográfico también se observa en Desmontando a Harry, su procedencia judía es también revisada, desmontada, desde el momento en que hace una crítica feroz, a través de Demi Moore, del exceso en el seguimiento a reja tabla de la religión.

Y lo de echarse una canita al aire, parece que no está tan mal, porque al fin y al cabo no engañas a tu mujer. Eso parece querer apuntar Allen. O igual es una impresión mía. La vida es breve y según el infierno que pinta Woody, haríamos bien en aprovechar el tiempo, porque, chico, no es tan grave ese infierno, Billy Cristal se está tomando una copa en un buen despacho, rojo y negro, claro, y él, que es el diablo, dice que se encuentra bastante bien allí.

La mujer de Harry se pone muy celosa e histérica cuando descubre su infidelidad, hasta el punto de que asusta a su paciente con sus alaridos y Harry intenta justificarse una y otra vez: ponerle los cuernos con veinte mil no es para tanto (ver esta escena en el vídeo, please)

Todos, sus amigos y sus personajes inventados, terminarán aplaudiendo a Harry. En el fondo, es un muchacho excelente.

Los santos inocentes, no matar a la "milana bonita"



A veces el ir mejor vestido, más limpio, comer mejor y tener más tiempo libre para emplearlo, por ejemplo, en la caza, no implica que se esté más cerca del cielo, si es que existe, ni que se sea más inocente, un santo inocente. La inocencia puede estar en la otra acera, la de los pobres, retrasados mentales, criados, sucios, que llegan, incluso, hasta orinarse en las manos para que no se les agrieten.

¡No me toques a mi milana bonita!, no lo hagas o, te puede pasar lo que le pasa al señorito Iván.

Los santos inocentes se convierte en una obra cumbre de la literatura española, por medio de Miguel Delibes, y del cine español, a través de Camus.
Centrada en un cortijo extremeño, se nos habla de dos Españas diferentes, la España rica, la de los señoritos del cortijo, la España pobre, la familia de Paco el Bajo, los criados.
El señorito Iván representa el papel del cacique, Paco el Bajo el del hombre honesto, criado de los ricos, que es feliz sirviéndoles porque es tan buena persona que se cree que Iván de alguna forma le quiere. Craso error. El señorito sólo se quiere a si mismo. Y sólo se preocupa por la caza para hacerse el grande delante de ministros y embajadores.

La crueldad de la clase superior, el trato inhumano que tiene con sus siervos, es reflejado magistralmente en esta película. El final del señorito Iván lo estamos deseando todos y si se produce de la forma que se produce aún mejor. Sentimos un alivio, el cese de una opresión que casi hacía que nos doliera el pecho

Los que hemos nacido y vivido en el mundo rural y hemos trabajado para otros aún somos más conscientes de las cosas que quieren denunciarse aquí.

La clase superior, los propietarios del cortijo, no son en modo alguno ningún ejemplo a seguir. Pedro, el administrador, se resigna a la infidelidad de su mujer con el señorito Iván para conservar su trabajo y su posición. El señorito Iván es un ser despreciable y déspota con todo el mundo e incapaz de pensar en el dolor ajeno, lo que se demuestra cuando Paco –Alfredo Landa- sufre un accidente al hacer de “secretario” de caza para él. En ningún momento, se preocupa por la pierna de Paco, sino únicamente por el hecho de que pierde a su mejor oteador y rastreador de caza. Pura, la mujer del administrador, -Agata Lys- se lía con el hombre más poderoso, y más joven.

La clase inferior, en cambio, sí que está llena de virtudes y valores humanos, que llegan al máximo nivel con Azarías, el cuñado retrasado mental de Paco. Azarías es un amaestrador de pájaros, de la Milana bonita, y cuida a la niña chica como si de uno de sus pájaros se tratara. También la Régula, la mujer de Paco, cuida a su hermano con la mayor paciencia que puede. Y sus hijos, inteligentes, se dan cuenta de que tienen que abandonar ese mundo caciquil y emigrar a la ciudad a trabajar para dejar de estar sometidos a un señorito.

Los santos inocentes es una película que impacta ante todo por su final, es el momento de la venganza, pero a la vez el del equilibrio, el del ajuste de cuentas justo y necesario

Todos los actores están muy bien: Juan Diego como el señorito Iván, Terele Pavez, como Régula, Agustín González en el papel de Pedro, y especialmente, Alfredo Landa como Paco el Bajo y Paco Rabal de Azarías. Estos dos últimos inolvidables. En el caso de Rabal, su forma de correr no se olvida, sus ropas no se olvidan, sus dientes no se olvidan, su forma de decir milana bonita no se olvida. En el caso de Landa no se olvida fácilmente la escena en la que olfatea el recorrido de una presa de caza. Por eso los dos se llevaron el premio en Cannes en 1984.

Ahora, que está reciente la muerte del escritor Miguel Delibes, RTVE ha aprovechado para deleitarnos con esta obra maestra de nuestro cine. Y personalmente he disfrutado mucho con esta película de la transición, sobre todo con su desenlace.

martes, 9 de marzo de 2010

Precious, tú sí que vales.



Precious sueña que es una estrella de cine paseando por la alfombra roja, que hace números musicales repletos de glamour con vestidos llamativos y coloristas, hasta que un grito de su madre la devuelve a la realidad: “Hija de puta, te crees que en la escuela vas a sacar algo, te tengo dicho que vayas a los servicios sociales”.

“Cada uno aprende del otro”, lema de la escuela alternativa, que le sirve a la adolescente Precious para encontrar un sentido a su triste vida. Nadie le quiere, desde luego, su madre, no, su madre, que administra su pensión, que sólo se preocupa de comer y ver la televisión, y de insultarla, desde luego, no.
Y su padre, menos, su padre ausente que la ha violado desde que tenía tres años con el consentimiento de su madre, tampoco.

Precious va ya por su segundo hijo. Precious, ¿estás embarazada?, le pregunta la directora de la escuela pública. Precious no contesta. Y es expulsada y derivada a la escuela alternativa, dónde, afortunadamente, se topa con una buena profesora, lesbiana, pero buena, y con unas chicas peculiares al máximo, pero que al final terminan apreciándola y queriéndola.

Precious es obesa, es negra, tiene 16 años y 2 hijos de su padre, y encima unos análisis le llevan a una nueva situación trágica. Y, sin embargo, Precious continúa luchando por encontrar la dignidad en este mundo que se lo ha negado todo.

A veces, cuando tu familia te putea, son las instituciones públicas, la gente anónima, la que te apoya, la que te quiere, la que se interesa por ti, la que te hace desarrollar tus cualidades. Eso le está pasando a Precious.

Magnífica película, Precious ha obtenido unos cuantos premios merecidos, pero independientemente de esto, su personaje no se olvida, es una chica con fuerza a pesar de todas las vicisitudes negativas que le plantea la vida y nos enseña a todos que hay que seguir luchando, que hay que seguir viviendo aunque te caigan chuzos de punta, el suelo se abra a cada paso que des y estés pisando en un terreno lleno de minas que explotarán en cualquier momento.

Precious, tú sí que vales, tú sí eres preciosa.

sábado, 6 de marzo de 2010

"Un profeta" llamado Malik


Las cosas como son. Lo verdaderamente bueno de esta película es la primera hora, porque la siguiente hora y media baja el interés y la tensión. En esa primera hora ocurre, a mi modo de ver, lo mejor, el ingreso del joven franco-árabe Malik a la prisión, el sometimiento obligatorio de éste al clan de los corsos dirigido por César Luciani y la superación de la prueba crucial del asesinato de un enemigo incómodo para el viejo César.
Después, la ascensión de Malik al poder es tratada de una forma más similar a las películas americanas de mafias y hay, incluso, un cierto lío y confusión porque el erigido como profeta es demasiado ambicioso y está metido en demasiados caldos.Así que creo que se han exagerado de alguna forma las virtudes de “un profeta” o que ha recibido excesivos elogios.

Resulta que este año las películas triunfadoras en el cine español y en el cine galo han sido dos películas ambientadas en la cárcel. Pero así como Celda 211 va de menos a más, Un profeta sigue el itinerario opuesto. La peli de Monzón resulta más creíble a medida que avanza, mientras que la de Audiard va perdiendo credibilidad en su segunda parte.

No obstante, aunque no me ha entusiasmado, “Un profeta” me ha gustado, tengo que reconocerlo. Lo que más me interesa de ella es la “relación paterno-filial” que se crea entre Malik y César, una relación de abuso en toda regla, como la que muchos padres tienen con sus hijos. César es el jefe en la cárcel de Malik, pero también es casi como su padre, un padre déspota, dominante, egocéntrico e insoportable, pero un padre
Y otra idea original de Un profeta es la “visión”de Malik de su víctima, que le acompaña en toda su estancia en la penitenciaria. Estremecedora es la escena en la que el joven le dice a su aparecido: “Tápate eso tan feo”, refiriéndose a la herida en el cuello que le ha causado la muerte.

En fin, en mi opinión, Un profeta es una buena película, pero no el peliculón que algunos han pretendido hacernos creer. Y no sé quién ganará el Oscar a mejor película de habla no inglesa, pero creo que La cinta blanca tiene más números.

jueves, 4 de marzo de 2010

En tierra hostil, la desactivación de explosivos como droga



Para el personaje principal de En tierra hostil, el sargento James, la desactivación de explosivos en la guerra de Irak es una droga. Lo que le hace un personaje muy peculiar, la verdad, y le convierte además en lo que se da en denominar entre los mandos militares un valiente. Realmente, se trata de alguien temerario, y no es de extrañar debido a su profesión. Y digo profesión, porque él se toma la guerra como una profesión arriesgada y hay profesiones de las que las personas se hacen adictos.

Y aunque se ha dicho que esta película es una película sobre la guerra, yo diría más bien que es una película centrada en el escenario de la guerra. Y en un cuerpo de élite. No creo que la mayoría de soldados estadounidenses en Irak hayan sufrido la tensión que tienen nuestros protagonistas.

Dejando estas pequeñas puntualizaciones de lado, En tierra hostil, o The hurt locker, que parece va a ser la gran triunfadora en los Oscars, posee grandes virtudes cinematográficas. Posiblemente, para empezar, es la mejor película americana basada en la guerra de Irak, superando a En el valle de Elah. Pero además nos introduce en un mundo, en una tierra, extraña, inhóspita, donde los soldados americanos de este cuerpo de desactivación de explosivos se juegan la vida a cada instante y son amenazados por múltiples ojos que acechan en cualquier ventana, por cualquiera que posea algo que pueda ser un detonador.
El suelo puede levantarse ardiendo, una bomba puede explotar debajo de un coche, o en un montón de basura, o un niño puede ser una bomba humana, puede haber terroristas suicidas que no lo son tanto, o si estás en medio del desierto puedes sufrir una encerrona que te cueste la vida.

El sargento James (Jeremy Renner) tiene madera de héroe, es un ser humano que no se plantea que se juega la vida en cada misión, y además sus métodos son directos, lo cual causa la extrañeza y la desaprobación, a veces, del resto del equipo. Pero su valor está fuera de toda duda.

The hurt locker es una película que te mantiene en constante nerviosismo, nunca sabes qué puede pasar. Eso es, desde luego, un logro, porque hace partícipe al espectador de la incertidumbre que sufren los soldados.

Todos, los artificieros, y el público de la sala, estamos en una tierra hostil, ese Irak que casi se convierte en un mundo apocalíptico donde lo importante es solo sobrevivir un día más, un instante más.

Escenas bélicas las hay buenas en el film, pero para mí la mejor es la de la emboscada en el desierto, ahí es dónde James se convierte en el líder del grupo enseñándole a Eldridge cómo se limpia la munición ensangrentada y dándole un zumo a Sanborn después de deshacerse de un enemigo. Todos nos quedamos como estos soldados, paralizados, y preguntándonos si habrá algún iraquí más entre las sombras de la arena desértica.

Decir también que cada vez que James se pone su traje galáctico se nos enfatiza la idea de encontrarnos en un mundo díficil y arriesgado, es un traje como de astronauta pero los adversarios no son extraterrestres sino iraquíes que parecen ropa tendida en una azotea, sábanas que se mueven peligrosamente, que se agitan en el viento.

Parece justificado que estos “valientes” tengan que recurrir al alcohol y los juegos casi autodestructivos en su tiempos de asueto. Porque cuando trabajan, no saben cuanto tiempo más pueden estar vivos.

domingo, 28 de febrero de 2010

Delitos y faltas, un maduro Allen



El cartel de esta película es sumamente aclaratorio. En él podemos ver a Martín Landau (Judath) y a Woody Allen (Cliff) en la escena final, tomándose unas copas y contándose parte de sus penas. Y digo que es aclaratorio porque estos dos personajes son los protagonistas de la historia, ganador y perdedor juntos al final expresándose sus propias miserias con la excusa de dar una idea para un guión de una película.

La línea argumental de Delitos y Faltas se sustenta en las experiencias vitales de Judath y Cliff. El primero es un oftalmólogo de prestigio que ha tenido una amante de la que está harto y ante las amenazas de chantaje de ella decide quitársela de en medio, así, literalmente. Cliff, en cambio, está también harto de su matrimonio, y en general, de su vida, conoce a Halley (Mía Farrow) por la que siente un fuerte deseo pero no llega nunca a consumar nada con ella, entre otras cosas porque ésta prefiere enzarzarse con Lester, el triunfador cuñado de Cliff.

Mientras que Judath opta por el asesinato y encarga el trabajo a su hermano, Cliff espera a Halley, que se va a Londres a rodar, y cuando vuelve ya está liada con su peor enemigo, su prepotente y famoso cuñado Lester (Alan Alda)

En Delitos y Faltas Woody Allen se sirve de uno de sus mejores y más sólidos guiones para hablar de temas vitales como la religión, la moral y ante todo los sentimientos de culpa por nuestras malas acciones. Judath, que se debate en una lucha interna con esos sentimientos de culpa, al final decide librarse de ellos para ser feliz y seguir con su vida de prestigio y dinero. Cliff, que tiene mas claro lo que está bien y lo que está mal, es sin embargo un infeliz porque no consigue el amor de la mujer que quiere ni el éxito profesional –es un fracasado director de documentales- mientras que su cuñado Lester es un reconocido productor de comedias.

Como siempre, Allen intenta dejarnos un mensaje personal sobre los temas de los que habla, en este caso, la moral, y parece decirnos que aunque la sociedad te considere, aunque tú mismo te consideres, un perdedor, seguramente tu conciencia estará más tranquila que la de muchos ganadores que nunca sabremos lo que han dejado atrás para triunfar.

En resumen, Woody Allen nos deja una obra madura, muy alejada de sus primeras películas humorísticas, con esta reflexión moderna de un tema muy antiguo de la humanidad, el pecado, el delito, la falta.

viernes, 19 de febrero de 2010

Zelig, camaleónico y sobresaliente Woody Allen




Sin palabras me he quedado después de ver Zelig, bueno, sólo una palabra: genial.

Hasta ahora pensaba que Annie Hall era lo mejor de este director, pero no, veo que no, y seguramente, conforme vaya avanzando el ciclo que estoy viendo de él, me llevaré más gratas sorpresas. De momento, hoy, me quedo con Zelig.

Excelente, brillante, original, divertida, irónica, inteligente, todos estos adjetivos son pocos para definir Zelig. Es, simplemente, una de las mejores películas que he visto. Así de claro, así de sencillo.

Algunos pueden pensar que exagero, pero yo creo que no. La propuesta del clarinetista, del judío, del neoyorquino, del genial Woody Allen, es atrevida e impactante, tanto visualmente como a través de un guión plagado de picardía. Allen simplemente habla de lo que quiere hablar, de sus temas preferidos, y encima lo hace con gracia, sin extenderse mucho en la duración, y dejándonos boquiabiertos, asombrados, admirados.

Esta historia inverosímil le sirve para crear un falso documental, al modo de lo que ya había hecho en Toma el dinero y corre, sobre un hombre curioso, un enfermo mental, que es capaz de transformarse en cualquier otra persona, por raro que parezca. Zelig igual es un indio, que un negro, que un gordo, que un médico, e igual está con el Papa Pío XI que con Hitler, con Chaplin, Al Capone, etc. Fabuloso punto de partida para una obra maestra.

Estamos en los años 20 en Estados Unidos, tiempos de depresión, tiempos de jazz, tiempos de gánsters, tiempos de personajes que saltan del anonimato a la fama. Y ahí es dónde aparece Zelig, un hombre camaleónico. Claro, el caso llama la atención de la opinión pública, de la ciencia, de la doctora Fletcher (Mía Farrow). Lo estudian, lo analizan, lo someten a terapias. Todo para descubrir que es un hombre que sólo quiere ser querido por sus semejantes y ser amado, amor que encuentra en esa doctora Fletcher.

Pero lo que podría ser únicamente una idea brillante para una película se convierte en algo más: en una comedia irónica, en una sátira de los documentales, en una crítica de un tiempo y de una sociedad que es a la vez una admiración y un deseo enorme de incrustarse en esa sociedad, un deseo de ser reconocido colectivamente y pasar de la individualidad a la masa. Allen critica también el poder de los medios de comunicación para encumbrar a alguien que sea una noticia por si mismo, como es Zelig. Y aún hay más, hay también una crítica de la ciencia, sobre todo de la sicología, de los siquiatras oportunistas que se suben al carro de lo atrayente de la personalidad de sus pacientes, y que cuentan, en documentales a las cadenas de televisión, esta u otra técnica, este u otro análisis, este u otra nuevo experimento. Es un homenaje a todos los que han estado sometidos al estudio siquiátrico.

Muchas de estas ideas las había esbozado Allen en sus películas anteriores, pero nunca con tanta maestría como en Zelig.

Zelig es también una vía para que Woody Allen exprese una ambición interior, la que logra al convertirse en un director famoso. El es una especie de Zelig que se ha integrado en la sociedad y que se ha hecho público, que ha sido objeto de portadas de prensa y que ha sido analizado por sus espectadores. Sí, también Zelig es un poco Allen, o Allen es también un poco Zellig.

Bueno, en definitva, en 1983 Woody se doctora en cine y cuenta, por fin, todo lo que ha querido contar, en Toma el dinero y corre, o en Recuerdos, o en Manhattan o en Annie Hall.

martes, 16 de febrero de 2010

Recuerdos, Stardust memories, Woody Allen



En 1980, Woody habla de sí mismo, de sus películas, de su trayectoria cinematográfica y de sus relaciones amorosas y hace una defensa del creador como tal, de cualquier disciplina, puesto en conexión con sus fans, que le acosan, le adulan, o le critican.
Stardust es una película rara en cuanto a su forma pero sencilla en lo que cuenta: es Allen hablando de Allen.

Si he de quedarme con alguna escena que me guste de Recuerdos, me quedo con la de Allen (Sandy, director de cine) preguntándole a unos extraterrestres cuál es su sentido en el mundo. “Tú, haz películas. Y nos gustan más las cómicas”, le dicen.
Parece que el director recurre a una voz superior, a un ente que tenga la posesión de la verdad abrumado por tantas opiniones que hay sobre su cine. “Éstos me darán la solución”, parece pensar Allen.

La peli empieza con Woody en el interior de un tren viejo con personas con rostros horribles o digamos poco agraciados, y en paralelo un tren con gente maja, mas divertida, con mujeres más bellas. Allen quiere bajarse y cambiar de tren, pero no puede, y termina con todos sus ocupantes en un basurero.

Luego, veremos a Sandy importunado por sus admiradores, por las Asociaciones contra el cáncer que le solicitan colaboración, por amigos de béisbol que le piden ayuda, por jóvenes que le dicen que sus películas son feas, o sea, con todo lo que rodea a un artista consagrado, con todo lo que tiene que pagar por ser famoso.

Y además Allen hablando de sus amores, de Dorrie (Charlotte Rampling) y de Isobel.

Se dice de Recuerdos que es un homenaje de Woody a Fellini, a su ocho y medio, lo cuál es probable dada la admiración del neoyorquino por los dioses europeos del séptimo arte, y también que es una reivindicación del rumbo que lleva su cine en 1980 tras su primera etapa de comedias y pasando por Annie Hall, obra puente entre su cine cómico y su cine más serio. Yo no entro a valorar estas opiniones, porque no soy un experto, y además porque no quiero, creo que se trata de contar Recuerdos como tal porque si algo quiere Woody Allen en esta película es que no se metan con sus decisiones personales respecto a sus proyectos.

sábado, 13 de febrero de 2010

El otro señor Klein, suplantación de identidad



En 1976 Joseph Losey dirige Mr. Klein, producida por Alain Delon, que también la interpreta, obteniendo varios premios César, uno de ellos el de mejor película.

Tratando el tema de la suplantación de identidad, nos introduce en una historia oscura ambientada en la Francia de 1942, en una época en la que muchos judíos vendían sus obras de valor a bajo coste acuciados por la necesidad y ante el temor de ser deportados a los campos de concentración nazis.

Mr. Klein, Alain Delon, comercia con muchos judíos pagándoles poco dinero por sus cuadros u otros objetos y enriqueciéndose a su costa.

Y así comienza la película, con un Alain Delon guapo, elegante, frío, con una bata de estar por casa que denota su riqueza, con la amante en la cama esperándole, mientras él se niega a pagar 600 luises por un cuadro de un gentil hombre holandés que un judío le vende. Mr. Klein sólo le ofrece 300 ante la desesperación de ese hombre que lo heredó de sus abuelos. Al final la venta se hace por ese precio y el mismo Klein deja escribir el recibo al comprador. Cuando el judío se va de su casa, Klein encuentra en su puerta un periódico que no ha pedido y cree que es de su comprador, cosa que éste le niega enseñándole otro diario igual que lleva en la mano.

Es importante describir esta escena porque resulta ser la clave de la película. ¿Cómo ha llegado hasta Robert Klein ese periódico judío que él no ha solicitado? Nos encontramos ante la primera incógnita y ante la primera confusión de esta historia complicada y que se complica mucho más posteriormente

Mr. Klein descubre que otro Klein con otra dirección ha solicitado el periódico. Empezamos con la doble identidad

Alain Delon se pasa la película buscando a su otro yo (que es también buscado por la policía gala por sus actividades). Al principio la búsqueda es coherente, pausada, al final obsesiva, rayando en la locura.

Las tareas detectivescas de Robert Klein le llevarán a alquilar el piso que el otro Klein ha dejado, a buscar a una mujer que sale en una fotografía junto al impostor, a visitar un castillo dónde se encontrará con Jeanne Moreau, que también conoce a Klein, a recibir llamadas telefónicas, bueno, a confundirse con su alter ego, a creerse casi que él es el otro señor Klein

El abogado de Delon le consigue un pasaporte falso con otro nombre para darle una solución, una vía de salvación, pero para ese entonces Klein ya se confunde con el otro y se arrastra hasta el punto de terminar en el mismo tren de judíos deportados para encontrarse con su otro yo. Es entonces cuando vuelve a oír el regateo inicial de la película.

Mr. Klein se sacrifica hasta la muerte con tal de descubrir a su oponente. Quizá no hacía falta este desenlace para pagar sus “culpas”, su éxito económico a costa de los judíos, pero es como una condena que él mismo se impone sin ser totalmente consciente

Homenaje al pueblo judío y a la persecución de la que fue objeto, con El otro señor Klein Joseph Losey logra hacer una película desconcertante en su desarrollo y dramática en su final, con un acertado tratamiento sicológico del personaje principal, a lo que ayuda la gran interpretación de Alain Delon, siempre soberbio como Mr. Klein.

jueves, 11 de febrero de 2010

ANNIE HALL



De las que he visto hasta ahora de Allen, me parece la mejor. En esta película de 1977 el director sí que conserva la frescura propia de sus primeros largometrajes y a la vez introduce un tratamiento más intimista de sus personajes, lo que dota a Annie Hall de un mayor empaque. El guión es fabuloso, premiado con el Oscar. Y los recursos cinematográficos son más originales. Allen empieza a experimentar formatos nuevos en cuanto a las escenas, me refiero a introducir conversaciones del protagonista Alvy con la gente de la calle haciéndoles partícipes de sus reflexiones o el hecho de hablar con el público en medio de un diálogo, como pidiendo una participación de los espectadores, técnicas que por cierto ha vuelto a emplear, por ej, en Si la cosa funciona. O también a mezclar los tiempos y los espacios retrocediendo a su antojo para mostrar su infancia o la vida de sus padres.
Resulta muy original, por ej, que el Alvy adulto se siente en el pupitre que ocupaba el Alvy niño y conteste a su profesora y también que en la cola del cine donde Alvy y Annie están soportando a un cinéfilo arrogante Allen se dirija al público diciéndonos que no aguanta más.

En Annie Hall nos encontramos con ideas que Allen repetirá en Manhattan, como es el tratamiento de las relaciones entre hombres y mujeres de un modo cómico y a la par dramático. En definitiva, se trata de no aburrir al espectador contando una relación de pareja, por lo que introduce constantemente gags o chistes de cosecha propia.

Alvy, cómico de profesión, conoce a Annie Hall (la guapísima e insuperable aquí Diane Keaton) en un partido de tenis y a partir de ahí iniciarán una relación llena de vicisitudes, de idas y vueltas, de descubrimientos personales, de conversaciones sobre sicoanalistas, novelas, la muerte, el sexo, etc, etc. Seremos testigos del comienzo, desarrollo y final de la relación y nos enamoraremos, como Alvy, de Annie Hall, de su forma de vestir, de su físico, de cómo canta, en fin, de todo.

Pero si Annie tiene protagonismo, también lo tiene Alvy, o sea, Woody Allen, que aquí hace una gran interpretación y resulta creíble en todo momento.

La historia terminará con la ruptura definitiva entre la pareja y con un mensaje de Allen acerca de las relaciones.

Y realmente no quiero decir mucho más sobre Annie Hall, porque lo mejor es verla para captar cientos de detalles que hacen del neoyorquino un director de culto.

Manhattan, de Woody Allen



Desarrollada en el corazón de Nueva York en los ambientes, lugares, bares en los que se movía Allen por aquella época, 1979, Manhattan, en un perfecto blanco y negro, con música de Gershwin, nos deja en el aire la pregunta: ¿Esperarán Isaac y Tracy 6 meses?
Ambos buscan el amor verdadero, el amor que dure toda una vida, pero ella tiene que irse a Londres por medio año. ¿Se esperarán mutuamente? Diríamos que sí.

Woody Allen se desenvuelve de maravilla en el tema de las relaciones personales, de las relaciones de pareja. Y lo demuestra aquí contándonos una historia que puede parecer enrevesada, quizá en 1979 más que ahora, pero que es simple. Les cuento

Dos amigos, Isaac y Yale, con 2 relaciones en curso, que se enamoran de la misma mujer, Mary. Ella se decide por Yale y entonces Isaac se da cuenta de que su verdadero amor es Tracy, la joven con la que tenía una relación

En definitiva, varios personajes en busca del amor, 2 amigos, 2 mujeres.

Pero Manhattan da juego para más. Porque afronta temas importantes como el del adulterio, la amistad, las relaciones entre personas con diferencias importantes de edad, la educación de los hijos en una familia de mujeres lesbianas, la llamada clase intelectual y sus diversiones, etc. Todo envuelto por la magia que desprende la ciudad.

Es curioso que Tracy (Mariel Hemingway) sea la más joven y sin embargo mucho más madura que los otros 3 personajes de mayor edad, a los que da una lección de saber estar.

Mary (Diane Keaton) es en cambio una mujer insegura, llena de complejos, que alardea de su cultura, pero que no es capaz de encontrar un equilibrio en su vida y termina en los brazos de Yale, un hombre casado que engaña a su mujer.

Allen empieza a recurrir a temas clásicos en él, como la dependencia de los sicoanalistas, su obsesión por las mujeres jóvenes, los triángulos amorosos.

Personalmente, la escena que más me gusta de Manhattan es la del cine, cuando los dos hombres están sentados al lado de Mary, que está en medio de los dos, y los dos se miran mutuamente y se vigilan pensando que cada uno está tocando a la mujer. Las caras que ponen los tres son fantásticas. Escena corta, pero intensísima

Se dice que Manhattan es una de las más memorables películas de Allen y que en ella hay un cambio a la madurez respecto a sus primeras películas, como Toma el dinero y corre, por ej. Personalmente me divertí más con la segunda, quizá porque no soy un especialista en la técnica cinematográfica, sino más bien un espectador.

Que la fotografía en blanco y negro de Manhattan sea buenísima, que la música sea espectacular, que nos topemos con un Woody más maduro, me parece estupendo, pero yo prefiero la frescura de sus primeras películas.

También me gustaría decir que Manhattan me ha resultado muy parecida a Si la cosa funciona, Allen parece querer decir lo mismo en ambas: Si te va bien, adelante.

lunes, 8 de febrero de 2010

"De todo un poco", un libro de cómics que es como una comedia.



Seguro que se podrían sacar muy buenos guiones para el cine del libro de cómics de José Antonio Bernal, humorista gráfico aragonés, que ha colaborado, por ejemplo, en el diario EQUIPO, y que actualmente, entre otras cosas, trabaja en El Jueves.

Estuve el otro día en la presentación de su libro "De todo un poco" y me divertí mucho, tanto por los presentadores como por la gracia que tiene Bernal al dirigirse al público, y más, si cuenta con la ayuda de algún asistente que le hace preguntas del tipo: "¿Has hecho algo serio alguna vez?"

Claro, me compré el libro en cuestión y me he reído muchísimo y lo digo en serio, y no sólo porque todo el mundo te dice que el "tío" es un gran dibujante.

Bernal se mete con todo cristo en plan humorístico, con los jugadores de fútbol que cobran millonadas, con los partidos políticos que se hunden y sacan un trozo de cabeza por encima del agua, con la Fórmula I, con el locutor de la fórmula I (es tremenda 1 de las viñetas en que sale en medio del matrimonio Alonso), con los periodistas oportunistas, con los de la Eurocopa, con el papel de España en la Eurocopa, bueno, con todo un poco.

Lo que les recomiendo es que hagan como yo y compren el cómic, su precio es barato y les garantizo un rato muy entretenido.

Yo, tan afortunado como los asistentes a la presentación que lo desearon, tuve la suerte de que me hiciese un dibujo (en el que por cierto salgo bastante gordo). Pero ya me dijo un amigo que no era yo. ¡Menos mal, ya había pensado que me estaba engordando de estar tanto tiempo en las butacas de un cine!

domingo, 7 de febrero de 2010

Million dollar baby, by Clint Eastwood

Al principio he pensado que esta sería una película más de boxeo, pero, claro, ahora lo entiendo, Clint Eastwood no podía hacer algo tan simple. Y Million Dollar Baby no hubiera sido considerada la mejor película de 2004 por la Academia de las Artes americana.

La meteórica carrera de Maggie parece no tener límite. Gana a casi todas sus contrincantes en el primer asalto. Es una chica con una fe ciega, con una fuerza de voluntad descomunal, con una capacidad de trabajo ilimitada. Y esto es lo que le gusta a Frankie Dunn (Clint Eastwood), por eso, a regañadientes, terminará siendo su manager. Luego, la llamará “Mi amor” y estará siempre con ella, nunca la abandonará, hasta que ella quiera que la abandone, y aún así, pasará el resto de sus días en ese restaurante donde hacen ese estupendo pastel de limón que tanto les gusta a ambos.

Million Dollar Baby, como digo, no es una película más de boxeo, ni siquiera sé ya si es una peli de boxeo o más bien es una película que trata del amor y de la muerte, de la necesidad de adelantar la muerte cuando ya se ha conseguido todo en esta vida.

Me da tanta rabia lo que hace la Osa Azul. Y, sin embargo, con cuantas Osas Azules nos encontramos en nuestra vida hasta el punto de que hagan la tuya inútil, y hagan que la persona que más te quiere y que lo ha hecho todo por ti, también la vea inútil.
Nuestra creencia en Dios tampoco servirá en ese momento. ¿O sí? Porque quizá en ese momento Dios esté con nosotros y apoye nuestra decisión. Probablemente, es la idea que la iglesia se ha hecho de Dios la que no está con nosotros, pero Dios sí.

Cuestión veinte mil veces tratada, la de la eutanasia, la salida que da Eastwood en Million Dollar Baby parece gustarnos a todos, al menos, a mí.

“Iremos al campeonato en avión, volveremos en coche”.
Y si no se vuelve en coche, entonces simplemente mejor no volver.