domingo, 31 de enero de 2010

Avatar: disfrutar en el cine



Hablar de Avatar a estas alturas es tarea difícil con todo lo que se ha hablado de esta película. Se ha dicho de todo, que es buenísima, la mejor del año y de mucho tiempo a esta parte, pero también se ha dicho que sus valores creativos se reducen a los efectos especiales y poco más.

Bueno, yo como estoy en mi blog y tengo libertad de expresión, diré lo que pienso.
Si el cine es espectáculo, o un espectáculo, Avatar es, probablemente, el mejor espectáculo del año.

Entonces habría que discutir qué es el cine. Y no nos pondríamos de acuerdo.
El séptimo arte es eso, un arte, y en el arte hay una cosa que influye de manera decisiva, que son los gustos de quien lo aprecia. A unos les gusta Picasso, a otros Dalí, a otros Velázquez, y a otros les gustan otros pintores, pero todos son artistas. Así que el cine, compendio de muchas artes (música, fotografía, escritura, etc) también está sometido al gusto del espectador. Y al espectador le ha gustado esta película. Digamos que Goya es incontestable como artista, y hay gente que no le gusta su pintura. Con Avatar sucede lo mismo, es una gran película y sin embargo tendrá sus detractores. Habrá gente que valore más el guión y otra que valore más otras cosas. En mi opinión, Avatar es buena en muchas cosas, y no es mala en el guión.

Independientemente del marketing que hay detrás de Avatar, el caso es que vas al cine, te pones tus gafas de 3D y pasas un rato espléndido. Porque las imágenes te llegan, te metes dentro de la historia y crees estar en Pandora volando con los protagonistas en uno de esos pájaros que utilizan los na´vi.
Luego, que si es ecologista, que si es una estrategia de Obama para lavar la imagen bélica de USA, que si se parece a Bailando con Lobos (para mí si), puede ser más o menos importante, pero ya nadie te quitará el buen rato que has pasado.

Siguiendo la línea de lo que dije con Nine, hay que ir a disfrutar al cine, y con Avatar disfrutas y de lo lindo. Después alguien se ocupará de hacerte ver todos sus defectos, pero yo me pregunto que gran película no ha sido criticada.

Que Avatar sea una de las pelis más taquilleras de la historia, como Titanic, también de James Cameron, y que haya recibido ya unos cuantos globos de oro y unos cuantos premios, dice mucho a su favor. Pero conseguir la unanimidad hoy en día es casi imposible

sábado, 30 de enero de 2010

El sirviente, de criado a amo.

Punto culminante de la obra de Losey, El sirviente es una magnífica película con muchísimos contenidos.

Lo primero que recalcaría es que es la historia de dos hombres que ocupan distintas posiciones y que esas posiciones van cambiando y terminan de distinta forma de como son al principio. Esto no parece gran cosa, sino fuera por el hecho de que su relación es al principio profesional, uno es el amo y otro el criado, y después pasa a ser personal y de dominación, el jefe se convierte en siervo y el sirviente en su amo.

Sobre la otra apreciación que haría en cuanto al contenido se ha hablado mucho. Y es la de la lucha de clases que representa esta película. Cierto, pero con cautelas. Porque no es el contenido más aparente, sino lo que subyace. La aristocracia está en peligro, se toma demasiados brandys, va a demasiadas fiestas, tiene muchos proyectos en la jungla de Brasil que no se inician, mientras que la clase media viste muy bien, es elegante, tiene modales exquisitos, gran gusto por la decoración y es más emprendora, hace la compra, decora la casa y sabe cocinar. La aristocracia se representa en ”El sirviente” por medio del amo, Tony, un joven atractivo, pero un poco blando y vago, la clase media – o pobre-, en definitiva la clase inferior, se representa por medio del sirviente Hugo Barrett, un inmenso Dirk Bogarde.

Barrett, el sirviente, llega a la casa del amo, Tony, que está durmiendo, porque “ha bebido demasiadas cervezas” la noche anterior. La casa está deshecha.
Y Hugo la construye, crea su atmósfera, la decora a su gusto y es la primera forma de empezar a dominar a Tony.

Tony tiene novia, Susan, también de la aristocracia, y Susan no traga a Barrett, porque se da cuenta de que está ocupando una posición muy peligrosa al vivir todo el día con su novio. En todo momento, Susan advierte a Tony del peligro del sirviente.

Pero al amo le va bien tener un criado que le organiza todo. Y acepta que la hermana de éste, Vera (Sarah Miles) venga para echarles una mano. Lo que no imagina es que terminará acostándose con ella, y que no es la hermana de Barrett, sino una amiga íntima, por llamarlo de alguna manera. Sin darse cuenta, Tony está cayendo en las garras de Hugo, éste le está dominando sexualmente a través de su “hermana”, le obtiene el placer, le deja contento, le da un caramelo dulce que el amo chupa, y lo introduce en su mundo, lo iguala a él. No es más que el primer paso. Después, todo va deprisa. Tony, la aristocracia, sigue bebiendo demasiado y cae en la trampa del parásito que es Barrett

Por no contar mucho más, en la fase final de la película, Tony y Barrett comparten mesa, comparten jueguecitos (Hugo le llama gatito), y comparten fiestas con mujeres. Pero eso no es todo, hay un momento en que Hugo ordena a Tony que le sirva un whisky y la misma Susan termina abrazándose a Barrett. La conversión se ha realizado. La subida al poder de Hugo es ya un hecho.

También hay que alabar al director Losey por la gran elección que hace de los actores principales, su físico es más que adecuado.

jueves, 28 de enero de 2010

Funny Games, Haneke.

El otro día un amigo no pudo resistir Funny Games. Realmente yo también lo pase mal viéndola.

No obstante, se adivina cuando te encuentras ante una gran película, una película que te marcara, aunque sea por sus escenas de violencia sicológica. La mirada de uno de los protagonistas, el sádico joven golfista que entra en la casa de un matrimonio que va a pasar sus vacaciones junto al lago, no se olvida. Incluso ese malvado personaje se permite la osadía de preguntar al espectador qué opinamos de sus actos.

La cosa huele mal cuando el compinche se empeña en que la mujer de la casa le de los huevos que supuestamente le solicita la vecina, bueno, pinta mal ya cuando aparentemente sin querer le tira el móvil a la fregadera. La mujer empieza a mosquearse. Qué niñato tan raro, debe pensar. Pobre señora, encima su marido está pescando en el lago con su hijo.

Después todo se desencadena rápidamente, matan al perro con un palo de golf, se apropian de la casa, intimidan a la mujer y cuando el esposo regresa, le golpean también a él con el palo.

Estos tíos son unos macarras, pero unos macarras de aspecto elegante, vestidos como visten los jugadores de golf, más bien parecen unos pijos, sí, unos hijos de papá. Y hasta el líder del dúo tiene una cara inocente. Luego, confiesan a sus apresados que se drogan, que siempre se han drogado, que están mal de la cabeza, lo cuál, lógicamente, atemoriza más a las víctimas.

Con enormes similitudes con La naranja mecánica de Stanley Kubric y también con Perros de paja de Peckimpack, Haneke se separa de ellos en la aparente calma con que sucede todo.

lunes, 25 de enero de 2010

En la ciudad sin límites, ciencia ficción sugerida



En un momento, crees que están capturados en París todos, todos los personajes, y sobre todo Max y Víctor. Conseguido a propósito o no, este espejismo dota de poder a la película.

Al final, sientes que no era necesario que el director te hiciera creer que la historia se convertiría en una de ciencia ficción, pero sí, era necesario, para darle más fuerza. Porque lo que cuenta es una historia de amor que ha sido innumerables veces contada.

No es un esfuerzo en vano el de Antonio Hernández: el film es bueno, hubiera sido igualmente bueno sin ese espejismo, pero con él es mejor.

Quizá no entiendan nada de lo que digo si no han visto En la ciudad sin límites, y quizá tampoco lo entiendan si la vieron y no sufrieron esa ilusión porque son ustedes demasiado realistas y en ningún momento creyeron en los delirios de Max. Yo sí los creí por un momento y creí en su locura de que lo tenían encerrado en París, que le vigilaban las cámaras, que la fuente dónde esperaba a Rancel había sido cambiada y que su mujer era casi una extraterrestre de la facción conservadora

Si todavía no entienden nada, les contaré un poco el argumento.

Max es un hombre viejo aquejado de un tumor y toda su familia va a verle al hospital, incluso su hijo Víctor. Éste viene con su novia argentina a París para ver a su padre, un importante hombre de negocios. Los demás hermanos, con sus cosas, con sus familias, parece que luchan por la herencia familiar.

Víctor descubre que su padre no se toma la medicación y empieza a sentirse intrigado. Max le habla de que no le dejan salir de allí, de la ciudad, de esa ciudad sin límites que sólo existe en su imaginación. Víctor le cree y hará todo lo posible para ayudar a su padre, confiando en él, y así llegará al verdadero descubrimiento de un pasado clandestino y de una relación prohibida, de una traición de su madre hacia su padre y de la existencia de una familia basada en un engaño, porque Max siempre ha deseado no haber abandonado en la estación a Rancel.

La cinta blanca, de Haneke

Me encanta Haneke en esta película.


Más moderado que en Funny Games, el director alemán da una lección a la hora de retratar lo cotidiano de un pueblo alemán en el que comienzan a pasar cosas raras.


La voz que nos cuenta la historia es la de un hombre mayor, el profesor del pueblo, que entonces era un joven que empezaba a enamorarse de la niñera del hijo del barón.


Todo comienza con el accidente del Doctor al tropezar con un cable colocado intencionadamente a las puertas del jardín de su casa. Continuará con la muerte de una trabajadora del barón. Luego, habrá más, como por ejemplo, la agresión al hijo de la comadrona.

El profesor, y todos, se preguntan, nos preguntamos, qué está pasando. Y Haneke no nos lo dirá, ni siquiera al final, al menos directamente, dejará que nos afirmemos en nuestra opinión pero no hay una certeza absoluta. Seguramente tendrá razón el profesor en sus apreciaciones finales.

En La cinta blanca se nos contrapone siempre la utilización de la violencia sicológica –como la del Pastor con sus hijos- e incluso física –las agresiones-, con una bella y clara moral y forma de ser, que es la que representa el profesor. ¿En qué se parecen el Pastor y el Profesor? En nada. Fíjense en la diferente manera que tienen de afrontar la educación de los hijos del Pastor.

Haneke ha dicho que la película trata sobre "el origen de todo tipo de terrorismo, sea de naturaleza política o religiosa”. Y es cierto, la política vendría reflejada por la forma de las relaciones de trabajo del barón con sus empleados, la religiosa, del Pastor con sus hijos.

Pero también se refleja el terrorismo afectivo, el Doctor trata de una manera vejatoria a la comadrona. Claro es cuando le dice: ¿por qué no te mueres?

Los hijos del pastor representan el nacimiento del terrorismo. Los maltratados se convierten en maltratadores. Y la cinta blanca que según su padre representa que antes eran puros se queda muy lejos, perdida definitivamente en algún momento de sus infancias.

domingo, 24 de enero de 2010

Nine no, ten



A mí sí me ha gustado Nine, y no le daría un 9, le daría un 10, porque, si nos abstraemos de la realidad de que es un musical con un elenco de actores oscarizados y famosos al máximo, es puro espectáculo y siempre se ha dicho que el cine es espectáculo ante todo.

He oído que esta película es como un anuncio de Freixenet y pregunto yo: ¿acaso los anuncios de Freixenet son feos?

Recordaremos mucho tiempo el “Be italian” de Fergie, el “Folies Bergere” de Judi Dench o el “Cinema italiano” de Kate Hudson, ésta última (al menos a mi) me mueve el cuerpo en la sala de cine

Chicos del spot de Martini con sus gafas y corbatas negras rodean a mujeres bellísimas como Kate Hudson. Pero hay más, está Penélope erizándonos el pelo casi al principio con “A call from the Vaticane” está la Mamma Sophia Loren, está Nicole Kidman en “Unusual Way” y está, como no citarla, Fergie en “Be italian” que algunos afirman que es lo mejor de la película, ( yo digo que aunque ella no estuviera esta sería una gran película) . Y aún hay más, Marion Cotillard “quejándose” de que su marido makes movies y la deja sola demasiado tiempo.

Y no critico a Daniel Day-Lewis porque le haya "robado", entre comillas, a nuestro Javier Bardem el papel protagonista, el de Guido Contini, el genial director italiano metido en demasiados líos de faldas que, no obstante, no le impiden imaginar, ya que no escribe el guión de su musical hasta dentro de dos años, una bellísima y hasta apabullante obra de arte.

Señores, les aconsejo que hagan como que no conocen a ninguna de las estrellas y vayan a ver Nine pensando que van a ver un mayúsculo espectáculo

sábado, 23 de enero de 2010

La gran noche, un Losey bondadoso

El director de cine Joseph Losey, uno de los perseguidos por la llamada caza de brujas americana, nos deja en 1.951 con un buen sabor de boca con La gran noche después de hacernos estar algo angustiados durante unos cuantos minutos.

Todo empieza cuando a un joven le están golpeando unos colegas, y él no se defiende
Le dicen: ¡A tu edad y aún no le has dado un beso a una chica!.. Y le golpean.

El llega al bar de su padre. Es su cumpleaños. Tendría que estar contento y sin embargo no lo está. Y todavía lo está menos cuando en el local irrumpe un siniestro personaje acompañado de un par de matones. El hombre también golpeará a su padre, que, a pesar de haber sido boxeador, no se defiende. Le golpean, le golpean…

Este joven, interpretado por John Barrymore Jr, un actor con un rostro mucho más que expresivo, inicia el viaje de la venganza de su padre, sin saber bien cuál puede ser el desenlace, qué le esperará, a quien tendrá que pisar o por quien tendrá que ser pisado.

Se adivina un final mucho más amargo, pero la vida es dulce con los que son buenos.

La película navega por aguas turbulentas, camina por clubs nocturnos al lado de gente que bebe demasiado alcohol, por espectáculos de apuestas tales como el boxeo, haciendo frente a timadores de reventa, y ante, todo, con una imagen grabada en la retina del joven protagonista, la de su padre apaleado por un señor malo con un bastón.

Pero el final es dulce, porque el chico es bueno y sólo ha querido limpiar el honor de su progenitor: no hay muerte, sólo heridas. Y el padre, que le había sorprendido con una tarta de cumpleaños antes de la paliza, le ha querido siempre y es también un buen hombre.

Desarrollo conflictivo, final feliz.

jueves, 21 de enero de 2010

Mal día para pescar, el gran príncipe Orsini



Gary Piquer nos regala una fabulosa interpretación poniéndose en la piel del representante de un campeón de lucha libre de la Europa del este venido a menos.
Ambos, Piquer (Príncipe Orsini) y su representado, Jacob, viajan por Latinoamérica, organizando desafíos con los lugareños, concretamente, un desafío: que nadie le aguanta al excampeón 3 minutos en un ring, y ofrecen 1000 dólares a quien sea capaz de hacerlo.

Así las cosas, una joven, Adriana, ve la oportunidad en el dinero que ofrece Orsini para que su novio, un hombre joven tan fuerte como un toro que puede destrozar a Jacob, se enfrente a éste.

Película con argumento inusual en los tiempos que corren y con nacionalidad uruguaya, digamos que no tendría demasiados números para triunfar. Y, sin embargo, participó en la Semana de la crítica en Cannes y está seleccionada por la Academia de Cine de Uruguay para competir al Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

Y, personalmente, diría que tiene chance. Y, ¿por qué? Pues porque es buena, así de sencillo.

Lo mejor, a mi modo de ver, es el planteamiento, en el sentido de que al espectador se le hace pensar que el gran excampeón del mundo, Jacob, está acabado. Orsini le hace tomar una pastilla –de no se sabe que- por las mañanas, bebe demasiado y es algo extravagante, exhibiendo su fortaleza física en las fuentes de los pueblos que visitan.
Su elasticidad ya no es lo que era.

Por eso Adriana piensa que su novio podrá enfrentarse a él, y así obtendrán el dinero que necesita para casarse.

Pero, amigos, es mal día para pescar, mal día para pescar.