sábado, 30 de enero de 2010

El sirviente, de criado a amo.

Punto culminante de la obra de Losey, El sirviente es una magnífica película con muchísimos contenidos.

Lo primero que recalcaría es que es la historia de dos hombres que ocupan distintas posiciones y que esas posiciones van cambiando y terminan de distinta forma de como son al principio. Esto no parece gran cosa, sino fuera por el hecho de que su relación es al principio profesional, uno es el amo y otro el criado, y después pasa a ser personal y de dominación, el jefe se convierte en siervo y el sirviente en su amo.

Sobre la otra apreciación que haría en cuanto al contenido se ha hablado mucho. Y es la de la lucha de clases que representa esta película. Cierto, pero con cautelas. Porque no es el contenido más aparente, sino lo que subyace. La aristocracia está en peligro, se toma demasiados brandys, va a demasiadas fiestas, tiene muchos proyectos en la jungla de Brasil que no se inician, mientras que la clase media viste muy bien, es elegante, tiene modales exquisitos, gran gusto por la decoración y es más emprendora, hace la compra, decora la casa y sabe cocinar. La aristocracia se representa en ”El sirviente” por medio del amo, Tony, un joven atractivo, pero un poco blando y vago, la clase media – o pobre-, en definitiva la clase inferior, se representa por medio del sirviente Hugo Barrett, un inmenso Dirk Bogarde.

Barrett, el sirviente, llega a la casa del amo, Tony, que está durmiendo, porque “ha bebido demasiadas cervezas” la noche anterior. La casa está deshecha.
Y Hugo la construye, crea su atmósfera, la decora a su gusto y es la primera forma de empezar a dominar a Tony.

Tony tiene novia, Susan, también de la aristocracia, y Susan no traga a Barrett, porque se da cuenta de que está ocupando una posición muy peligrosa al vivir todo el día con su novio. En todo momento, Susan advierte a Tony del peligro del sirviente.

Pero al amo le va bien tener un criado que le organiza todo. Y acepta que la hermana de éste, Vera (Sarah Miles) venga para echarles una mano. Lo que no imagina es que terminará acostándose con ella, y que no es la hermana de Barrett, sino una amiga íntima, por llamarlo de alguna manera. Sin darse cuenta, Tony está cayendo en las garras de Hugo, éste le está dominando sexualmente a través de su “hermana”, le obtiene el placer, le deja contento, le da un caramelo dulce que el amo chupa, y lo introduce en su mundo, lo iguala a él. No es más que el primer paso. Después, todo va deprisa. Tony, la aristocracia, sigue bebiendo demasiado y cae en la trampa del parásito que es Barrett

Por no contar mucho más, en la fase final de la película, Tony y Barrett comparten mesa, comparten jueguecitos (Hugo le llama gatito), y comparten fiestas con mujeres. Pero eso no es todo, hay un momento en que Hugo ordena a Tony que le sirva un whisky y la misma Susan termina abrazándose a Barrett. La conversión se ha realizado. La subida al poder de Hugo es ya un hecho.

También hay que alabar al director Losey por la gran elección que hace de los actores principales, su físico es más que adecuado.

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