sábado, 23 de enero de 2010

La gran noche, un Losey bondadoso

El director de cine Joseph Losey, uno de los perseguidos por la llamada caza de brujas americana, nos deja en 1.951 con un buen sabor de boca con La gran noche después de hacernos estar algo angustiados durante unos cuantos minutos.

Todo empieza cuando a un joven le están golpeando unos colegas, y él no se defiende
Le dicen: ¡A tu edad y aún no le has dado un beso a una chica!.. Y le golpean.

El llega al bar de su padre. Es su cumpleaños. Tendría que estar contento y sin embargo no lo está. Y todavía lo está menos cuando en el local irrumpe un siniestro personaje acompañado de un par de matones. El hombre también golpeará a su padre, que, a pesar de haber sido boxeador, no se defiende. Le golpean, le golpean…

Este joven, interpretado por John Barrymore Jr, un actor con un rostro mucho más que expresivo, inicia el viaje de la venganza de su padre, sin saber bien cuál puede ser el desenlace, qué le esperará, a quien tendrá que pisar o por quien tendrá que ser pisado.

Se adivina un final mucho más amargo, pero la vida es dulce con los que son buenos.

La película navega por aguas turbulentas, camina por clubs nocturnos al lado de gente que bebe demasiado alcohol, por espectáculos de apuestas tales como el boxeo, haciendo frente a timadores de reventa, y ante, todo, con una imagen grabada en la retina del joven protagonista, la de su padre apaleado por un señor malo con un bastón.

Pero el final es dulce, porque el chico es bueno y sólo ha querido limpiar el honor de su progenitor: no hay muerte, sólo heridas. Y el padre, que le había sorprendido con una tarta de cumpleaños antes de la paliza, le ha querido siempre y es también un buen hombre.

Desarrollo conflictivo, final feliz.

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