sábado, 27 de marzo de 2010

Todo lo demás, anything else



La vida es como todo lo demás, le contesta el taxista al protagonista de esta película, Jerry.

En Todo lo demás es Christina Ricci la chica Allen, Amanda. Y lo hace bien, su personaje inmaduro con un acentuado ardor sexual se te queda en la retina.
También el de Jerry, ese chico que piensa demasiado en quedar bien con todo el mundo, ya sea con Dobel, ese maestro que conoce y que le da consejos en su vida, algunos como el de comprarse varias armas para defender su casa, ya sea con su representante, Danny de Vito, y sobre todo, con su novia, Amanda, que le engaña con la excusa de que necesita saber si se ha vuelto frígida.

Todo lo demás es una recomendable cinta de Allen. Nos mete de nuevo el creador judío en su mundo, tan variado, pero a la vez asentándose siempre sobre unos mismos esquemas. Variado en cuanto a los personajes, siempre repletos de vidas interiores muy ricas. Pero inmovilista en cuanto a los temas que le preocupan, lo cual es lógico porque los temas que le preocupan a Woody son más que trascendentes, el sexo, la muerte, en definitiva, la vida.

Buena nota le doy yo a Anything else. En el 2003 la Nueva York de Allen sigue pareciéndome interesante, creativa y apasionada, y se nos muestra un mundo moderno en el que el amor a primera vista no funciona siempre, o no dura demasiado.

Porque Jerry se chifla por Amanda desde que la ve, les interesan las mismas cosas, y dejan sus relaciones para estar juntos y hacer el amor en hoteles, ya que según Amanda resulta más ilegal. Con el paso del tiempo, Amanda ya no quiere hacer el amor con Jerry y éste se lo dice a Dobel (Allen) que le consuela con la siguiente frase: “Hay miles de chicas que querrían acostarse contigo, o, al menos, una, emborrachándola bien.”

No hay pocas de éstas frases en la película. El guión me parece de notable.

Y todo termina como yo quería. Jerry se va de esa Nueva York que le está impidiendo crear como él puede y que le está atando por todos lados. Dobel le da la llave para salir de ahí y seguir creciendo en su vida. Sólo que él no le acompaña, porque ha matado a un policía que se le ha puesto chulo. No podía ser menos.

domingo, 21 de marzo de 2010

Celebrity, un paseo por las celebridades



Woody Allen dispone en Celebrity de un elenco de actores famosos para meternos directamente en el mundo de la fama. Esta vez es Kenneth Branagh el alter ego de Allen, es como si el genial director hubiese querido ponerse más guapo para entrar a seguir a los famosos de Hollywood, pero sin perder ninguna de sus otras características, o sea, hablar tartamudeando y sin parar.

Pero es que no sólo está el guapo Branagh, también está Leo Di Caprio, y hay mujeres espectaculares como Melanie Griffith, Winnona Ryder y sobre todo, Charlize Theron, en un papel de modelo vampiresa que pone a mil a Kenneth (Lee Simon).

Lee es un periodista que escribe sobre famosos, y que es testigo de sus vidas. Así, por ej, con Theron se estrella en un coche, con Di Caprio, que hace casi de si mismo, se va en avión y tiene sexo en grupo, y con Ryder se enamora para desenamorarse después.

Celebrity se centra en la vida de Lee y en la de su exmujer. Nos enteramos de que han roto por infidelidades de él. Mientras Branagh va hacia abajo en su vida sentimental, su exmujer conoce a un importante personaje televisivo que le hace ascender profesionalmente y con el que se casa, intrigándonos antes al abandonar la boda momentáneamente para visitar una vidente que le corrobora que debe casarse.

Rodada en blanco y negro, Celebrity se sigue bien, pero no es de lo mejor de Woody Allen en cuanto a originalidad y no es una obra deslumbrante, aunque sí es un buen instrumento para hacernos ver los privilegios de las celebridades respecto al resto de mortales, sus vidas algo desordenadas en general, sus luces y sombras. Y además Allen nos manda, como siempre, un mensaje: el éxito en las relaciones de pareja depende de la suerte.

domingo, 14 de marzo de 2010

Desmontando a Harry, desmontándonos.



Desmontar a Harry no es tan diferente de desmontar a cualquier ser humano actual.
¡Por Dios!, dirán muchos. “Yo no voy con prostitutas, yo no engaño a mi mujer, yo no me meto en esos líos, a mi no se me ocurre ir con un muerto, una fulana negra vestida de rosa, y mi hijo secuestrado, a la universidad dónde me van a dar un premio, yo soy más serio”.

Pues, bien, yo creo que no, yo creo que todos tenemos mucho de este Harry putero, infiel, inseguro, promiscuo, y que odia la rigidez de la religión, todos estamos un poco bloqueados en algún momento de nuestra vida y no sabríamos, desde luego, de qué escribir, qué historia contar, a no ser que fuera de nuestro propio personaje.

Claro es que Woody Allen va más allá y utiliza a Harry y sus creaciones para ahondar más en los temas que siempre le han interesado: sicoanalistas, mujeres, relaciones, proceso artístico-creativo, clase intelectual; en fin, ¿por qué no decirlo? cualquier cosa en la que participe un ser humano con inquietudes.

El peso de lo autobiográfico también se observa en Desmontando a Harry, su procedencia judía es también revisada, desmontada, desde el momento en que hace una crítica feroz, a través de Demi Moore, del exceso en el seguimiento a reja tabla de la religión.

Y lo de echarse una canita al aire, parece que no está tan mal, porque al fin y al cabo no engañas a tu mujer. Eso parece querer apuntar Allen. O igual es una impresión mía. La vida es breve y según el infierno que pinta Woody, haríamos bien en aprovechar el tiempo, porque, chico, no es tan grave ese infierno, Billy Cristal se está tomando una copa en un buen despacho, rojo y negro, claro, y él, que es el diablo, dice que se encuentra bastante bien allí.

La mujer de Harry se pone muy celosa e histérica cuando descubre su infidelidad, hasta el punto de que asusta a su paciente con sus alaridos y Harry intenta justificarse una y otra vez: ponerle los cuernos con veinte mil no es para tanto (ver esta escena en el vídeo, please)

Todos, sus amigos y sus personajes inventados, terminarán aplaudiendo a Harry. En el fondo, es un muchacho excelente.

Los santos inocentes, no matar a la "milana bonita"



A veces el ir mejor vestido, más limpio, comer mejor y tener más tiempo libre para emplearlo, por ejemplo, en la caza, no implica que se esté más cerca del cielo, si es que existe, ni que se sea más inocente, un santo inocente. La inocencia puede estar en la otra acera, la de los pobres, retrasados mentales, criados, sucios, que llegan, incluso, hasta orinarse en las manos para que no se les agrieten.

¡No me toques a mi milana bonita!, no lo hagas o, te puede pasar lo que le pasa al señorito Iván.

Los santos inocentes se convierte en una obra cumbre de la literatura española, por medio de Miguel Delibes, y del cine español, a través de Camus.
Centrada en un cortijo extremeño, se nos habla de dos Españas diferentes, la España rica, la de los señoritos del cortijo, la España pobre, la familia de Paco el Bajo, los criados.
El señorito Iván representa el papel del cacique, Paco el Bajo el del hombre honesto, criado de los ricos, que es feliz sirviéndoles porque es tan buena persona que se cree que Iván de alguna forma le quiere. Craso error. El señorito sólo se quiere a si mismo. Y sólo se preocupa por la caza para hacerse el grande delante de ministros y embajadores.

La crueldad de la clase superior, el trato inhumano que tiene con sus siervos, es reflejado magistralmente en esta película. El final del señorito Iván lo estamos deseando todos y si se produce de la forma que se produce aún mejor. Sentimos un alivio, el cese de una opresión que casi hacía que nos doliera el pecho

Los que hemos nacido y vivido en el mundo rural y hemos trabajado para otros aún somos más conscientes de las cosas que quieren denunciarse aquí.

La clase superior, los propietarios del cortijo, no son en modo alguno ningún ejemplo a seguir. Pedro, el administrador, se resigna a la infidelidad de su mujer con el señorito Iván para conservar su trabajo y su posición. El señorito Iván es un ser despreciable y déspota con todo el mundo e incapaz de pensar en el dolor ajeno, lo que se demuestra cuando Paco –Alfredo Landa- sufre un accidente al hacer de “secretario” de caza para él. En ningún momento, se preocupa por la pierna de Paco, sino únicamente por el hecho de que pierde a su mejor oteador y rastreador de caza. Pura, la mujer del administrador, -Agata Lys- se lía con el hombre más poderoso, y más joven.

La clase inferior, en cambio, sí que está llena de virtudes y valores humanos, que llegan al máximo nivel con Azarías, el cuñado retrasado mental de Paco. Azarías es un amaestrador de pájaros, de la Milana bonita, y cuida a la niña chica como si de uno de sus pájaros se tratara. También la Régula, la mujer de Paco, cuida a su hermano con la mayor paciencia que puede. Y sus hijos, inteligentes, se dan cuenta de que tienen que abandonar ese mundo caciquil y emigrar a la ciudad a trabajar para dejar de estar sometidos a un señorito.

Los santos inocentes es una película que impacta ante todo por su final, es el momento de la venganza, pero a la vez el del equilibrio, el del ajuste de cuentas justo y necesario

Todos los actores están muy bien: Juan Diego como el señorito Iván, Terele Pavez, como Régula, Agustín González en el papel de Pedro, y especialmente, Alfredo Landa como Paco el Bajo y Paco Rabal de Azarías. Estos dos últimos inolvidables. En el caso de Rabal, su forma de correr no se olvida, sus ropas no se olvidan, sus dientes no se olvidan, su forma de decir milana bonita no se olvida. En el caso de Landa no se olvida fácilmente la escena en la que olfatea el recorrido de una presa de caza. Por eso los dos se llevaron el premio en Cannes en 1984.

Ahora, que está reciente la muerte del escritor Miguel Delibes, RTVE ha aprovechado para deleitarnos con esta obra maestra de nuestro cine. Y personalmente he disfrutado mucho con esta película de la transición, sobre todo con su desenlace.

martes, 9 de marzo de 2010

Precious, tú sí que vales.



Precious sueña que es una estrella de cine paseando por la alfombra roja, que hace números musicales repletos de glamour con vestidos llamativos y coloristas, hasta que un grito de su madre la devuelve a la realidad: “Hija de puta, te crees que en la escuela vas a sacar algo, te tengo dicho que vayas a los servicios sociales”.

“Cada uno aprende del otro”, lema de la escuela alternativa, que le sirve a la adolescente Precious para encontrar un sentido a su triste vida. Nadie le quiere, desde luego, su madre, no, su madre, que administra su pensión, que sólo se preocupa de comer y ver la televisión, y de insultarla, desde luego, no.
Y su padre, menos, su padre ausente que la ha violado desde que tenía tres años con el consentimiento de su madre, tampoco.

Precious va ya por su segundo hijo. Precious, ¿estás embarazada?, le pregunta la directora de la escuela pública. Precious no contesta. Y es expulsada y derivada a la escuela alternativa, dónde, afortunadamente, se topa con una buena profesora, lesbiana, pero buena, y con unas chicas peculiares al máximo, pero que al final terminan apreciándola y queriéndola.

Precious es obesa, es negra, tiene 16 años y 2 hijos de su padre, y encima unos análisis le llevan a una nueva situación trágica. Y, sin embargo, Precious continúa luchando por encontrar la dignidad en este mundo que se lo ha negado todo.

A veces, cuando tu familia te putea, son las instituciones públicas, la gente anónima, la que te apoya, la que te quiere, la que se interesa por ti, la que te hace desarrollar tus cualidades. Eso le está pasando a Precious.

Magnífica película, Precious ha obtenido unos cuantos premios merecidos, pero independientemente de esto, su personaje no se olvida, es una chica con fuerza a pesar de todas las vicisitudes negativas que le plantea la vida y nos enseña a todos que hay que seguir luchando, que hay que seguir viviendo aunque te caigan chuzos de punta, el suelo se abra a cada paso que des y estés pisando en un terreno lleno de minas que explotarán en cualquier momento.

Precious, tú sí que vales, tú sí eres preciosa.

sábado, 6 de marzo de 2010

"Un profeta" llamado Malik


Las cosas como son. Lo verdaderamente bueno de esta película es la primera hora, porque la siguiente hora y media baja el interés y la tensión. En esa primera hora ocurre, a mi modo de ver, lo mejor, el ingreso del joven franco-árabe Malik a la prisión, el sometimiento obligatorio de éste al clan de los corsos dirigido por César Luciani y la superación de la prueba crucial del asesinato de un enemigo incómodo para el viejo César.
Después, la ascensión de Malik al poder es tratada de una forma más similar a las películas americanas de mafias y hay, incluso, un cierto lío y confusión porque el erigido como profeta es demasiado ambicioso y está metido en demasiados caldos.Así que creo que se han exagerado de alguna forma las virtudes de “un profeta” o que ha recibido excesivos elogios.

Resulta que este año las películas triunfadoras en el cine español y en el cine galo han sido dos películas ambientadas en la cárcel. Pero así como Celda 211 va de menos a más, Un profeta sigue el itinerario opuesto. La peli de Monzón resulta más creíble a medida que avanza, mientras que la de Audiard va perdiendo credibilidad en su segunda parte.

No obstante, aunque no me ha entusiasmado, “Un profeta” me ha gustado, tengo que reconocerlo. Lo que más me interesa de ella es la “relación paterno-filial” que se crea entre Malik y César, una relación de abuso en toda regla, como la que muchos padres tienen con sus hijos. César es el jefe en la cárcel de Malik, pero también es casi como su padre, un padre déspota, dominante, egocéntrico e insoportable, pero un padre
Y otra idea original de Un profeta es la “visión”de Malik de su víctima, que le acompaña en toda su estancia en la penitenciaria. Estremecedora es la escena en la que el joven le dice a su aparecido: “Tápate eso tan feo”, refiriéndose a la herida en el cuello que le ha causado la muerte.

En fin, en mi opinión, Un profeta es una buena película, pero no el peliculón que algunos han pretendido hacernos creer. Y no sé quién ganará el Oscar a mejor película de habla no inglesa, pero creo que La cinta blanca tiene más números.

jueves, 4 de marzo de 2010

En tierra hostil, la desactivación de explosivos como droga



Para el personaje principal de En tierra hostil, el sargento James, la desactivación de explosivos en la guerra de Irak es una droga. Lo que le hace un personaje muy peculiar, la verdad, y le convierte además en lo que se da en denominar entre los mandos militares un valiente. Realmente, se trata de alguien temerario, y no es de extrañar debido a su profesión. Y digo profesión, porque él se toma la guerra como una profesión arriesgada y hay profesiones de las que las personas se hacen adictos.

Y aunque se ha dicho que esta película es una película sobre la guerra, yo diría más bien que es una película centrada en el escenario de la guerra. Y en un cuerpo de élite. No creo que la mayoría de soldados estadounidenses en Irak hayan sufrido la tensión que tienen nuestros protagonistas.

Dejando estas pequeñas puntualizaciones de lado, En tierra hostil, o The hurt locker, que parece va a ser la gran triunfadora en los Oscars, posee grandes virtudes cinematográficas. Posiblemente, para empezar, es la mejor película americana basada en la guerra de Irak, superando a En el valle de Elah. Pero además nos introduce en un mundo, en una tierra, extraña, inhóspita, donde los soldados americanos de este cuerpo de desactivación de explosivos se juegan la vida a cada instante y son amenazados por múltiples ojos que acechan en cualquier ventana, por cualquiera que posea algo que pueda ser un detonador.
El suelo puede levantarse ardiendo, una bomba puede explotar debajo de un coche, o en un montón de basura, o un niño puede ser una bomba humana, puede haber terroristas suicidas que no lo son tanto, o si estás en medio del desierto puedes sufrir una encerrona que te cueste la vida.

El sargento James (Jeremy Renner) tiene madera de héroe, es un ser humano que no se plantea que se juega la vida en cada misión, y además sus métodos son directos, lo cual causa la extrañeza y la desaprobación, a veces, del resto del equipo. Pero su valor está fuera de toda duda.

The hurt locker es una película que te mantiene en constante nerviosismo, nunca sabes qué puede pasar. Eso es, desde luego, un logro, porque hace partícipe al espectador de la incertidumbre que sufren los soldados.

Todos, los artificieros, y el público de la sala, estamos en una tierra hostil, ese Irak que casi se convierte en un mundo apocalíptico donde lo importante es solo sobrevivir un día más, un instante más.

Escenas bélicas las hay buenas en el film, pero para mí la mejor es la de la emboscada en el desierto, ahí es dónde James se convierte en el líder del grupo enseñándole a Eldridge cómo se limpia la munición ensangrentada y dándole un zumo a Sanborn después de deshacerse de un enemigo. Todos nos quedamos como estos soldados, paralizados, y preguntándonos si habrá algún iraquí más entre las sombras de la arena desértica.

Decir también que cada vez que James se pone su traje galáctico se nos enfatiza la idea de encontrarnos en un mundo díficil y arriesgado, es un traje como de astronauta pero los adversarios no son extraterrestres sino iraquíes que parecen ropa tendida en una azotea, sábanas que se mueven peligrosamente, que se agitan en el viento.

Parece justificado que estos “valientes” tengan que recurrir al alcohol y los juegos casi autodestructivos en su tiempos de asueto. Porque cuando trabajan, no saben cuanto tiempo más pueden estar vivos.