domingo, 14 de marzo de 2010

Desmontando a Harry, desmontándonos.



Desmontar a Harry no es tan diferente de desmontar a cualquier ser humano actual.
¡Por Dios!, dirán muchos. “Yo no voy con prostitutas, yo no engaño a mi mujer, yo no me meto en esos líos, a mi no se me ocurre ir con un muerto, una fulana negra vestida de rosa, y mi hijo secuestrado, a la universidad dónde me van a dar un premio, yo soy más serio”.

Pues, bien, yo creo que no, yo creo que todos tenemos mucho de este Harry putero, infiel, inseguro, promiscuo, y que odia la rigidez de la religión, todos estamos un poco bloqueados en algún momento de nuestra vida y no sabríamos, desde luego, de qué escribir, qué historia contar, a no ser que fuera de nuestro propio personaje.

Claro es que Woody Allen va más allá y utiliza a Harry y sus creaciones para ahondar más en los temas que siempre le han interesado: sicoanalistas, mujeres, relaciones, proceso artístico-creativo, clase intelectual; en fin, ¿por qué no decirlo? cualquier cosa en la que participe un ser humano con inquietudes.

El peso de lo autobiográfico también se observa en Desmontando a Harry, su procedencia judía es también revisada, desmontada, desde el momento en que hace una crítica feroz, a través de Demi Moore, del exceso en el seguimiento a reja tabla de la religión.

Y lo de echarse una canita al aire, parece que no está tan mal, porque al fin y al cabo no engañas a tu mujer. Eso parece querer apuntar Allen. O igual es una impresión mía. La vida es breve y según el infierno que pinta Woody, haríamos bien en aprovechar el tiempo, porque, chico, no es tan grave ese infierno, Billy Cristal se está tomando una copa en un buen despacho, rojo y negro, claro, y él, que es el diablo, dice que se encuentra bastante bien allí.

La mujer de Harry se pone muy celosa e histérica cuando descubre su infidelidad, hasta el punto de que asusta a su paciente con sus alaridos y Harry intenta justificarse una y otra vez: ponerle los cuernos con veinte mil no es para tanto (ver esta escena en el vídeo, please)

Todos, sus amigos y sus personajes inventados, terminarán aplaudiendo a Harry. En el fondo, es un muchacho excelente.

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