domingo, 8 de agosto de 2010

Origen, DiCaprio al fin logra ver la cara de sus hijos.



Es la faceta que más me ha gustado de Inception, la de la relación de DiCaprio (Cobb) con su mujer Marion Cotillard (Mal), una relación tan oscura que el protagonista no puede abandonar en sus sueños. Esa sí es una idea, un virus, que se le mete a DiCaprio en todas partes hasta que cuando acaba la película puede ver la cara de sus hijos.

Origen es una buena película de ciencia ficción con buenas dosis de acción, pero de ahí a ser la obra superlativa que parte de la crítica quiere hacer ver creo que va un tramo. Una película no puede ser una obra maestra cuando sus protagonistas están explicándose en casi todo momento, y también a la sala de cine, qué están haciendo.

Los sueños grupales inducidos por sustancias conducen a lo que quiere en este caso el director, Nolan. No voy a criticar eso, porque es muy libre de llevar la película a dónde el quiere y además es ciencia ficción.

Pero sí opino que es criticable, en el sentido de no ser muy novedoso, la idea de equipo dirigido por un líder carismático, muy del estilo americano, y las magnánimas escenas de acción en diferentes escenarios, furgoneta que se cae por un puente –caída que por cierto dura casi media hora-, montaña nevada con castillo tipo Drácula, playas dónde naufragan los protagonistas, etc.

El argumento es bien conocido ya: extracción de ideas en los sueños por un especialista, sueños que alcanzan diversos niveles, hijo de empresario con los típicos problemas de aceptación por el padre, y, lo mejor para mí, relación de amor conflictiva con sentimientos de culpa por parte del ladrón que actúa en el subconsciente, DiCaprio.

Hay buenas ideas en esta película, no lo voy a negar, e imágenes que parecen oníricas, gracias, sobre todo, a los efectos especiales, pero como obra existencialista se queda corta, y creo que será recordada sobre todo como una especie de Matrix, una buena película de ciencia ficción, con buenas interpretaciones.

sábado, 7 de agosto de 2010

Tirad sobre el pianista, segunda película de Truffaut




Charles Aznavour encarna al pianista Edouard Saroyan, que desde todos los puntos de vista es una persona sin suerte. Desaprovecha su primera oportunidad de ser feliz en la vida junto a su mujer porque hace justamente lo contrario de lo que está pensando y cuando da marcha atrás, su mujer ya se ha tirado por la ventana. Y en la segunda ocasión, no tiene suerte, porque los matones que persiguen a su hermano disparan contra su amiga, con la que parece dispuesto a vivir en un futuro. Además de todo eso, sus hermanos le complican la existencia metiéndose en negocios turbios de los que no pueden salir solos. En fin, sin duda Saroyan no es muy afortunado.

Aznavour da la talle en este papel, su físico es muy apropiado, delgado, tímido, representa al hombre que por los pelos no llega a ser un genio de la música, y, lo que es más importante para él, no consolida los amores con las mujeres que va conociendo.

Truffaut, a pesar del fracaso de este proyecto en la taquilla, me convence. Evoluciona desde “Los cuatrocientos golpes” para ofrecernos una historia más moderna, que envejece mejor que su ópera prima.

“Tirez sur le pianiste” mezcla el drama amoroso con el cine negro, y lo mezcla bien. La trayectoria de la película la hace interesante, se mantiene la tensión y esperas el final sabiendo que ahí se resolverá casi todo, pero disfrutando del desarrollo de la vida de este pianista, que ahora se hace llamar Charlie.

La lectura es que no hay tampoco una segunda oportunidad para Charlie, ni volverá a ser el pianista famoso que era, porque las circunstancias que le rodean se lo impiden y porque él no toma las decisiones adecuadas en el instante adecuado.

Cuando esta viviendo su “segunda existencia” tocando en un cabaret, su hermano Chico le pide ayuda perseguido por unos ladrones a los que ha birlado un dinero. Charlie le ayudará y a partir de ahí será objeto del seguimiento de los mafiosos, que incluso secuestraran a su hermano menor.

Cuando parece que encuentra el amor con Lena, a pesar de sus dudas iniciales, ésta será la víctima en la escena final, y ahí se desvanece su segunda oportunidad.

La primera, la que vivió con su mujer, acabó por la ventana, porque él no le perdonó la infidelidad que habría de darle el contrato por el que llegó a la fama.

Resumen de la película que demuestra que Edouard no ha tenido mucha suerte en ninguna de sus vidas.

viernes, 6 de agosto de 2010

A bout de souffle, Al final de la escapada, Sin aliento.



Han pasado 50 años del estreno de esta película, considerada como una de las obras claves de la Nouvelle Vague, y el debut de Jean-Luc Godard sigue conservando un aire fresco y un carácter innovador.

Sin aliento es una cinco estrellas en el mundo del cine, hasta el punto de que hay críticos que afirman que no se puede entender la evolución posterior del séptimo arte sin esta película. Quizá esto sea un poquito exagerado, pero no mucho, la verdad, porque es uno de esos films que no se te olvidan, y ello a pesar de que la historia sea simple, y los personajes se reduzcan a dos.

Jean Paul Belmondo y Jean Seberg dan vida a Michel y a Patricia. El primero es un ladrón que ha asesinado a un policía en su huida de Marsella a París, y la segunda una joven neoyorquina en la capital francesa que vende periódicos del New York Herald Tribune.

Michel es una especie de gánster admirador de Bogart. Siempre lo encontramos con un cigarro en la boca. Delgado, vestido con elegancia, roba coches no menos elegantes, con los que sorprende a Patricia. A él le gusta la chica, se han conocido hace poco, y parece que ella ha quedado embarazada. Patricia también cree sentir algo por Michel, quizá le atrae su misterio, el no saber nunca qué hace, aunque ella pueda imaginarse lo peor.

No hay mucho más qué contar sobre el argumento. El desenlace es algo que se adivina. Las cosas no pueden acabar muy bien. Michel busca un dinero que le deben, y anda bastante desesperado puesto que la policía le busca, como se encargan de recordarle los anuncios luminosos en los edificios de París y los periódicos. Quiere irse a Italia con la joven, pero ésta no parece decidida del todo, ya que como ella misma dice “quiere comprobar si Michel la ama”.

No obstante, al final, Patricia descubrirá hasta que punto Michel la ama, renunciando a irse a Italia y dejándose cazar por la policía, que ha llegado al apartamento en el que ambos están, avisada, ¿imaginan por quien?

Historia ágil, ligera, rápida, con diálogos inteligentes y divertidos, visualmente perfecta. Nunca se ha representado tan bien la estética de los años 60, desde el pelo corto de la Seberg hasta los trajes y corbatas de Belmondo.

La música está estupendamente acoplada, suena una clase de jazz que se modifica según el momento en que nos encontramos.

Parece ser que Godard rodó esta película estando en un estado bastante penoso económicamente, casi desesperado, y esa desesperación es la que traslada a su personaje, Michel, que se la juega a cada momento y es consciente de ello, por eso quizá aparenta calma.

La escena final, en la que Belmondo, va cayendo poco a poco después de haber sido tiroteado por la policía es un icono del cine, y bastante acertado me parece también que el ladrón moribundo utilice los gestos faciales que la pareja hizo suyos anteriormente y que representaban, para uno, la fealdad, para la otra, la belleza.

A mí Al final de la escapada me ha conquistado más por las formas que por el fondo, lo reconozco, pero es un disfrutar continúo, aunque sería ya una incuestionable obra maestra si además nos emocionará hasta arrancarnos alguna lágrima, cosa que no ocurre, seguramente por esa frialdad de los jóvenes amantes, que, desde luego, no son como Romeo y Julieta, aunque casi.

jueves, 5 de agosto de 2010

Apocalipsur



La película, de Javier Mejía, se llama así porque algunos jóvenes colombianos llamaron de esa forma, a los principios de los 90, a la situación existente en el país, azotado por el narcotráfico.

Considerada la mejor película colombiana del 2007, y casi una obra de culto, lo primero que llama la atención es la forma de hablar de los personajes, cerrado acento colombiano con el que te quedas pez, literalmente.

Se trata de cuatro amigos de veintitantos años embarcados en una furgoneta Wolskwagen en busca de otro amigo que viene de Londres en avión. Ellos van recordando su pasado, repleto de situaciones al límite, cocaína, alcohol y otras peripecias.

Aunque se ha dicho que intenta reflejar la situación y formas de vida de los jóvenes colombianos de clase media en la época de más muertos y desaparecidos en Medellín, lo cierto es que este tema se trata un poco de puntillas. Aquí se ve a unos tíos pasados un poco de todo, que son secuestrados, que se meten mucha droga, que buscan travestís, y que van en capa caída, utilizando unas formas poéticas decadentes para tratar de encontrarle un sentido a la vida y a la muerte.

Entre el grupo hay una chica que quiere al Flaco, el que viene del extranjero, pero que se lía con uno de sus amigos.

Si a todo ello se le une una iguana llamada “marihuana” que campa a sus anchas en el vehículo y que desencadena la escena final, tenemos Apocalipsur.

Creo que se intenta jugar, sin acierto, con la ausencia de El Flaco, quizá el líder espiritual del grupo. Pero el aire canalla que tiene toda la historia, no oculta el intento del director de sorprender con cada escena y también en los diálogos, cosa que, según pienso yo, no consigue.

Que el Flaco ha tenido que irse a Londres porque su madre es una juez amenazada por un capo de la droga, casi resulta al final lo menos importante, porque la película se queda con esta alocada forma de vida de sus amigos, anclada un poco en eso y sin trascender a otros significados.

En resumen, si tuviera que ir a verla otra vez, pediría, por favor, que pongan en letra pequeña la traducción de lo que dicen, porque, claro, si cada tres palabras, te encuentras un taco colombiano, con la entonación de aquel país, casi no te enteras de nada, al menos yo.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Los cuatrocientos golpes, de Truffaut



Este niño sin duda hace bien lo de "darse los cuatrocientos golpes", más que nada porque su rebeldía se antoja a veces un poco sin justificación, sin causa, lo cuál lo relaciona con James Dean cuando tiraba piedras a una casa blanca, adelantándole en edad no obstante.

La película, la primera de Truffaut, tiene interés por el empleo de un lenguaje cinematográfico novedoso para la época y porque se ha considerado posteriormente una obra cumbre de la Nouvelle vague.

El muchacho protagonista se reivindica como un ser conflictivo dentro de su sociedad, faltando a la escuela, mintiendo a sus padres, robando máquinas de escribir, yéndose al cine o a las ferias en vez de a clase y desafiando, un poco, a su profesor.

Su compinche, un compañero de colegio, es algo más refinado, sin duda porque proviene de una clase social un poco más acomodada.

Las peripecias del intérprete principal, Doinel, lo llevarán a un correccional o reformatorio, del que huye para cumplir uno de sus sueños, ver el mar.

¿Por qué se considera esta película una obra destacada del cine francés? Además de obtener el premio de Cannes al mejor director, Truffaut, en 1959, creo que la razón es la contraposición constante y sutil que siempre existe entre el niño rebelde y una sociedad anclada en un régimen rígido en los valores que, a pesar de ello, empieza a hacerse menos tajante, en parte por el surgimiento dentro de ella de otros modos de familia, de otros puntos de vista, como se representa magistralmente con la situación familiar de Doinel, con madre soltera, después casada, y que tiene un amante ocasional.

Se habla de un cine culto o intelectual, quizá con excesiva bondad, porque, al fin y al cabo, el director francés nos cuenta en su debut una historia más de un niño rebelde, inadaptado, vago y ladrón, que no quiere ir a la escuela y que disfruta con un libertinaje más que con una libertad, tema que en los años 50 quizá fuese muy peliagudo, pero que en 2010 ya no se ve como algo tan peculiar. No quiero yo, Dios me libre, decir que esta peli no sea original, pero sí que, a mi modo de ver, ha perdido frescura con el paso del tiempo.