jueves, 10 de noviembre de 2011

No habrá paz para los malvados: Coronado da la talla como tipo duro



Indiscutible que en esta película José Coronado está muy bien, hasta llega a ser un Clint Eastwood a la española.

E indiscutible también que hay escenas muy logradas, como la del final, con ese sigiloso malvado acechando con el cuchillo.

Las escenas con el cuchillo me gustan, como la del metro. No tanto las de révolver, como cuando están entrenando la pareja de policías.

Y tampoco me entusiasma el lío de jurisdicciones policiales: que si ahora esto corresponde a este departamento, que si luego al otro...

Me gusta también la ambientación. Los marroquís resultan creíbles y los colombianos tanto o más.

Pero me pregunto yo después de ver la peli si el gran papel individual de Coronado basta por sí solo para subir la altura del conjunto.

Y también me pregunto si no es una trama demasiado complicada o en la que se dejan demasiadas preguntas sin resolver.

No obstante, quizá la intención del director Urbizu sea precisamente dejar al espectador expectante y con ganas de hablar o ver otra vez el espectáculo.

Se discute si lo que pasa en la parte inicial es casual o no, o sea, si Santos Trinidad (Coronado) quiere vengar una vieja afrenta colombiana o si todo es fruto de su borrachera.

Me inclino más por lo segundo.

Y se discute también si el complot que descubre persiguiendo a su posible delator se asemeja o es el 11M. No sé qué decir al respecto. Probablemente se asemeja.

Pero yo, como espectador, tengo que decir que me perdí a mitad de película, porque se me escapó la intención, el objetivo, de Santos Trinidad, ya no sé si perseguía al testigo de su crimen o si se había encontrado con algo más gordo, o incluso si estaba en la continuación de algo más gordo que él ya vivió.

En cualquier caso, creo que es algo para disfrutar mejor en un segundo pase, y cuando ya te han explicado algo o te has informado bastante bien de No habrá paz para los malvados

Lo que se me queda grabado es el alcoholismo de Santos, algunas heridas fuertes que sufre, su pistola en el dedo, la escena del metro y la escena final del cuchillo, aparte de algunas excelentes caracterizaciones de personajes.

Y claro, José Coronado, que aquí demuestra que sabe hacer más que bien de tipo duro, oscuro y amargo, que no nos cae demasiado mal a pesar de todo.

sábado, 5 de noviembre de 2011

The Tycoon, los magnates no tienen sentimientos


The Tycoon, el magnate, mezcla acertadamente el cine social con el melodrama. El señor Arima, un poderoso constructor japonés, va dejando un reguero de víctimas detrás de sus grandes proyectos empresariales, que justifica amparándose en el bien social.

Arima es el prototipo de hombre de negocios sin escrúpulos, sin moral. Abusa de sus amantes, de sus hijos ilegítimos, de sus empleados y empleadas, y ejerce el poder buscando satisfacción personal sin importarle la gente que tiene a su alrededor.

Película de 1964 de Satsuo Yamamoto en la que el actor So Yamamura hace un gran papel de villano del capitalismo.

El magnate es un hombre ya de cierta edad. Casado por el dinero de su suegro, tiene 3 o 4 amantes y varios hijos con cada una de ellas. No recuerda ni el nombre de sus hijos, como se ve al principio, cuando llega a la casa de una de sus amantes que le espera servilmente. Y es que las mujeres son esclavas de su señor. Y los hijos ilegítimos crecen con desequilibrios mentales evidentes por la falta de amor del padre.

La compra de terrenos para la construcción de un ferrocarril y la creación de una gran urbanización en una zona a las afueras de la ciudad son el nuevo negocio de Arima, en el que utilizará todas sus armas, todo tipo de chantajes, todo tipo de acciones para llegar al fin.

El magnate dice que todo lo hace, no para enriquecerse, sino para el bien público e intenta hacer creer a sus enemigos que obtendrán también beneficios con sus bloques de apartamentos y su ferrocarril.
En una palabra, Arima representa el poder capitalista, la manipulación, la corrupción, el poder del dinero. No tiene sentimientos, no llora, sólo ríe, y eso, aunque sus hijos acaben suicidándose o demandándole,  sus amantes abandonándole y sus mujeres odiándole.

La erótica del poder está presente también en esta película de Yamamoto, lo cual se ve con la actitud de la empleada comprada para ser la amante de Arima. Salir de la pobreza tiene su precio, y la mujer se vende al poderoso buscando un bienestar personal que no tiene. Pero es que además, parece complacida siendo la amante del señor, parece que le gusta.

El papel de los hijos del magnate alude a una lucha generacional y también a una lucha entre el rico y el pobre. Pero el rico sale ganando. De hecho, la película  termina con la inauguración triunfal del ferrocarril por el Sr. Arima. Una vez más, el capitalismo triunfa, el dinero triunfa. Y precisamente eso es lo que parece querer denunciar Yamamoto.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Los peces rojos, una joya del cine negro español



Extraordinaria farsa la que se plasma en Los peces rojos, película de 1955, con guión de Carlos Blanco y dirección de Nieves-Conde.

Nos adentramos aquí en la imaginación hecha realidad de Hugo Pascal, en la que sumerge a su compañera Ivón. Y ambos, con los peces rojos en su cabeza, llevan al espectador, nos llevan, a hora y media de intensísimo y brillante cine negro español.

He estado atento a la escena inicial, y eso que no sabía nada, o no mucho, de esta película.
El hijo de Hugo, Carlos, es la figura ausente de Los peces rojos, y, sin embargo, la más presente.  Oímos su voz, oímos la música que pone en su disco, pero no le vemos.
Carlos sube en el ascensor del hotel de Gijón al que han viajado su padre, Hugo, y la novia de éste, Ivón. Y se deja la maleta en recepción.  Y un mensaje clavado al recepcionista. Y también vemos que el ascensor sube, pero, ¿a qué habitación?

Éstas son algunos de los artificios de Los peces rojos, algunas de sus claves, o de sus armas. Otras son una gran interpretación de Arturo de Córdova y de Emma Penella. Los dos podrían ser, respectivamente, James Stewart, y Kim Novak en una película de Hitchcock. Sí, porque realmente, estamos hablando de una de las mejores creaciones del cine español policiaco o de intriga.

Siempre recae la sospecha en nuestros protagonistas, desde el mismo momento en el que en una noche de lluvia llegan desde Madrid a esta ciudad de provincias, y deciden irse a ver el mar. Carlos, el hijo, ya no volverá. Tiene un accidente y no regresa.

A partir de ahí, es cuando en flash-backs rememoramos la complicada historia de Hugo e Ivón, el uno en busca de una especie de identidad, la otra en busca de la estabilidad económica que nunca ha tenido. Escritor fracasado y bailarina mediocre de un teatro de la capital se enzarzan en un amor, lleno de fantasías, mentiras y simulacros.

A través de la histeria de la pareja, se monta una mentira con visos de realidad,  que termina con la verdad del abogado madrileño de la tía del escritor, y ante las luces del coche de la policía que escolta a los enamorados, seguramente a un lugar mucho más real y vigilado.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Mientras duermes, Luis Tosar se mete debajo de tu cama


Normalmente las películas de pocos personajes y en sitios cerrados me suelen gustar mucho.

Si además metemos un sicópata, frío y calculador, que se justifica constantemente a sí mismo basándose en su infelicidad, la cosa va bien.

Si la escena inicial ya te parece buena, mejor aún.

Y si apenas calculas el tiempo que llevas de visión, todo debe de marchar estupendamente.

Un gran actor, sobradamente reconocido, como Luis Tosar, vuelve a rayar a una gran altura en Mientras duermes, que reúne muchas virtudes.

El portero César es un tipo que nos va cayendo cada vez peor y utilizamos la coletilla de ¡qué cabrón! a lo largo del desarrollo de la historia. Más que nada porque terminamos pensando en nuestro portero, o si en nuestra casa hay portero, o portera. ¿Será capaz nuestro portero de hacer eso?

La idea de que alguien esté debajo de nuestra cama por la noche aterra, y de que nos controle la vida y encima nos dé sonriente los buenos días.

La crueldad humana de César es la antítesis de las bondades de su vecina Clara, negativismo, destrucción, contra alegría y luz.

Es aclaratorio en este punto la distinta forma que en la primera escena tienen uno y otra de levantarse.

Mientras duermes va in crescendo, pero sin pausa, enseguida sabemos con quién estamos tratando. Y cuando la niña chantajista le pide un dinero a Tosar, ya sabemos que aquí hay algo oscuro y perverso.

Tener las llaves de todos los pisos de la comunidad es peligroso, tener una vecina guapa y sonriente es peligroso para una persona que es infeliz viendo felicidad a su lado. Si yo soy infeliz, los demás tienen que serlo, y sólo porque así yo me sentiré un poco mejor.

Respecto a los "fallos" que se podrían achacar a Mientras duermes, en mi opinión son todos, digamos, policiales. Dicho de otro modo, la policía en la vida real la suponemos más inteligente.

Y el azar también corre a favor de nuestro César, así que no nos queda más remedio que dar la enhorabuena a esta gran película de terror sicológico de Jaume Balagueró.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Midnight in París, Woody Allen nos lleva al pasado para cambiar nuestro presente



A todos nos ha pasado encontrarnos fuera de sitio en nuestro propio mundo, en nuestro propio presente. Y muchas veces hemos soñado ser un guerrero vikingo, o un indio, o un apostador en un western, etc.

Pues en Midnight in París Woody Allen nos da la oportunidad de transportarnos en el tiempo, mejor dicho, se la da a Gil, Owen Wilson, su alter- ego en esta historia, que cada medianoche en París viaja a los célebres años 20 de la mano de personajes históricos y míticos del arte, e incluso a la Bélle Époque, en un, digamos, segundo escalón del sueño.

La magia en las películas de Woody no es tan extraña. Digamos que una de sus mejores películas, Zelig, parte de una idea totalmente increíble. Y pasa lo mismo en Midnight, todavía más, si cabe.

Así que en el fondo nos encontramos al genio neoyorquino en su salsa y con sus temas recurrentes, una pareja que no funciona, un tío en crisis existencial y creativa, unas chicas solitarias que necesitan ayuda en forma de amor, y una ciudad con embrujo, como antes podía ser Nueva York, y ahora es París. Y por supuesto al tipo pedante y competitivo, al triunfador, antítesis de Allen, con el que Gil tiene más de una palabra a lo largo de la película.

Gil rezuma ternura, Owen Wilson es un actor más guapo que Allen, pero hace el papel de Woody. Y lo hace bien, muy bien. Se trata de un guionista de éxito en Hollywood, pero que quiere escribir una verdadera buena novela. Y tendrá la suerte de pasearla entre la flor y nata de la intelectualidad parisina de 1920: Hemingway, Scott Fizgerald, Picaso, Dali, Buñuel, etc

El tío traba amistad con estos genios de la cultura y lo hace en plan de amigo, lo que todavía da un toque más chocante al film. Y hasta se permite la osadía de enamorarse de la amante de turno de Picaso, entusiasta de la Bélle Époque.

Pero las cosas no son tan sencillas ni siquiera en el pasado y aunque cualquier tiempo pasado fuese mejor, resulta que cualquier vendedora de antigüedades tiene el mismo o mayor encanto que Marion Cotillard. Y París bajo la lluvia es lo más bonito que hay. Sobre todo si cuando suenan las campanas de la medianoche aparece un coche antiguo desde el que te dicen: ¡Eh, joven¡ ¡sí, usted, suba, suba…!

domingo, 28 de agosto de 2011

El vuelo del Fénix, Mcgiver alemán y piloto americano para la supervivencia



Que Aldrich confie la dirección técnica de la supervivencia tras un accidente de un avión de americanos a un ingeniero alemán en época de Guerra Fría es por lo menos curioso. Y que la película fuera nominada a dos Oscars también.


Y es que El vuelo del Fénix es ante todo una película de supervivencia que podría considerarse como un anticipo de las películas de los 70 sobre catástrofes. De hecho, algunos de los actores se convirtieron en grandes protagonistas de ese tipo de obras, por ej, Ernest Borgnine.


La odisea de unos pasajeros de un avión que tiene un accidente en el desierto por una tormenta de arena es el tema de la película. Bueno no, el tema es el resurgir de las cenizas, como el ave Fénix. Se trata de levantar el vuelo.



Los actores son todos hombres, ninguna mujer, quizá para reflejar más el ambiente cerrado y de angustia de los supervivientes.


La historia empieza con un sol y termina con un sol, las quemaduras son imprescindibles, igual que la sombra que proyecta una sombrilla al lado del avión. Están encerrados en ese desierto, las ideas se desvanecen con el calor, algunos, incluso, se aventuran a intentar escapar andando.


Como en casi todas las movies de Aldrich, la sicología juega un papel tan importante como la aventura. Van de la mano.


Hombres de muy distinto calado se han juntado aquí y tienen que idear una forma de escapar de la pesadilla. Nos encontramos con el desleal sargento, el desequilibrado, el doctor bueno, el militar celosamente reglamentario, y también con el prototipo de héroe americano, James Stewart, con esa tozudez que le caracteriza y no le permite reconocer un poco su ocaso y la llegada de jóvenes con ideas, y que “las computadoras serán el futuro”. Lo paradójico es que estos nuevos jóvenes sean alemanes.


El cerebro del resurgimiento es un alemán, sí, frío, calculador, casi tan calculador que no piensa en las posibles bajas, sólo en el objetivo final: hacer volar el avión con los restos del avión accidentado. Hay que racionar el agua, hay que hacer casi una Excel para ver cómo va el consumo, hay que medir las fuerzas, hay que cumplir el programa. Y para eso el alemán es el idóneo. El americano, el piloto Towns, ya hará volar el avión cuando todo este listo, pero por lo demás, es Dorfmann, el alemán, el líder, un Mcgiver que saca oro de las piedras.


Lo más lógico hubiera sido que el avión no funcionase si ésta hubiese sido una historia real, se trata simplemente de una cuestión de porcentajes, las posibilidades son escasas. Pero, claro, estamos en el cine triunfalista americano y la cosa tenía que volar, tan bien, por cierto, que hasta los de la base petrolífera se quedan atónitos y no saben por dónde les vienen.


No obstante, nada que objetar a este film. Es bueno. Es entretenido. Y es curioso. Con unos actores consagrados.

Y es que Aldrich no tiene nada de bromista.

domingo, 21 de agosto de 2011

Liberate i pesci!, comedia italiana de Cristina Comencini



Cine italiano actual con la característica de un humor corrosivo impregnando toda la historia, plantea diversas situaciones que la convierten en una película de muchos personajes unidos todos por la figura de un padre mafioso que trafica con droga y que se lleva bastante mal con todo el mundo.

Nos encontramos así con el boss de Lecce, ciudad italiana a dónde regresa su hijo Giovanni  de USA con una chica de la misma ciudad, embarazada y conocida de la familia.

Siempre se dice que las ciudades pequeñas son como un pueblo, y en un pueblo, ¿quién no iba a conocer al jefe mafioso que es Michele Verrio, y a su amante ex soprano Lunetta? La familia de la chica, Sabina, también le conoce y, lógicamente, no les hace ni puñetera gracia emparentar con el Al Capone local.

Con lío monetario de por medio, la película intenta arrancarnos alguna sonrisa, pero se trata de un humor agridulce, y raro es lograr una buena carcajada.

Hay un conato de diferenciar dos generaciones, pero lo único que queda claro es que Giovanni se rige por valores diferentes a los de su padre y no siente el ansia de su progenitor por el dinero. Así que la pareja se volverá a USA, huyendo de la locura del padre, que parece tener más vidas que un gato, hasta que los hermanos siameses rusos se cansan de tanta mentira y desorganización.

El título Liberad a los peces está en relación con la pecera que tiene el magnate en su casa con destino a la cocina, o sea, los peces son cocinados por antojos de Michele, que en un momento de su ataque cardiaco quiere liberarlos. Aunque más bien creo que los peces son la pareja joven y Verrio se da cuenta, por fin, de que tiene que liberarlos de la pecera en la que ha tenido siempre a toda su familia y a si mismo.

La representación de la Aida de Verdi en la ciudad, patrocinada por Verrio y organizada por su amante Lunetta, es el contexto de la historia, pero queda como algo casi circunstancial, justificado tan sólo por ser la oportunidad para el último tráfico de droga de Michele.

Novísimo cine italiano buscando otras alternativas, no llega sin embargo a quedarse más que en una comedia prescindible,  en la que brillan, eso sí, sus intérpretes.

sábado, 20 de agosto de 2011

"El último atardecer", Aldrich hace un western sicológico más que solvente



“El último atardecer” es un western con un contenido emocional denso que aúna bien el espíritu de aventura de las películas del género con un cierto intimismo de los personajes, lo que le dota de una fuerza bastante importante.

Robert Aldrich aprovecha el talento de dos grandes actores, como son Rock Hudson (Stribiling) y Kirk Douglas (O´Malley), para deleitarnos con un western de tintes clásicos,  pero con un tratamiento más perfecto de la sicología de los protagonistas.

A ellos se les unen las mujeres, madre (Dorothy Malone) e hija (Carol Linley).  Ambas terminarán formando pareja con los hombres, una más duradera que la otra.

La conducción de ganado es el escenario elegido para plantearnos estas relaciones sentimentales que traen un bagaje complicado del pasado. Kirk Douglas es un asesino (O´Malley) perseguido por el sheriff Stribling (Rock Hudson) desde el principio de la película. De hecho, la escena inicial muestra un jinete cabalgando por un itinerario y al momento otro jinete pasando por el mismo sitio. Ya desde el principio se nos avanza que hay una persecución.

O´Malley llega a un rancho, cuya propietaria parece estarle esperando durante años. Sin embargo, también se advierte un cansancio en esa espera, lo cuál se corrobora luego. Esa mujer es Dorothy Malone (Belle), cuyo esposo, Joseph Cotten, es el propietario de los terneros que serán trasladados a Texas, un borrachín pendenciero, antiguo militar, que se meterá en un lío que dejará libre a Belle, afortunadamente para Rock Hudson.

O´Malley, como representante del lado oscuro, y Stribling, la parte buena, intentan conquistar a Belle, con el éxito del segundo. Hay una lucha amable entre los dos hombres, a pesar de que Hudson persigue a Douglas para entregarlo a la justicia. Es más, O´Malley le salvará la vida en las arenas movedizas a Stribling, si bien, cómo él mismo afirma, sólo porque Belle le necesita como capataz en el viaje del ganado.

La hija de Belle, Missy, se enamora de O´Malley, el mismo hombre que años atrás cautivara a su madre, y se pone el mismo vestido amarillo tantas veces recordado por el forajido.

Pero el tiempo ha pasado para todos, Belle ya no es la misma y busca un amor más maduro en lo sicológico y ahí está Rock Hudson, el héroe recto que no cambiará su idea de entregar a O´Malley a la justicia. Cómo éste se niega a ser entregado, ambos hombres se baten en un duelo final, en el que ciertamente ninguno está muy motivado. Tanto es así, que Douglas va a la muerte sin balas en su pequeño revólver, se resigna a su destino, suicidándose al ver que el tiempo ha cambiado lo que él amaba y que volver a intentarlo con una chica joven, que puede que sea su hija, ya no tiene mucho sentido.

Es el último atardecer para un Kirk Douglas que borda su papel, el de una persona complicada con destellos de bondad, como cuando recita poemas, y de maldad, como cuando casi estrangula al perro del rancho.

Rock Hudson también está muy bien, hay que decirlo, su papel es serio y lo afronta con responsabilidad.

Se trata en definitiva de una gran película del Oeste del director de ¿Qué fue de Baby Jane? o Canción de una para un cadáver, entre otras

¡Tenéis que verla!

domingo, 10 de julio de 2011

Blackthorn, Butch Cassidy quiere regresar a los USA.


Mateo Gil ofrece una visión muy personal de Butch Cassidy, el legendario bandido estadounidense, compañero de Sundance Kid, inmortalizados ambos  en el cine en “Dos hombres y un destino”, hasta tal punto que le convierte en una persona con un gran sentido ético y con una idea muy clara de la amistad, cosa que, personalmente, me choca, una vez leída la biografía de este traficante de caballos y ladrón internacional de bancos.

La película Blackthorn tiene un problema de partida y es que, aún sin pretenderlo,  es una segunda parte de la conocidísima y mítica Dos hombres y un destino, interpretada por Paul Newman y Robert Redford. Constantemente el espectador se encuentra con las imágenes del film de Roy Hill en su cabeza.

Planteada como una road movie, con una persecución constante, la introducción de las nuevas generaciones, representada por Eduardo Noriega en el papel de un ingeniero español que acaba de robar una mina en Bolivia, no tiene la fuerza necesaria para que nos olvidemos de aquella amistad tan entrañable de Newman y Redford.

Como western, Blactkhorn tiene muchas virtudes, tales como una excelente fotografía, una música muy acertada, los paisajes, los caballos, eso formalmente. Y en el fondo, también existen los típicos códigos de honor de las películas del Oeste, y las famosas traiciones de este género.

Pero, a mi modo de ver, tiene algunos defectos, el principal el ser deudora de una historia anterior, con la que se le compara irremediablemente, y formalmente,  un mal doblaje, por ejemplo.

Es una historia sobre la amistad y también sobre el paso del tiempo. Cassidy resulta ser más bueno de lo que se le supondría a un forajido de su calaña y las nuevas generaciones quedan mal paradas moralmente por la forma de proceder de Eduardo.

Creo, no obstante, que para tiempo de verano está muy bien y probablemente es de lo mejor que se puede ver ahora.

Rodada en el antiplano y con caballos, no debió ser fácil su realización, desde luego no para Eduardo Noriega; y un poco mejor lo debió de tener el intérprete de Butch (carnicero),  Sam Shepard, gran amante de los caballos.

Desde luego, que Kid y Cassidy murieran en Bolivia en 1908 no está nada claro y ha habido testimonios posteriores de personas cercanas que aseguran que Cassidy sobrevivió a aquello.
Si partimos de esa base, la película de Mateo Gil resulta bastante creíble. Y no negamos el evidente interés de algunas escenas y un resultado global aceptable, pero, repito, es una apuesta demasiado arriesgada, teniendo en cuenta los antecedentes cinematográficos que existen sobre esta pareja de malhechores estadounidenses.

martes, 5 de abril de 2011

“En un mundo mejor”, la educación como freno a la violencia



Susanne Bier nos deja la reflexión de que una buena educación puede evitar actos violentos y, también, que los golpes que nos da la vida son lo mejor para aprender.

Le pasará a Cristian en esta película; su proceso de aprendizaje le viene bien a cualquier ser humano.

Asimismo, surgirá el debate típico de si ponemos la otra mejilla ante el vulgar matón de barrio, o, si por el contrario, nos volvemos tan violentos y barriobajeros como ese matón y le hacemos frente utilizando su misma violencia.

La historia está bien tratada, con el paulatino crecimiento de la tensión y con personajes bien definidos sin ser estereotipos.

Un poco del argumento: Cristian se traslada a Dinamarca, tras la muerte por cáncer de su madre, a casa de su abuela y en el colegio conoce a Elías, un chico sueco maltratado por sus compañeros. Cristian le ayudará, porque él tiene mucha más determinación, y, sobre todo, mucha más rabia –está dolido por la muerte de su madre-. Posteriormente, ese acto de “venganza”, es repetido en su vida social y ambos llegarán a cometer una acción de la que se arrepentirán.

La discusión está servida: ojo por ojo, diente por diente, o moderación, educación, buenas maneras o devolver la otra mejilla.

Paralelamente, el mismo problema que se le plantea a Elías se le plantea a su padre en África dónde trabaja como médico y, curiosamente, ambos, padre e hijo, toman la misma decisión, enfrentarse al matón.

Pero en “En un mundo mejor” habría muchos más temas o muchas más cuestiones sobre las que debatir. Por ejemplo,  si hay que contrarrestar una acción de violencia con una violencia proporcional, si hay que tener en cuenta las posibles víctimas inocentes, etc.

La conclusión que yo he obtenido de la película es que hay que educar a los niños en la no violencia. Pero, cuidado, las instituciones podrían hacer bastante más. Es muy significativa la forma de actuar de los profesores del colegio: “Nos  alegramos de que hables, Elías”. Pero “teniendo en cuenta que ustedes (los padres de Elías) se están separando…”

En fin, en la sociedad, por desgracia, siempre habrá matones de barrio a los que te gustaría darles cuatro puñetazos, pero ¿qué sería de la civilización si todos fuésemos como ellos? 

¿Volvemos al antiguo Oeste o de verdad caminamos juntos hacia “un mundo mejor”?

Por cierto, la película ganó el Oscar a mejor película extranjera, y el Globo de Oro.

domingo, 3 de abril de 2011

“Cisne negro”, la búsqueda de la perfección puede conducir a la autodestrucción



Ello es evidente, porque la perfección no existe. Y es lo que le pasa a Nina en Black Swan, la película de Darren Aronofsky. No le ocurre, sin embargo, a nivel profesional, a la intérprete de Nina, Natalie Portman, que ganó el Oscar, con ciertas críticas posteriores de la bailarina que fue su doble en los platós.

Cisne negro es una buena película, bastante buena, pero no sé, creo que le falta una pizca de algo, no sé muy bien qué es, quizá pasión, probablemente la misma pasión de que adolece la escena lésbica entre Nina y su rival, Lily (Mila Kunis). No obstante, es de lo mejorcito del año, si no lo mejor.

Tratando de encontrar el lado oscuro de sí misma que le permita ser la protagonista de éxito de El lago de los cisnes, la bailarina de ballet Nina hará frente a su profesor de danza, Leroy, que le exige lo mejor de sí misma empleando los métodos que hagan falta, a su madre, y a la candidata a su papel de cisne negro, Lily, pero se olvida de una cosa, enfrentarse a sí misma y no salir derrotada de la batalla.

Le ocurre a mucha gente, nos ocurre a mucha gente, es un enfrentamiento a cara de perro con nosotros mismos en el que muchas veces salimos demasiado malparados.

Centrar la historia en el ballet tiene su atrevimiento, porque no sería, en principio, el marco que imaginamos para la autodestrucción, supuesta la fortaleza física y mental de unas personas cuyo sacrificio diario, con horas de entrenamiento excesivas muchas veces, está fuera de duda. Pero la  autodestrucción no tiene un marco definido, un contexto, puede darse en cualquier lugar y en cualquier persona. 

La frigidez de Nina será el defecto que, a base de que los demás se lo achaquen, le hará caer en una especie de pozo sin fondo. Cumplirá su aspiración, interpretará al Cisne Negro, pero el precio a pagar será demasiado alto. Aunque, bien pensado, ¿no es Nina tan profesional, tan competitiva que lo que le importa realmente es el resultado laboral sin pensar mucho en el personal? Ahí queda la pregunta. Juzguen ustedes mismos si van a ver El cisne negro.

sábado, 2 de abril de 2011

"Movie, movie", dos magistrales películas de Stanley Donen en una película


Movie, movie son en realidad dos películas de temas muy diferentes. Si la primera es buena, la segunda es buenísima.

Que  Stanley Donen es un consumado especialista del musical queda patente con la segunda historia Las bellezas de Baxter, en la que hace un ejercicio de ritmo vibrante que a mí, al menos, me ha dejado entusiasmado, he movido los pies en la butaca y me he emocionado cuando muere Baxter de esa rara enfermedad que tiene llamada Spencer y que afecta sólo a la gente del espectáculo.

La primera parte o movie es Manos de dinamita y es un homenaje a las cintas de boxeo clásico.
Harry Hamlin es Joe Popchick, un joven que va para abogado pero ante una enfermedad de su hermana en los ojos, decide meterse al boxeo para costearle una operación que puede curarla.
Cegado ante una bailarina de cabaret liada con una especie de gánster que se convierte en su interesado mánager, cometerá errores que subsanará después volviendo con su novia de siempre.

El nexo de unión de ambas películas es George C. Scott que se sale en su interpretación, primero de entrenador de boxeo legal de Popchick y después haciendo de Baxter en un papel, digamos que inolvidable. Si en la primera movie es Guantes, en la segunda es Botines Baxter. Y en ambas termina muriendo rodeado de la gente que le quiere, como un padre amadísimo. De hecho, esa es la imagen que transmite en toda la película, la del padre bueno.

Guantes entrenador de boxeo y Baxter empresario de musicales tienen muchas cosas en común pero la que predomina es la bondad, y la inteligencia.

Las mujeres están geniales: la estrella principal del espectáculo de Las bellezas de Baxter, la chica joven que le terminará sustituyendo, la novia del boxeador, en fin, todas.

Y de los números musicales ¡qué decir!, deslumbrantes, no olvidar el contable al piano o el cierre del espectáculo exitoso al final de la segunda Movie.


Resumiendo: magnífica película de Stanley Donen en 1978, ese fan de Fred Astaire con dinamita en el cuerpo y en las piernas, como demostró cuando le entregaron el Oscar honorífico a toda su carrera en 1998 y se puso a cantar Cheek to Cheek y a bailar claqué. Formidable.


Nosferatu, de Herzog, sobria revisión del espíritu del vampiro



Reconozco que no he visto la película de Murnau de 1922 y eso que es una obra cumbre dentro del cine. Pero no me hace falta para decir que este Nosferatu de Herzog es una excelente apuesta cinematográfica de obligada visión.

Nosferatu, el muerto-vivo, es Klaus Kinski y su actuación y caracterización es sobresaliente. Y su amada es Isabela Adjani en el papel de Lucy. Ambos son los protagonistas principales, sin olvidar a Bruno Ganz, Hutter, aventurero en los bosques de Transilvania, valiente, más bien temerario, que sucumbe ante el “maestro”, el jefe de los vampiros, el Conde Drácula.

La sobriedad es, en mi opinión, virtud de esta versión, la sobriedad, casi austeridad, reflejada en los escenarios, tan reales que da la impresión de que se han utilizado restos de castillos y no se ha tocado casi nada, lo cuál, en el fondo, moderniza este remake y lo hace creíble al máximo.

La introducción de las ratas y la peste bubónica conlleva la introducción del miedo colectivo en la ciudad, y cuando las instituciones han desaparecido -el alcalde ha muerto - entonces los apestados celebran sus comidas en medio de la plaza, porque ya están perdidos. Eso es lo que el vampiro hace en la sociedad, traer el miedo y la desorganización, en ese viaje en barco en ataúdes negros y velas rojas, como la sangre.

Otro aspecto que me gusta es la veracidad de los rostros de los gitanos de Transilvania. Se puede decir que en ese entorno se hace serio el ambiente de superstición, la creencia en los hijos de la noche que chupan la sangre de los que están vivos.

El castillo de Nosferatu es en principio un pequeño salón dónde Klaus Kinski intentará chupar la sangre de la herida de Hutter, eso en su interior; en su exterior, sobresale esa cripta oscura dónde el abogado descubrirá al conde en su sueño eterno.

Nosferatu es terrorífico, pero también es cierto que su delgadez extrema, su color blanco de muerto y sus ojos oscuros dan casi lástima. Está claro que ese hombre necesita la sangre humana. Reseñable también la posición casi horizontal de sus manos cuando ataca a sus víctimas, la principal Lucy. Ésta ya tiene un sueño premonitorio al principio del film, un murciélago muy negro envuelto en neblina desplegando sus alas.

¡Hay tantas razones para considerar una obra de referencia a esta película! Por ejemplo, la música, Wagner entre otros, otro ejemplo, los cuadros de El Bosco, otro, esos edificios, esa ciudad acabada por la peste y sufriendo la locura del terror de algo extraño y desconocido.

A diferencia de otras pelís vampirescas en las que se aísla a la víctima para sentir el temor, aquí es el miedo colectivo lo principal. Una escena muy representativa de esto es la llegada del barco a Wismark con el capitán atado al timón y muerto y una niñita abajo tosiendo.

Van Helsing es aquí un viejo doctor aferrado a la ciencia que no quiere reconocer que algo raro está pasando hasta el final, cuando ya el matrimonio Hutter ha sido “mordido” por el murciélago jefe. Entonces clavará la estaca y será detenido por ello, sin cárcel para ser recluido debido a la aniquilación de la ciudad.

No todo acaba con esa estaca. Hutter acabará huyendo a caballo en una llanura marrón interminable… ¿No tenemos todos algo de vampiros?

jueves, 31 de marzo de 2011

La escalera, Stanley Donen abordando las relaciones de pareja


Que se trate de una pareja gay madura no creo yo que sea realmente el tema de esta película, que cuenta con dos grandes actores, Rex Harrison y Richard Burton. Y el hecho de que esos actores representen personajes con bastante pluma, tampoco. Es decir, no se trata de abordar las relaciones homosexuales ni se trata de un cine gay, es más bien una manera de abordar los entresijos de las relaciones humanas con afecto entre dos personas y el deterioro que sufre ese afecto  con el paso de los años.

Para mí, gran película, a pesar de que he leído que fue un fracaso de taquilla y un fracaso para su director, que no pienso que tenga mucho que demostrar en el mundo del cine a esas alturas de su carrera.

Charlie y Harry se maltratan, más el primero al segundo que al revés, de hecho pienso que la relación se sostiene gracias a la fuerza de Harry que, en el rol femenino, demuestra una mayor madurez que Charlie.

Son dos peluqueros y la película casi empieza así, con los dos en la peluquería arreglándose el uno al otro. Harry (Richard Burton) tiene el problema de la alopecia, y más, tiene a su madre en cama con artritis, y más, tiene que aguantar a Charlie, que le abandona la noche que le apetece para tener sus aventurillas gays (que nunca se ven, salvo en una ocasión). Harry limpia el piso, Harry atiende a su madre, Harry limpia el baño. Charlie ha estado casado y tiene una hija, pero también aguanta a Harry y además está pendiente de un juicio por armar escándalo en un pub, o sea, por travestirse de mujer.

Los diálogos son muy inteligentes, los de ambos, en ese maltrato al que se someten, repito más por parte de Charlie(Rex Harrison) que asume el rol del hombre.

Para mí, de las mejores fases ( y utilizo esta palabra porque es usada por uno de los personajes para atormentar al otro: “Ahora estás en la fase de …”) de toda la película es la fase del cementerio y la fase de la velada alcohólica de Charlie con un prostituto en el mismo piso en el que la pareja convive con la madre de Harry. Son las fases de mayor autodestrucción de los dos, pero ambos saben salir de ahí para subir la escalera –el camino juntos al juicio de Charlie lo representa- de una vida compartida durante 30, -en este caso-, o 40, o 50, -da igual- que les conducirá a la muerte, o sea, la escalera de la vida.

Enlace al vídeo de la película en youtube

Sucker Punch, chicas guapas ejercitando los puños




Yo me quedo con la música de esta película, que nos inserta a los Beatles o Annie Lennox , pero también a Mozart, en un burdel o en unas trincheras parecidas a las de una Guerra Mundial.

Sí, como la historia se desarrolla en una especie de sueño de una chica, los escenarios, y los personajes, y los monstruos, son de lo más variopinto.

Sucker Punch, la última de Zack Snyder, reúne un conglomerado de intenciones y utiliza una multitud de fuentes cinematográficas o literarias, pero el resultado se limita a la traslación a la pantalla de un gran cómic o videojuego visualmente poderoso, pero emotivamente flojo.

Bebiendo de los clásicos de la ciencia ficción –hay máquinas que recuerdan directamente al computador de 2001, una odisea del espacio-, de las novelas B de heroínas, y de tantos otros manantiales, nos encontramos con una pesadilla con final relativamente feliz.

Hay machismo, de hecho los protagonistas masculinos, son odiosos a más no poder, todos menos uno. Nos encontramos dueño del burdel, alcalde con puro, cocinero grasiento. Muy mal parados salimos los hombres.

Las mujeres tienen mejor imagen, mejores piernas y son más listas.

Los monstruos dejan de sorprenderme y todos se asemejan a dragones.

Creo que la película funcionará bien para un público determinado, adolescente, digámoslo claro, pero no me imagino yo a una maruja de 55 años ilusionándose con esta creación (aunque claro, todo es posible).

jueves, 24 de febrero de 2011

Valor de ley, un western muy logrado de los Cohen



A mí me ha gustado mucho este Valor de Ley del 2011.

Tres personajes, en busca de un forajido que ha matado al padre de una chica de 14 años, Mattie, actúan en honor al sentido de lo justo, encontrándose al final con una aventura que perdurará en su recuerdo al cabo de medio siglo.

Esto es un western, al estilo clásico, con un humor de esta época. Me he reído -lo reconozco-, cuando unos condenados a la horca están hablando de reinserción y una voz en el público les espeta algo así como “Cállate llorica”. “En este público hay personas peores que yo”, dice uno de los que van a ahorcar, y entre el gentío se oye una sonora carcajada. ¿Es este el típico humor de los Cohen? Pues quizá sí, y me gusta, haría un –me gusta- en el cajetín correspondiente del facebook.

Pero más allá de gustos puntuales, Valor de Ley, de los hermanos Cohen, es muy buena, y, por favor, que no se compare demasiado con el original de Hathaway, un director, a mi modo de ver, minusvalorado en algunos momentos, con grandes películas, tipo Niágara por ejemplo.

Lo primero que llama la atención de Valor de Ley es lo cabezones que son sus tres protagonistas principales, la chica, el viejo sheriff Rooster y el tejano. Esta niña, de 14 años, tiene un par de h que ya los quisiéramos muchos, es una negociadora, una regateadora valiente, con decisión y con poco miedo a nada. Pero es que el alguacil, encarnado magníficamente por el nominado Jeff Bridges, también se las trae. E incluso Matt Damon (La Boeuf), el ránger de Texas es, como poco, persistente en su caza y captura del asesino.

Hay escenas de una fuerza y emoción, - y digo, emoción, porque he leído por ahí que este remake carece de emoción- bastante considerable. Ejemplo: Mattie en el río con su caballo intentando unirse a Rooster y a La Boeuf, pasándolas canutas, y los otros dos, allí, mirando desafiantes pensando algo así como “esta niña cabezona y pesada, lo va a conseguir”

Cierto que ayuda a esta historia la definición sicológica de los tres bastiones del film, son “tíos” que se recuerdan. Mattie, por su asombroso deseo de hacer justicia, de vengarse, por su tozudez, por el desparpajo con el que se desenvuelve en un mundo tan hostil como debía ser aquel. Rooster, porque es el “viejo pirata truhán capitán” de vuelta un poco de todo, con un estupendo manejo del revólver cuando está sereno , el abuelo, y La Boeuf porque por fin disparará el tiro que le redima de su inseguridad.

Los tres hallarán después de esta aventura una madurez que no tenían antes. De eso se trata a la par que nos hacen pasar un rato divertido, tenso en ocasiones , transportándonos  de nuevo a esas antiguas películas del Oeste con buenos que no son tan buenos y malos, algo desequilibrados , que no son tan malos.


Una de las críticas que más me ha gustado de Valor de Ley es la de tublogdecine. La recomiendo.