jueves, 31 de marzo de 2011

La escalera, Stanley Donen abordando las relaciones de pareja


Que se trate de una pareja gay madura no creo yo que sea realmente el tema de esta película, que cuenta con dos grandes actores, Rex Harrison y Richard Burton. Y el hecho de que esos actores representen personajes con bastante pluma, tampoco. Es decir, no se trata de abordar las relaciones homosexuales ni se trata de un cine gay, es más bien una manera de abordar los entresijos de las relaciones humanas con afecto entre dos personas y el deterioro que sufre ese afecto  con el paso de los años.

Para mí, gran película, a pesar de que he leído que fue un fracaso de taquilla y un fracaso para su director, que no pienso que tenga mucho que demostrar en el mundo del cine a esas alturas de su carrera.

Charlie y Harry se maltratan, más el primero al segundo que al revés, de hecho pienso que la relación se sostiene gracias a la fuerza de Harry que, en el rol femenino, demuestra una mayor madurez que Charlie.

Son dos peluqueros y la película casi empieza así, con los dos en la peluquería arreglándose el uno al otro. Harry (Richard Burton) tiene el problema de la alopecia, y más, tiene a su madre en cama con artritis, y más, tiene que aguantar a Charlie, que le abandona la noche que le apetece para tener sus aventurillas gays (que nunca se ven, salvo en una ocasión). Harry limpia el piso, Harry atiende a su madre, Harry limpia el baño. Charlie ha estado casado y tiene una hija, pero también aguanta a Harry y además está pendiente de un juicio por armar escándalo en un pub, o sea, por travestirse de mujer.

Los diálogos son muy inteligentes, los de ambos, en ese maltrato al que se someten, repito más por parte de Charlie(Rex Harrison) que asume el rol del hombre.

Para mí, de las mejores fases ( y utilizo esta palabra porque es usada por uno de los personajes para atormentar al otro: “Ahora estás en la fase de …”) de toda la película es la fase del cementerio y la fase de la velada alcohólica de Charlie con un prostituto en el mismo piso en el que la pareja convive con la madre de Harry. Son las fases de mayor autodestrucción de los dos, pero ambos saben salir de ahí para subir la escalera –el camino juntos al juicio de Charlie lo representa- de una vida compartida durante 30, -en este caso-, o 40, o 50, -da igual- que les conducirá a la muerte, o sea, la escalera de la vida.

Enlace al vídeo de la película en youtube

Sucker Punch, chicas guapas ejercitando los puños




Yo me quedo con la música de esta película, que nos inserta a los Beatles o Annie Lennox , pero también a Mozart, en un burdel o en unas trincheras parecidas a las de una Guerra Mundial.

Sí, como la historia se desarrolla en una especie de sueño de una chica, los escenarios, y los personajes, y los monstruos, son de lo más variopinto.

Sucker Punch, la última de Zack Snyder, reúne un conglomerado de intenciones y utiliza una multitud de fuentes cinematográficas o literarias, pero el resultado se limita a la traslación a la pantalla de un gran cómic o videojuego visualmente poderoso, pero emotivamente flojo.

Bebiendo de los clásicos de la ciencia ficción –hay máquinas que recuerdan directamente al computador de 2001, una odisea del espacio-, de las novelas B de heroínas, y de tantos otros manantiales, nos encontramos con una pesadilla con final relativamente feliz.

Hay machismo, de hecho los protagonistas masculinos, son odiosos a más no poder, todos menos uno. Nos encontramos dueño del burdel, alcalde con puro, cocinero grasiento. Muy mal parados salimos los hombres.

Las mujeres tienen mejor imagen, mejores piernas y son más listas.

Los monstruos dejan de sorprenderme y todos se asemejan a dragones.

Creo que la película funcionará bien para un público determinado, adolescente, digámoslo claro, pero no me imagino yo a una maruja de 55 años ilusionándose con esta creación (aunque claro, todo es posible).