martes, 5 de abril de 2011

“En un mundo mejor”, la educación como freno a la violencia



Susanne Bier nos deja la reflexión de que una buena educación puede evitar actos violentos y, también, que los golpes que nos da la vida son lo mejor para aprender.

Le pasará a Cristian en esta película; su proceso de aprendizaje le viene bien a cualquier ser humano.

Asimismo, surgirá el debate típico de si ponemos la otra mejilla ante el vulgar matón de barrio, o, si por el contrario, nos volvemos tan violentos y barriobajeros como ese matón y le hacemos frente utilizando su misma violencia.

La historia está bien tratada, con el paulatino crecimiento de la tensión y con personajes bien definidos sin ser estereotipos.

Un poco del argumento: Cristian se traslada a Dinamarca, tras la muerte por cáncer de su madre, a casa de su abuela y en el colegio conoce a Elías, un chico sueco maltratado por sus compañeros. Cristian le ayudará, porque él tiene mucha más determinación, y, sobre todo, mucha más rabia –está dolido por la muerte de su madre-. Posteriormente, ese acto de “venganza”, es repetido en su vida social y ambos llegarán a cometer una acción de la que se arrepentirán.

La discusión está servida: ojo por ojo, diente por diente, o moderación, educación, buenas maneras o devolver la otra mejilla.

Paralelamente, el mismo problema que se le plantea a Elías se le plantea a su padre en África dónde trabaja como médico y, curiosamente, ambos, padre e hijo, toman la misma decisión, enfrentarse al matón.

Pero en “En un mundo mejor” habría muchos más temas o muchas más cuestiones sobre las que debatir. Por ejemplo,  si hay que contrarrestar una acción de violencia con una violencia proporcional, si hay que tener en cuenta las posibles víctimas inocentes, etc.

La conclusión que yo he obtenido de la película es que hay que educar a los niños en la no violencia. Pero, cuidado, las instituciones podrían hacer bastante más. Es muy significativa la forma de actuar de los profesores del colegio: “Nos  alegramos de que hables, Elías”. Pero “teniendo en cuenta que ustedes (los padres de Elías) se están separando…”

En fin, en la sociedad, por desgracia, siempre habrá matones de barrio a los que te gustaría darles cuatro puñetazos, pero ¿qué sería de la civilización si todos fuésemos como ellos? 

¿Volvemos al antiguo Oeste o de verdad caminamos juntos hacia “un mundo mejor”?

Por cierto, la película ganó el Oscar a mejor película extranjera, y el Globo de Oro.

domingo, 3 de abril de 2011

“Cisne negro”, la búsqueda de la perfección puede conducir a la autodestrucción



Ello es evidente, porque la perfección no existe. Y es lo que le pasa a Nina en Black Swan, la película de Darren Aronofsky. No le ocurre, sin embargo, a nivel profesional, a la intérprete de Nina, Natalie Portman, que ganó el Oscar, con ciertas críticas posteriores de la bailarina que fue su doble en los platós.

Cisne negro es una buena película, bastante buena, pero no sé, creo que le falta una pizca de algo, no sé muy bien qué es, quizá pasión, probablemente la misma pasión de que adolece la escena lésbica entre Nina y su rival, Lily (Mila Kunis). No obstante, es de lo mejorcito del año, si no lo mejor.

Tratando de encontrar el lado oscuro de sí misma que le permita ser la protagonista de éxito de El lago de los cisnes, la bailarina de ballet Nina hará frente a su profesor de danza, Leroy, que le exige lo mejor de sí misma empleando los métodos que hagan falta, a su madre, y a la candidata a su papel de cisne negro, Lily, pero se olvida de una cosa, enfrentarse a sí misma y no salir derrotada de la batalla.

Le ocurre a mucha gente, nos ocurre a mucha gente, es un enfrentamiento a cara de perro con nosotros mismos en el que muchas veces salimos demasiado malparados.

Centrar la historia en el ballet tiene su atrevimiento, porque no sería, en principio, el marco que imaginamos para la autodestrucción, supuesta la fortaleza física y mental de unas personas cuyo sacrificio diario, con horas de entrenamiento excesivas muchas veces, está fuera de duda. Pero la  autodestrucción no tiene un marco definido, un contexto, puede darse en cualquier lugar y en cualquier persona. 

La frigidez de Nina será el defecto que, a base de que los demás se lo achaquen, le hará caer en una especie de pozo sin fondo. Cumplirá su aspiración, interpretará al Cisne Negro, pero el precio a pagar será demasiado alto. Aunque, bien pensado, ¿no es Nina tan profesional, tan competitiva que lo que le importa realmente es el resultado laboral sin pensar mucho en el personal? Ahí queda la pregunta. Juzguen ustedes mismos si van a ver El cisne negro.

sábado, 2 de abril de 2011

"Movie, movie", dos magistrales películas de Stanley Donen en una película


Movie, movie son en realidad dos películas de temas muy diferentes. Si la primera es buena, la segunda es buenísima.

Que  Stanley Donen es un consumado especialista del musical queda patente con la segunda historia Las bellezas de Baxter, en la que hace un ejercicio de ritmo vibrante que a mí, al menos, me ha dejado entusiasmado, he movido los pies en la butaca y me he emocionado cuando muere Baxter de esa rara enfermedad que tiene llamada Spencer y que afecta sólo a la gente del espectáculo.

La primera parte o movie es Manos de dinamita y es un homenaje a las cintas de boxeo clásico.
Harry Hamlin es Joe Popchick, un joven que va para abogado pero ante una enfermedad de su hermana en los ojos, decide meterse al boxeo para costearle una operación que puede curarla.
Cegado ante una bailarina de cabaret liada con una especie de gánster que se convierte en su interesado mánager, cometerá errores que subsanará después volviendo con su novia de siempre.

El nexo de unión de ambas películas es George C. Scott que se sale en su interpretación, primero de entrenador de boxeo legal de Popchick y después haciendo de Baxter en un papel, digamos que inolvidable. Si en la primera movie es Guantes, en la segunda es Botines Baxter. Y en ambas termina muriendo rodeado de la gente que le quiere, como un padre amadísimo. De hecho, esa es la imagen que transmite en toda la película, la del padre bueno.

Guantes entrenador de boxeo y Baxter empresario de musicales tienen muchas cosas en común pero la que predomina es la bondad, y la inteligencia.

Las mujeres están geniales: la estrella principal del espectáculo de Las bellezas de Baxter, la chica joven que le terminará sustituyendo, la novia del boxeador, en fin, todas.

Y de los números musicales ¡qué decir!, deslumbrantes, no olvidar el contable al piano o el cierre del espectáculo exitoso al final de la segunda Movie.


Resumiendo: magnífica película de Stanley Donen en 1978, ese fan de Fred Astaire con dinamita en el cuerpo y en las piernas, como demostró cuando le entregaron el Oscar honorífico a toda su carrera en 1998 y se puso a cantar Cheek to Cheek y a bailar claqué. Formidable.


Nosferatu, de Herzog, sobria revisión del espíritu del vampiro



Reconozco que no he visto la película de Murnau de 1922 y eso que es una obra cumbre dentro del cine. Pero no me hace falta para decir que este Nosferatu de Herzog es una excelente apuesta cinematográfica de obligada visión.

Nosferatu, el muerto-vivo, es Klaus Kinski y su actuación y caracterización es sobresaliente. Y su amada es Isabela Adjani en el papel de Lucy. Ambos son los protagonistas principales, sin olvidar a Bruno Ganz, Hutter, aventurero en los bosques de Transilvania, valiente, más bien temerario, que sucumbe ante el “maestro”, el jefe de los vampiros, el Conde Drácula.

La sobriedad es, en mi opinión, virtud de esta versión, la sobriedad, casi austeridad, reflejada en los escenarios, tan reales que da la impresión de que se han utilizado restos de castillos y no se ha tocado casi nada, lo cuál, en el fondo, moderniza este remake y lo hace creíble al máximo.

La introducción de las ratas y la peste bubónica conlleva la introducción del miedo colectivo en la ciudad, y cuando las instituciones han desaparecido -el alcalde ha muerto - entonces los apestados celebran sus comidas en medio de la plaza, porque ya están perdidos. Eso es lo que el vampiro hace en la sociedad, traer el miedo y la desorganización, en ese viaje en barco en ataúdes negros y velas rojas, como la sangre.

Otro aspecto que me gusta es la veracidad de los rostros de los gitanos de Transilvania. Se puede decir que en ese entorno se hace serio el ambiente de superstición, la creencia en los hijos de la noche que chupan la sangre de los que están vivos.

El castillo de Nosferatu es en principio un pequeño salón dónde Klaus Kinski intentará chupar la sangre de la herida de Hutter, eso en su interior; en su exterior, sobresale esa cripta oscura dónde el abogado descubrirá al conde en su sueño eterno.

Nosferatu es terrorífico, pero también es cierto que su delgadez extrema, su color blanco de muerto y sus ojos oscuros dan casi lástima. Está claro que ese hombre necesita la sangre humana. Reseñable también la posición casi horizontal de sus manos cuando ataca a sus víctimas, la principal Lucy. Ésta ya tiene un sueño premonitorio al principio del film, un murciélago muy negro envuelto en neblina desplegando sus alas.

¡Hay tantas razones para considerar una obra de referencia a esta película! Por ejemplo, la música, Wagner entre otros, otro ejemplo, los cuadros de El Bosco, otro, esos edificios, esa ciudad acabada por la peste y sufriendo la locura del terror de algo extraño y desconocido.

A diferencia de otras pelís vampirescas en las que se aísla a la víctima para sentir el temor, aquí es el miedo colectivo lo principal. Una escena muy representativa de esto es la llegada del barco a Wismark con el capitán atado al timón y muerto y una niñita abajo tosiendo.

Van Helsing es aquí un viejo doctor aferrado a la ciencia que no quiere reconocer que algo raro está pasando hasta el final, cuando ya el matrimonio Hutter ha sido “mordido” por el murciélago jefe. Entonces clavará la estaca y será detenido por ello, sin cárcel para ser recluido debido a la aniquilación de la ciudad.

No todo acaba con esa estaca. Hutter acabará huyendo a caballo en una llanura marrón interminable… ¿No tenemos todos algo de vampiros?