domingo, 10 de julio de 2011

Blackthorn, Butch Cassidy quiere regresar a los USA.


Mateo Gil ofrece una visión muy personal de Butch Cassidy, el legendario bandido estadounidense, compañero de Sundance Kid, inmortalizados ambos  en el cine en “Dos hombres y un destino”, hasta tal punto que le convierte en una persona con un gran sentido ético y con una idea muy clara de la amistad, cosa que, personalmente, me choca, una vez leída la biografía de este traficante de caballos y ladrón internacional de bancos.

La película Blackthorn tiene un problema de partida y es que, aún sin pretenderlo,  es una segunda parte de la conocidísima y mítica Dos hombres y un destino, interpretada por Paul Newman y Robert Redford. Constantemente el espectador se encuentra con las imágenes del film de Roy Hill en su cabeza.

Planteada como una road movie, con una persecución constante, la introducción de las nuevas generaciones, representada por Eduardo Noriega en el papel de un ingeniero español que acaba de robar una mina en Bolivia, no tiene la fuerza necesaria para que nos olvidemos de aquella amistad tan entrañable de Newman y Redford.

Como western, Blactkhorn tiene muchas virtudes, tales como una excelente fotografía, una música muy acertada, los paisajes, los caballos, eso formalmente. Y en el fondo, también existen los típicos códigos de honor de las películas del Oeste, y las famosas traiciones de este género.

Pero, a mi modo de ver, tiene algunos defectos, el principal el ser deudora de una historia anterior, con la que se le compara irremediablemente, y formalmente,  un mal doblaje, por ejemplo.

Es una historia sobre la amistad y también sobre el paso del tiempo. Cassidy resulta ser más bueno de lo que se le supondría a un forajido de su calaña y las nuevas generaciones quedan mal paradas moralmente por la forma de proceder de Eduardo.

Creo, no obstante, que para tiempo de verano está muy bien y probablemente es de lo mejor que se puede ver ahora.

Rodada en el antiplano y con caballos, no debió ser fácil su realización, desde luego no para Eduardo Noriega; y un poco mejor lo debió de tener el intérprete de Butch (carnicero),  Sam Shepard, gran amante de los caballos.

Desde luego, que Kid y Cassidy murieran en Bolivia en 1908 no está nada claro y ha habido testimonios posteriores de personas cercanas que aseguran que Cassidy sobrevivió a aquello.
Si partimos de esa base, la película de Mateo Gil resulta bastante creíble. Y no negamos el evidente interés de algunas escenas y un resultado global aceptable, pero, repito, es una apuesta demasiado arriesgada, teniendo en cuenta los antecedentes cinematográficos que existen sobre esta pareja de malhechores estadounidenses.