sábado, 15 de diciembre de 2012

Rebelde sin causa, siempre hay alguien más rebelde que tú, James Dean





Lo primero que quiero decir de esta película es que el personaje de James Dean, el ejemplo cinematográfico de siempre de la rebeldía, no me parece tan rebelde. Podría decirse que Jim Stark es un tipo bastante seguro, maduro y que los tiene bien puestos. Siempre hay alguien más rebelde que tú, más rebelde que James Dean;  en este caso, Sal Mineo, Platón (curioso que le atribuyan el nombre del filósofo griego padre de tantas teorías de pensamiento).



Si de los 60 nos ha quedado en el recuerdo, entre otras muchas cosas, la etapa hippie, los Beatles o Elvis, de los 50 también nos queda, entre otras, Rebelde sin causa y James Dean. Porque esta película es todo un símbolo de la juventud de los 50 en USA.



Una de las primeras veces que pueden verse aventuras de jóvenes norteamericanos en un Instituto, con las taquillas de siempre, los coches tipo Grease de siempre y las peleas de siempre. Pero también es verdad que puede verse una de las primeras escenas de carreras automovilísticas suicidas, con resultado fatídico, y, por cierto, desencadenante de la trama final de la historia.



Jim, Judy y Platón forman un trío más que atrayente y curioso. Tres jóvenes en busca de sentirse amados. Pero, como en todo, en sus problemas afectivos también hay grados, y en ese aspecto, Platón es el menos amado, el que está más solo y por lo tanto el más rebelde. Siempre hay alguien más rebelde que tú, James Dean.


Reunidos por primera vez en la Comisaría Juvenil, dónde, a mi modo de ver, James Dean ofrece toda una lección de interpretación (y que no me vendan el cuento de su histrionismo), los tres jóvenes unirán sus destinos hacía una carrera que para Jim y Judy termina en el  amor y para Platón en la muerte.

El chulito de turno es Buzz, el otro gallo de pelea del Instituto, aunque seguramente su séquito de amigos son bastantes peores, como demuestran con su ánimo de venganza.


Escenas remarcables en Rebelde sin causa hay muchas, como la citada de la carrera, o la pelea navajera entre Buzz y Jim. Esas, en cuanto a acción. Porque de momentos dramáticos hay unas cuantas, como, por ejemplo, esa tan impresionante en la que James Dean agarra a su padre y lo zarandea hasta el sillón exigiéndole una actitud más fuerte ante su mujer, una madre castradora con Jim y dominante hasta anular a su esposo, que en el fondo, y mirándolo bien, es un buen hombre que quiere demasiado a su hijo y que respeta demasiado a una mujer insufrible. ¿Pusilánime? Pues sí, puede ser, pero ¿qué marido no lo es un poco?



Judy también tiene sus problemillas con su padre, que parece no quererla demasiado o verla ya como una mujer. Pero éstos son tratados más vagamente en la película. Lo que sí destaca del personaje de Natalie Wood es ser una auténtica provocadora, no ya una buscona, y más aún, Judy huele la sangre en la carrera y la disfruta, su cara de excitación ante lo que puede pasar es máxima. Diríamos que disfruta por la lucha de los dos jóvenes, Buzz y Jim, por ella.



Sin desgranar mucho más de Rebelde sin causa, yo terminaría diciendo que es una película imprescindible y que si nos abstraemos al verla de todos los mitos que posee (por la muerte prematura de Dean, o Mineo), se convierte en una obra de indudable calidad cinéfila.


De verdad, James Dean, siempre hay otros más rebeldes que nosotros mismos

viernes, 28 de septiembre de 2012

Solo ante el peligro (High Noon), un Gary Cooper grandioso en uno de los mejores westerns de la historia del cine




A la hora de la verdad, todos estamos bastante solos. Y a todos nos corre el sudor esperando que llegue la hora definitiva, el desenlace. En resumen, se puede decir que estamos tan solos ante el peligro en esta vida como Gary Cooper (el sheriff Will Kane). 

Fred Zinnemann logra con "Solo ante el peligro" combinar el suspense con el western de una forma magistral. De hecho, no estamos, ni mucho menos, ante el western clásico, con indios que aparecen en lo alto de las montañas y rodean a un grupo valeroso de vaqueros. Éste es un western sicológico en el que el héroe tiene dudas y lo pasa mal a medida que se acerca el tren de las 12. 

Todos le dejan solo, la primera, su mujer (Grace Kelly) que le promete irse en el tren. También su ex-amante (Kathy Jurado). Y su ayudante hasta ese momento. Y sus mejores amigos del pueblo. Y el viejo sheriff que le enseñó y fue su maestro durante mucho tiempo; sólo un joven de unos 14 años quiere ayudarle, y un borracho, pero eso a Kane no le iba a servir de mucha ayuda. 

En ese tren llega el temido forajido Frank Miller, al que Will Kane envió a la cárcel, pero que ha sido indultado y vuelve dispuesto a vengarse, con su panda de malhechores esperándole en Haydeville. 

La duración de la película casi coincide con esa hora y media en que se desarrolla todo. Kane se acaba de casar con su dulce y guapa mujer cuando corre por el pueblo la noticia de que Miller va a llegar para vengarse. Todos le aconsejan al sheriff que se vaya, pero él nunca ha huido de nadie y termina quedándose para afrontar el reto creyendo que podrá reclutar algunos hombres que le ayuden. Y eso es lo mejor de la película, la negativa de todo el mundo a ayudar al servidor de la justicia que hasta ahora ha mantenido limpia la ciudad. 


La espera es el gran atractivo de "Solo ante el peligro". Y vemos el reloj en varias ocasiones, nos agobiamos, se nos pone un nudo en la garganta pensando en lo que puede pasarle a este pobre hombre abandonado por todos.

La verdad es que la atmósfera de la película es asfixiante, y todos nos preguntamos si todo un pueblo, una ciudad, va a dejar morir a un hombre justo y valiente ante una banda de delincuentes. ¡Atajo de cobardes!, diríamos. 

Pero Gary Cooper es mucho Gary Cooper y se enfrenta a los bandidos cara a cara, uno por uno. Resulta herido, pero los cuatro terminan cayendo poco a poco. Su mujer baja del tren al final y también le ayuda, venciendo sus propios ideales morales por amor. Su ayuda es decisiva, la verdad, igual que la precisión con el révolver del sheriff. 

Cuando llegamos al final y todos respiramos tranquilos, Gary Cooper arroja la estrella al suelo. ¡Ese pueblo no me merece, seguramente nunca me mereció!

jueves, 27 de septiembre de 2012

Stella Dallas, de Vidor, ascender de clase social no siempre es posible




Película de 1937 de King Vidor, protagonizada por Barbara Stanwyck, se puede definir como un melodrama, en el que una mujer ve realizado su sueño de pertenecer a una clase social más alta, pero a través de su hija. Y esto es así porque ella misma carece del refinamiento y la clase que se suponen a dicha clase. 

Stella logra conquistar a un rico heredero, Steve, con la ilusión de "educarse", ir a fiestas e integrarse en una clase social más elevada. Pero Stella pronto ve que ella es más vulgar que esa clase a la que quiere pertenecer.


Stella y Steve tienen una hija, Laurel, en la que la madre pone todo el interés para que sea una mujer elegante y bien situada. El matrimonio se rompe por la incompatibilidad de caracteres, y Laurel visita a su padre en Nueva York, hasta que definitivamente el enlace termina en divorcio, y Laurel viviendo en casa de su padre y la nueva mujer de éste. 

La película destaca por la gran interpretación de Barbara Stanwyck en el papel de una mujer ambiciosa, que quiere salir de la pobreza. 

El mensaje que parece dejarnos Vidor es que ascender a otro escalón más alto de la sociedad no siempre resulta posible, sino que depende de la personalidad del sujeto o sujeta en cuestión.

Hay buenas escenas como aquella en la que las amigas de la hija de Stella se ríen de ésta y la critican por su atuendo y sus pintas. 

El amor madre-hija es mutuo, pero por encima de ese amor, Stella antepone el deseo de que su hija se eduque en una familia pudiente y con clase antes que con ella misma.

Curioso es el papel del amigo vulgar y borrachín de Stella, Ed, sobre todo porque nos sirve para encasillar socialmente a ésta última. Parece que Stella pertenece a ese mundo vulgar y de ninguna manera será bien recibida en un escalón superior.

En el vídeo se ve una escena divertida de Ed y Stella en la que extienden polvos pica-pica a los pasajeros del vagón, sólo para reírse un rato, una escena que King Vidor usa hábilmente para retratar la ordinariez de ambos personajes.

Escena final casi lacrimógena de la hija casándose con un joven pudiente y la madre viéndola escondida entre la gente en la calle. No obstante, al final la sonrisa de la Stanwick delata que ha triunfado y ha conseguido su sueño, aunque, eso sí, por medio de su hija.


miércoles, 26 de septiembre de 2012

Shame, la adicción al sexo en debate



¿Es vergonzoso ser adicto al sexo? He ahí la cuestión que se plantea en Shame. Su protagonista, Brandon, es un hombre joven, con buen trabajo, con un piso de diseño en New York, soltero, que dedica la mayor parte de su tiempo a tener sexo con mujeres, algunas veces prostitutas.

Punto de partida a mi parecer excelente para una película que, sin embargo, me defrauda un poco, porque la veo falta de pasión. Muchas escenas de sexo no conducen, sin embargo, a un acelerón de la líbido del espectador, al menos en mi caso.

Formalmente puede considerarse buena, pero le falta algo, quizá el trato frío del asunto nos lleva también a cierta frialdad al verla.

Aclamada por algún sector de la crítica, Shame no me parece tan vanguardista como algunos quieren hacernos ver. En todo caso, como casi siempre, habrá que esperar unos años para poder valorarla mejor y ver cómo evoluciona con el tiempo.

El actor principal, Michael Fassbender, logra transmitir, eso sí, esa especie de frío desasosiego del personaje, pero me imagino yo que un verdadero adicto al sexo será capaz, de hecho, casi seguro, de mutar ese rostro casi impasible cuando entra en calenturas. La escena del metro ligando con una chica, al principio tan sólo con la mirada, no me resulta demasiado creíble, echo a faltar la tensión propia de esos momentos de erotismo y sensualidad, y ¿por qué no decirlo? de morbo.

Sí que hay más grado de autodestrucción en una de las escenas finales en un pub gay, aunque esas luces rojas de pesadilla nos hagan pensar que entramos en el infierno.

La aportación a la historia de la hermana de Brandon, Sissy, es para recalcar la soledad de ambos personajes, el aislamiento, la falta de afectividad que probablemente tuvieron en la infancia, pero es un personaje mal definido, del que no sabemos demasiado, y que, para mí, no es el desenlace de la caída en picado de Brandon, ya que éste ya ha iniciado, antes de la aparición de la hermana, esa caída.

En cualquier caso, Shame, que con ese título ("verguenza"), ya nos adelanta una valoración moral de lo que supone ser una persona con demasiado sexo, es una obra que acierta a trasladarnos una visión pesimista de las relaciones sociales actuales, dónde hay personas que buscan el aislamiento y la soledad para poder dar rienda suelta en la práctica a sus deseos. ¿Es eso malo?, ¿hay que sentir vergüenza por ello?. Pues no lo sé, todo depende del tipo de vida que cada uno decida llevar.

martes, 17 de julio de 2012

La piel que habito, otro lujo de Almodóvar



Lujo escénico, lujo estético, lujo técnico y lujo de guión, a pesar de muchas tonterías que he leído por ahí. Eso es La piel que habito. Con la precisión del bisturí que usa Antonio Banderas Almodóvar nos crea el cuerpo perfecto de Elena Anaya bajo la supervisión de Marisa Paredes y la irrupción del hermano brasileño.

Es una película ante todo visual en la que Elena Anaya brilla como una estrella, aunque sea encerrada y secuestrada, y Antonio Banderas se luce como torturador-torturado.

Los diferentes flash backs que usa Pedro Almodóvar hacen que estemos entretenidos y atentos hasta el final.

Por supuesto, hay que ver La piel que habito. Y así nos damos cuenta de la evolución del cine del director manchego que es ya un director internacional y sin discusión, aunque muchos españoles se resistan a reconocerlo.

Ganadora del Premio Bafta y de cuatro Goyas, en ningún caso se puede decir que esta película sea grotesca, sino que es un auténtico homenaje a algunas obras de terror y suspense de serie B, entre otras cosas. Porque también mezcla otros géneros, como no podía ser menos en una historia enrevesada y difícil.

Pedro es valiente con La piel que habito. Y arriesga, sin importarle demasiado los palos que le puedan caer. Claro, él parte de la ventaja de ser alguien consagrado, pero también con la desventaja de ser Almodóvar, un director aclamado, cuyas creaciones se estudian en las Universidades, pero al que se exige muchísimo y del que se espera siempre una nueva vuelta de tuerca.

Y creo que él la da en La piel que habito.

Antonio Banderas demuestra que es un gran actor en un papel complicadísimo. A mi me convence. Le da una elegancia impagable al cirujano sicótico. Dicen algunos que está como ausente. Ni de coña. Al revés. Está presente en todo momento llevando el peso de la película y su actuación es magistral, tan magistral como la dirección de Pedro.

Yo busco en el cine quedar fascinado, sorprenderme. Y de nuevo Almodóvar vuelve a sorprenderme . No sé a vosotros

viernes, 13 de julio de 2012

Biutiful, un gran papel de Bardem en una película sobre la miseria



Biutiful va de menos a más, la primera hora me parece más floja que la siguiente hora y pico, en donde la historia parece querer centrarse, por fin, en el personaje principal que la sostiene, o sea, en el de Uxbal (Javier Bardem).

Criticada por el exceso de miseria que está en todas partes, Biutiful nos presenta la vida como algo demasiado amargo, pero no sólo la vida de Uxbal, sino casi todas las vidas. Porque ni siquiera aquí los niños sonríen –tampoco tienen muchos motivos-. 

¡Qué diferente esta Barcelona a la de Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen! En ambas interviene Bardem, pero mientras aquí su actuación es extraordinaria, en la de Allen es muy normalita.

Yo no diría que Biutiful es una mala película, en absoluto. Quizá sí es verdad que Iñárritu tendría que haber aprovechado mejor el talento de Bardem y el hecho de que es un actor que se mueve –de cine- en este tipo de películas sobre marginalidad, depresión, dolor, desgarro, muerte. Bueno, Bardem, se mueve bien en casi todos los ambientes, dicho sea de paso.

Pero es que en Biutiful parece que Javier se transforma en Uxbal de una manera casi total, perdió peso, está como demacrado, con barba y pelo largos, con esa mirada triste perdida en la negrura de una Barcelona más negra que nunca. Por eso ganó el Premio en Cannes al Mejor actor en 2010 y por eso estuvo nominado al Oscar, igual que la película, que estuvo nominada al Oscar a la mejor película extranjera representando a México.

Las historias sobre el taller chino, el trastorno bipolar de su mujer, la infidelidad del hermano, los africanos, y el policía joven chulesco, son más miseria que rodea a un personaje con un cáncer terminal. Ya es bastante.

Al final, la muerte se presenta como la única felicidad entre tanto dolor y creo que el director quiere hacérnoslo ver así en esa última escena en la que al fin Bardem sonríe un poco.

lunes, 9 de julio de 2012

Carmina o revienta, toque cutre para una historia inteligente y atrevida



La madre de Paco León hace de ella misma muy bien en Carmina o revienta, este homenaje que el actor hace a su familia y a su madre especialmente.

Soy sincero. Los primeros minutos de la película he pensado que era muy cutre, y lo sigo pensando. Pero cutre quiere decir pobre, sucio o de baja calidad. Y Carmina o revienta no es una historia de baja calidad.
Paco León se mete en la España profunda y sale de ella airoso, porque si algo no es esta película es artificial. Es dura, es humana, es fuerte, es atrevida y es inteligente.

Se podrá discutir si podrían haberse omitido algunas escenas. Algunos opinan que la del pedo que se convierte en caca podría ser totalmente prescindible. Yo creo que no. Porque el director precisamente creo que quiere hacer eso, quiere que comencemos riéndonos y terminemos casi en un drama, porque la historia de este país en la actualidad es un drama y la de muchos españoles como Carmina también.

El físico de Carmina es contundente, rotundo, y su interpretación igual. A veces estamos en un monólogo de la protagonista, otras veces en uno de su hija, otras en la del marido de Carmina. En fin, es como un documental en muchas fases pero con una trama bien explicada.

Carmina o revienta me parece un título muy apropiado. Esta mujer es un poco como el Lute, con tantas agallas y con muchas tablas para burlar a la policía.

Mezcla de película personal, social, de denuncia, comedia, drama. En definitiva, un proyecto muy ambicioso de León hecho desde muy dentro, con valor y arriesgando. Ahí es nada.

Sabrina, de Pollack, la difícil tarea de versionar una película mítica



Creo que Sidney Pollack fue totalmente consciente de que contar con un gran actor como Harrison Ford para el papel de Linus Larrabee no sería suficiente para que al ver su Sabrina no nos acordáramos de la Sabrina de Billy Wilder. Curioso que uno de los dioses del cine no se llevase más que el Oscar al mejor vestuario por esta fantástica historia de Samuel Taylor.

Pero, bueno, intentaremos olvidarnos de Bogart (Linus), de William Holden y de Audrey Hepburn, la primera, auténtica e inolvidable Sabrina de 1954. Advierto que no lo vamos a conseguir.

De la misma manera que el Nosferatu de Herzog no es como el primer Nosferatu y sin embargo no es en absoluto una mala película, la Sabrina de Pollack no es en absoluto una mala película. Elegante, manejando bien los tiempos, los actores, su único hándicap es siempre la comparación con el original. Porque contar con una buena historia para contar es siempre una ventaja. Y Sabrina es una buena, muy buena historia romántica.

La película de Billy Wilder es más comedia que la de Pollack. Éste trata de hacer, supongo yo, algo más acorde con su época, 1995, algo más romántico. Se dice que Bogart hizo Sabrina para no encasillarse en papeles de duro y que su relación con los demás actores fue pésima. No sé, realmente, qué pretendió Harrison Ford al hacer Sabrina, pero el caso es que fue valiente, y además imagino que sería extraordinariamente bien pagado. El protagonista de La guerra de las Galaxias y de Blade Runner, entre otras muchas, es un actor solvente en casi cualquier papel y hasta en esta Sabrina da la talla perfectamente. No diría yo lo mismo de los otros dos “implicados”. Me refiero a Julia Ormond (Sabrina) y Greg Kinnear (David Larrabee), que hacen lo que pueden para no ser engullidos por el recuerdo omnipresente de Holden y Hepburn.

Sea como fuese, hay muchísimas películas en las que yo no perdería el tiempo y sí en esta Sabrina de Pollack, porque ya tiene ganado el “morbo” de la curiosidad por ver cómo estarán sus protagonistas en comparación con ese trío mágico, cuenta con Ford y tampoco es que Sidney Pollack sea un director cómo para perdérselo.

Ah, me olvidaba. No cuento el argumento de Sabrina, porque muchos lo sabréis. Sólo una pequeña pincelada: Sabrina es una cenicienta con la suerte de tener dos príncipes

sábado, 7 de julio de 2012

La boda de Muriel, creciendo al ritmo del “Dancing Queen” de Abba



¿Muriel o Mariel?, esa es la cuestión. Si nos decantamos por Muriel, nuestra vida será gobernada por unos valores más auténticos que nos harán crecer, a lo mejor a ritmo de Abba, y aunque nuestra hermana nos repita constantemente: “Eres mala Muriel”. Si optamos por Mariel, elegimos la farsantía como modo de vida, el pensar siempre en nuestra apariencia de cara a los demás y en el triunfo de cara a la galería, cueste lo que cueste, aunque te cueste una familia, una mujer y una hija, que es lo que le pasa a Bill, el padre de Muriel.

Esta película australiana de 1994 de P.J. Hogan se ha convertido en una obra de culto. Empieza como una comedia, continúa casi como un drama y termina de la misma forma madura que alcanzan sus protagonistas, especialmente Muriel, aunque también su amiga Rhonda.

Muriel usa las mismas armas que su padre para hacerle una jugarreta que le lleva a convertirse en adulta y a encontrar la verdadera amistad. Ninguneada constantemente por su progenitor y por sus amigas, Muriel (Toni Collette) decide triunfar socialmente a través de una boda que ha existido siempre en su cabeza como una ocasión liberadora. Se dará cuenta de su mal planteamiento cuando pierde a su madre y a su mejor amiga.

Vista 18 años después de su estreno, La boda de Muriel sigue conservando un aire fresco y revitalizador, y el mensaje de su director sigue siendo válido. Se trata de que crezcamos, pero de que crezcamos bien, no incurriendo en los mismos errores de la gente que nos ha maltratado sicológicamente y valorando a los que nos han querido de verdad. Escenas buenas las hay muchas en esta película. Para mi, una de las mejores es el pase triunfal de Muriel en su boda amañada por delante de su madre sin ni siquiera verla. ¡Ay esas madres¡ ¡Como luchan por nosotros! Los padres quizá también, pero de otra forma, proporcionándonos el sustento y la idea de competitividad en una sociedad que consideran cruel y en la que hay que defenderse siendo el mejor.

Esta comedia evoluciona al mismo ritmo que Muriel, ese es uno de sus logros. Del cachondeo inicial, con esos hermanos apoltronados en el sofá viendo la tele, o esas amigas adolescentes pensando en el sexo y en los hombres y en conquistar el mundo poniéndose emperifolladas y diciendo tonterías, rechazando a las amigas que no cumplen sus expectativas por el físico, por la ropa, o por estar gordas, de esa isla donde empieza todo con actuaciones imitando a Abba, nos vamos al hospital con Rhonda y su tumor, a las sillas de ruedas, y de ahí, ya pasamos a decisiones más maduras, más adultas, como son el abandonar al marido e ir a buscar a su amiga para iniciar una verdadera vida, con todo lo bueno y todo lo malo.

Para triunfar no es necesario casarse, ni tener una boda esplendorosa y famosa, simplemente es preciso ser uno mismo y aceptarse, y quererse, tanto, al menos como al Waterloo o al Dancing Queen de Abba.

viernes, 20 de abril de 2012

“Sólo se vive una vez”, o la reinserción imposible de Fritz Lang



El maestro del expresionismo alemán y uno de los iniciadores en Hollywood del cine negro, que llegó a afirmar que el tema de sus películas era siempre la lucha del hombre contra su destino, hace depender en esta película ese destino de la sociedad. O sea, el hombre luchando contra una sociedad que le condiciona o condena. Lo cuál, a mi modo de ver, no es tan cierto en el caso del protagonista de “You only live once”, Eddie Taylor (Henry Fonda), ya que éste tiene la opción, a pesar de todo, de creer en el cura en la escena determinante.

Henry Fonda, muy joven, es capaz de reflejar en su rostro ese carácter dual de su personaje al debatirse siempre entre el bien y el mal. Cierto que Lang “justifica” las acciones de “este perseguido por la justicia” en la negativa de la sociedad a aceptarle, y cierto que el desenlace de la historia hace muy difícil un cambio de conducta del protagonista, pero yo creo que una mejor respuesta del individuo rechazado por la sociedad aún es posible.

Muchos cineastas han tratado el tema de la reinserción social, no sólo de un delincuente, también de otros seres humanos marginados, como las prostitutas. Pero quizá Lang es de los primeros.

Por lo que he leído sobre esta película, se incide mucho en el papel de Eddie, Henry Fonda, y menos en el de Jo (Sylvia Sidney). Y sin embargo es casi más interesante. ¿Por qué? Porque ella representa el romanticismo que el director quiere imponer, e impone, sobre el drama negro o carcelario, por decirlo así. Jo es la que ama, Jo es la que confía, Jo es la que cree que un mundo mejor es posible, que la reinserción es posible, Jo es la que confía en Eddie aún sabiendo que puede ir hacia el lado oscuro. Eddie sabe que Jo siempre va a estar en el lado bueno.

Taylor es inocente del crimen del que se le acusa y las circunstancias lo arrastran, es verdad. Los dueños del hotel en el que se alojan al salir de la cárcel por tercera vez no quieren que un ex presidiario pase la noche en su fonda. El empresario de camiones despide a Eddie sin darle una oportunidad. Los compinches de Taylor están muy cerca de él ofreciéndose como tentación. Y para colmo, un sombrero olvidado prueba su culpabilidad. Efectivamente, su destino parece ir en contra.

Y la redención social, en forma de prueba de inocencia, quizá llega demasiado tarde. Eddie ya no cree en el director de la cárcel cuando está huyendo con el médico como rehén, Eddie no cree ni siquiera al cura que le ha estado ayudando siempre. Y ese es su error. Creo que otra respuesta hubiera sido posible, un acto de fe, digámoslo así.

Porque si no creo eso, entonces carece de sentido todo el aparato estatal de justicia, y entonces de paso, todo el sistema gubernamental, y entonces, de paso, todo el sistema en mayúsculas, toda la sociedad… el mundo, en fin, carece de sentido. Y la verdad es que el individuo también, porque, querámoslo o no, como individuos estamos dentro de una sociedad que nos marca pautas, que nos moldea, que nos condiciona pero que también nos ayuda a vivir.

martes, 27 de marzo de 2012

Seven, hoy la televisan




Es un poco vergonzoso que lleve medio año casi sin poner una entrada en mi blog.
Así que aprovecho que nos han mandado una tareica en un curso para actualizar minímamente.
Y he visto hoy en el periódico que televisan Seven, así que os dejo un trailer de esta película que en su momento ví.
Seven crea una atmósfera propia, sin duda, con dos policías o investigadores policiales, quizá mejor expresado, que van a la caza del sicópota de turno que atemoriza la conciencia social cometiendo asesinatos con la temática de los siete pecados capitales. ¡Menudo perturbado¡ ¿no?
Hay gente pa todo.
Pero tranquilos, estos sabuesos son muy listos, o al menos, eso parece

Saludos a todos