viernes, 20 de abril de 2012

“Sólo se vive una vez”, o la reinserción imposible de Fritz Lang



El maestro del expresionismo alemán y uno de los iniciadores en Hollywood del cine negro, que llegó a afirmar que el tema de sus películas era siempre la lucha del hombre contra su destino, hace depender en esta película ese destino de la sociedad. O sea, el hombre luchando contra una sociedad que le condiciona o condena. Lo cuál, a mi modo de ver, no es tan cierto en el caso del protagonista de “You only live once”, Eddie Taylor (Henry Fonda), ya que éste tiene la opción, a pesar de todo, de creer en el cura en la escena determinante.

Henry Fonda, muy joven, es capaz de reflejar en su rostro ese carácter dual de su personaje al debatirse siempre entre el bien y el mal. Cierto que Lang “justifica” las acciones de “este perseguido por la justicia” en la negativa de la sociedad a aceptarle, y cierto que el desenlace de la historia hace muy difícil un cambio de conducta del protagonista, pero yo creo que una mejor respuesta del individuo rechazado por la sociedad aún es posible.

Muchos cineastas han tratado el tema de la reinserción social, no sólo de un delincuente, también de otros seres humanos marginados, como las prostitutas. Pero quizá Lang es de los primeros.

Por lo que he leído sobre esta película, se incide mucho en el papel de Eddie, Henry Fonda, y menos en el de Jo (Sylvia Sidney). Y sin embargo es casi más interesante. ¿Por qué? Porque ella representa el romanticismo que el director quiere imponer, e impone, sobre el drama negro o carcelario, por decirlo así. Jo es la que ama, Jo es la que confía, Jo es la que cree que un mundo mejor es posible, que la reinserción es posible, Jo es la que confía en Eddie aún sabiendo que puede ir hacia el lado oscuro. Eddie sabe que Jo siempre va a estar en el lado bueno.

Taylor es inocente del crimen del que se le acusa y las circunstancias lo arrastran, es verdad. Los dueños del hotel en el que se alojan al salir de la cárcel por tercera vez no quieren que un ex presidiario pase la noche en su fonda. El empresario de camiones despide a Eddie sin darle una oportunidad. Los compinches de Taylor están muy cerca de él ofreciéndose como tentación. Y para colmo, un sombrero olvidado prueba su culpabilidad. Efectivamente, su destino parece ir en contra.

Y la redención social, en forma de prueba de inocencia, quizá llega demasiado tarde. Eddie ya no cree en el director de la cárcel cuando está huyendo con el médico como rehén, Eddie no cree ni siquiera al cura que le ha estado ayudando siempre. Y ese es su error. Creo que otra respuesta hubiera sido posible, un acto de fe, digámoslo así.

Porque si no creo eso, entonces carece de sentido todo el aparato estatal de justicia, y entonces de paso, todo el sistema gubernamental, y entonces, de paso, todo el sistema en mayúsculas, toda la sociedad… el mundo, en fin, carece de sentido. Y la verdad es que el individuo también, porque, querámoslo o no, como individuos estamos dentro de una sociedad que nos marca pautas, que nos moldea, que nos condiciona pero que también nos ayuda a vivir.