lunes, 9 de julio de 2012

Sabrina, de Pollack, la difícil tarea de versionar una película mítica



Creo que Sidney Pollack fue totalmente consciente de que contar con un gran actor como Harrison Ford para el papel de Linus Larrabee no sería suficiente para que al ver su Sabrina no nos acordáramos de la Sabrina de Billy Wilder. Curioso que uno de los dioses del cine no se llevase más que el Oscar al mejor vestuario por esta fantástica historia de Samuel Taylor.

Pero, bueno, intentaremos olvidarnos de Bogart (Linus), de William Holden y de Audrey Hepburn, la primera, auténtica e inolvidable Sabrina de 1954. Advierto que no lo vamos a conseguir.

De la misma manera que el Nosferatu de Herzog no es como el primer Nosferatu y sin embargo no es en absoluto una mala película, la Sabrina de Pollack no es en absoluto una mala película. Elegante, manejando bien los tiempos, los actores, su único hándicap es siempre la comparación con el original. Porque contar con una buena historia para contar es siempre una ventaja. Y Sabrina es una buena, muy buena historia romántica.

La película de Billy Wilder es más comedia que la de Pollack. Éste trata de hacer, supongo yo, algo más acorde con su época, 1995, algo más romántico. Se dice que Bogart hizo Sabrina para no encasillarse en papeles de duro y que su relación con los demás actores fue pésima. No sé, realmente, qué pretendió Harrison Ford al hacer Sabrina, pero el caso es que fue valiente, y además imagino que sería extraordinariamente bien pagado. El protagonista de La guerra de las Galaxias y de Blade Runner, entre otras muchas, es un actor solvente en casi cualquier papel y hasta en esta Sabrina da la talla perfectamente. No diría yo lo mismo de los otros dos “implicados”. Me refiero a Julia Ormond (Sabrina) y Greg Kinnear (David Larrabee), que hacen lo que pueden para no ser engullidos por el recuerdo omnipresente de Holden y Hepburn.

Sea como fuese, hay muchísimas películas en las que yo no perdería el tiempo y sí en esta Sabrina de Pollack, porque ya tiene ganado el “morbo” de la curiosidad por ver cómo estarán sus protagonistas en comparación con ese trío mágico, cuenta con Ford y tampoco es que Sidney Pollack sea un director cómo para perdérselo.

Ah, me olvidaba. No cuento el argumento de Sabrina, porque muchos lo sabréis. Sólo una pequeña pincelada: Sabrina es una cenicienta con la suerte de tener dos príncipes

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