viernes, 28 de septiembre de 2012

Solo ante el peligro (High Noon), un Gary Cooper grandioso en uno de los mejores westerns de la historia del cine




A la hora de la verdad, todos estamos bastante solos. Y a todos nos corre el sudor esperando que llegue la hora definitiva, el desenlace. En resumen, se puede decir que estamos tan solos ante el peligro en esta vida como Gary Cooper (el sheriff Will Kane). 

Fred Zinnemann logra con "Solo ante el peligro" combinar el suspense con el western de una forma magistral. De hecho, no estamos, ni mucho menos, ante el western clásico, con indios que aparecen en lo alto de las montañas y rodean a un grupo valeroso de vaqueros. Éste es un western sicológico en el que el héroe tiene dudas y lo pasa mal a medida que se acerca el tren de las 12. 

Todos le dejan solo, la primera, su mujer (Grace Kelly) que le promete irse en el tren. También su ex-amante (Kathy Jurado). Y su ayudante hasta ese momento. Y sus mejores amigos del pueblo. Y el viejo sheriff que le enseñó y fue su maestro durante mucho tiempo; sólo un joven de unos 14 años quiere ayudarle, y un borracho, pero eso a Kane no le iba a servir de mucha ayuda. 

En ese tren llega el temido forajido Frank Miller, al que Will Kane envió a la cárcel, pero que ha sido indultado y vuelve dispuesto a vengarse, con su panda de malhechores esperándole en Haydeville. 

La duración de la película casi coincide con esa hora y media en que se desarrolla todo. Kane se acaba de casar con su dulce y guapa mujer cuando corre por el pueblo la noticia de que Miller va a llegar para vengarse. Todos le aconsejan al sheriff que se vaya, pero él nunca ha huido de nadie y termina quedándose para afrontar el reto creyendo que podrá reclutar algunos hombres que le ayuden. Y eso es lo mejor de la película, la negativa de todo el mundo a ayudar al servidor de la justicia que hasta ahora ha mantenido limpia la ciudad. 


La espera es el gran atractivo de "Solo ante el peligro". Y vemos el reloj en varias ocasiones, nos agobiamos, se nos pone un nudo en la garganta pensando en lo que puede pasarle a este pobre hombre abandonado por todos.

La verdad es que la atmósfera de la película es asfixiante, y todos nos preguntamos si todo un pueblo, una ciudad, va a dejar morir a un hombre justo y valiente ante una banda de delincuentes. ¡Atajo de cobardes!, diríamos. 

Pero Gary Cooper es mucho Gary Cooper y se enfrenta a los bandidos cara a cara, uno por uno. Resulta herido, pero los cuatro terminan cayendo poco a poco. Su mujer baja del tren al final y también le ayuda, venciendo sus propios ideales morales por amor. Su ayuda es decisiva, la verdad, igual que la precisión con el révolver del sheriff. 

Cuando llegamos al final y todos respiramos tranquilos, Gary Cooper arroja la estrella al suelo. ¡Ese pueblo no me merece, seguramente nunca me mereció!

jueves, 27 de septiembre de 2012

Stella Dallas, de Vidor, ascender de clase social no siempre es posible




Película de 1937 de King Vidor, protagonizada por Barbara Stanwyck, se puede definir como un melodrama, en el que una mujer ve realizado su sueño de pertenecer a una clase social más alta, pero a través de su hija. Y esto es así porque ella misma carece del refinamiento y la clase que se suponen a dicha clase. 

Stella logra conquistar a un rico heredero, Steve, con la ilusión de "educarse", ir a fiestas e integrarse en una clase social más elevada. Pero Stella pronto ve que ella es más vulgar que esa clase a la que quiere pertenecer.


Stella y Steve tienen una hija, Laurel, en la que la madre pone todo el interés para que sea una mujer elegante y bien situada. El matrimonio se rompe por la incompatibilidad de caracteres, y Laurel visita a su padre en Nueva York, hasta que definitivamente el enlace termina en divorcio, y Laurel viviendo en casa de su padre y la nueva mujer de éste. 

La película destaca por la gran interpretación de Barbara Stanwyck en el papel de una mujer ambiciosa, que quiere salir de la pobreza. 

El mensaje que parece dejarnos Vidor es que ascender a otro escalón más alto de la sociedad no siempre resulta posible, sino que depende de la personalidad del sujeto o sujeta en cuestión.

Hay buenas escenas como aquella en la que las amigas de la hija de Stella se ríen de ésta y la critican por su atuendo y sus pintas. 

El amor madre-hija es mutuo, pero por encima de ese amor, Stella antepone el deseo de que su hija se eduque en una familia pudiente y con clase antes que con ella misma.

Curioso es el papel del amigo vulgar y borrachín de Stella, Ed, sobre todo porque nos sirve para encasillar socialmente a ésta última. Parece que Stella pertenece a ese mundo vulgar y de ninguna manera será bien recibida en un escalón superior.

En el vídeo se ve una escena divertida de Ed y Stella en la que extienden polvos pica-pica a los pasajeros del vagón, sólo para reírse un rato, una escena que King Vidor usa hábilmente para retratar la ordinariez de ambos personajes.

Escena final casi lacrimógena de la hija casándose con un joven pudiente y la madre viéndola escondida entre la gente en la calle. No obstante, al final la sonrisa de la Stanwick delata que ha triunfado y ha conseguido su sueño, aunque, eso sí, por medio de su hija.


miércoles, 26 de septiembre de 2012

Shame, la adicción al sexo en debate



¿Es vergonzoso ser adicto al sexo? He ahí la cuestión que se plantea en Shame. Su protagonista, Brandon, es un hombre joven, con buen trabajo, con un piso de diseño en New York, soltero, que dedica la mayor parte de su tiempo a tener sexo con mujeres, algunas veces prostitutas.

Punto de partida a mi parecer excelente para una película que, sin embargo, me defrauda un poco, porque la veo falta de pasión. Muchas escenas de sexo no conducen, sin embargo, a un acelerón de la líbido del espectador, al menos en mi caso.

Formalmente puede considerarse buena, pero le falta algo, quizá el trato frío del asunto nos lleva también a cierta frialdad al verla.

Aclamada por algún sector de la crítica, Shame no me parece tan vanguardista como algunos quieren hacernos ver. En todo caso, como casi siempre, habrá que esperar unos años para poder valorarla mejor y ver cómo evoluciona con el tiempo.

El actor principal, Michael Fassbender, logra transmitir, eso sí, esa especie de frío desasosiego del personaje, pero me imagino yo que un verdadero adicto al sexo será capaz, de hecho, casi seguro, de mutar ese rostro casi impasible cuando entra en calenturas. La escena del metro ligando con una chica, al principio tan sólo con la mirada, no me resulta demasiado creíble, echo a faltar la tensión propia de esos momentos de erotismo y sensualidad, y ¿por qué no decirlo? de morbo.

Sí que hay más grado de autodestrucción en una de las escenas finales en un pub gay, aunque esas luces rojas de pesadilla nos hagan pensar que entramos en el infierno.

La aportación a la historia de la hermana de Brandon, Sissy, es para recalcar la soledad de ambos personajes, el aislamiento, la falta de afectividad que probablemente tuvieron en la infancia, pero es un personaje mal definido, del que no sabemos demasiado, y que, para mí, no es el desenlace de la caída en picado de Brandon, ya que éste ya ha iniciado, antes de la aparición de la hermana, esa caída.

En cualquier caso, Shame, que con ese título ("verguenza"), ya nos adelanta una valoración moral de lo que supone ser una persona con demasiado sexo, es una obra que acierta a trasladarnos una visión pesimista de las relaciones sociales actuales, dónde hay personas que buscan el aislamiento y la soledad para poder dar rienda suelta en la práctica a sus deseos. ¿Es eso malo?, ¿hay que sentir vergüenza por ello?. Pues no lo sé, todo depende del tipo de vida que cada uno decida llevar.