jueves, 10 de enero de 2013

César debe morir. Shakespeare estaría orgulloso de los Taviani, seguro


 
A mí me encantó esta película, porque suma  a la grandeza intrínseca de la obra de Shakespeare la originalidad de su ubicación en una cárcel. O sea, es César, Julio César, entre rejas, los actores son presos de larga duración y el escenario es la prisión.

Premiada en Berlín con el Oso de Oro, su realización en blanco y negro realza la oscuridad de una prisión y, por otra parte, parece que nos traslada más a la antigüedad romana.

Julio César es una obra enorme de teatro del autor inglés inmortal, pero César debe morir se convierte en una película magistral de los Taviani, así que creo que Shakespeare estaría orgulloso.

Bruto traiciona al hombre César, pero ayuda a Roma y acaba con la idea de monarquía autoritaria del emperador. Casio, el conspirador, el inductor, es interpretado por un preso ya experto, que al final afirma que el arte en la celda de alguna forma le está matando.

Así pues, vemos como los presos ensayan y dan fin a la obra en la cárcel y lo mejor es que la obra se va montando en la retina del espectador con los ensayos, con lo que, por ejemplo, nos encontramos con la muerte de César en un patio de la prisión.

La condena moral de Bruto a sí mismo por haber traicionado al que de alguna forma es su padre, un Julio César demasiado “grande” a todos los niveles para un Bruto contradictorio, se transmite perfectamente en César debe morir. Y también las premoniciones de César, que para mí otorgan a la pieza teatral una inmensa fuerza.

En definitiva, una peculiar revisión del inmortal Julio César de Shakespeare, que a algunos les puede sorprender, pero que seguro que los termina atrapando y convenciendo.

Bruto:
"César me amó, y por eso lloro por él.
La fortuna le sonrió, y me alegro por eso.
Fue valeroso, y eso lo honró.
Pero fue ambicioso, y por eso lo maté.
¿Hay alguien aquí tan vil que no ame este país?
Si lo hay, hable ahora.
Porque es a ellos a quienes ofendo"


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