jueves, 13 de febrero de 2014

"La gran belleza", una película no tan bella



Quizá porque siempre le doy mucha más importancia al fondo que a las formas, no me ha terminado de entusiasmar "La Gran Belleza", la aclamada película de Paolo Sorrentino.

Visual y musicalmente extraordinaria, sí, imágenes casi oníricas y muy estimulantes, una Roma retratada con la elegancia de quien busca la belleza, belleza en sí misma en el plano formal. Pero ¿y el mensaje? ¿la enseñanza? ¿el consejo? Ahí es donde, para mi, falla "La Gran Belleza"

No me sirve que un señor de 65 años que tiene una intensa vida anterior y una gran experiencia acumulada busque la belleza. Me la tienen que mostrar. Y en esta película sólo la veo en imágenes y en música. Le falta el sentimiento, la emoción y que me haga estremecer, cosa que en ningún caso me ocurre.

Roma y tener un pisazo y una terraza al lado del Coliseo no le basta al protagonista, Jep Gambardella (excelente Toni Servillo), para encontrarse bien consigo mismo y para encontrar esa belleza que parece que busca. Seguramente, porque se dedica a integrarse en una alta sociedad romana en plena decadencia y sin valores, que acude a fiestas horteras, y de mal gusto, malgastando tiempo y dinero. Quizá Jep haría mejor en irse, como su amigo Romano, a su pueblo y quizá allí encontrara la tan ansiada belleza.

El ritmo, la estética que usa Sorrentino sí me gusta, lo repito, pero para que esta película sea bella, le falta precisamente una bella historia. Y ésta no lo es.

Los personajes que podrían aportar serenidad a Jep son precisamente los que éste va esquivando constantemente. Por ejemplo, el marido de la que fue su primer amor, que, al quedarse viudo, descubre que su mujer siempre quiso a Jep. En el primer encuentro entre ellos, Jep lo deja prácticamente tirado. En el segundo, cuando Jep se va dando cuenta de que su vida en la ciudad eterna, al lado de la Jet Set no tiene ningún sentido, este hombre tiene una nueva compañera y se va a ir a cenar con ella y ver la televisión tranquilamente, algo que Jep nunca hace ya que se pasa toda la noche de fiesta y duerme hasta las 3 de la tarde.

Gambardella quiere ir a todas las fiestas y como él mismo dice quiere ser el que las amargue. Unas cuantas copas, unos bailes, y a disfrutar de la noche de la ciudad y de sus museos y obras clásicas si hace falta, para alejarse cada vez más de ese pretendido ideal de belleza.


4 comentarios:

  1. En mi opinión el mensaje de la película es que Gambardella encontró la belleza a los 18 años y la dejó escapar. Es esa chica que conoció, que rememora en flashback y que, precisamente, es evocada por la presencia de la monja. Es la monja la que le hace recordar que desperdició la oportunidad de su vida.
    Pero sí estoy de acuerdo en que, para contar eso, no necesitaba tanto tiempo ni ese despliegue. Sorrentino tiene películas más sutiles, con mucho más contenido y más profundas sin necesidad de tanta pirotecnia.

    ResponderEliminar
  2. Buena apreciación Individuo Kane. Y cierto lo que dices. Tiene películas mucho mejores. Por ejemplo, Il divo. Esa sí la considero original de principio a fin, una forma de abordar la figura de un líder político como nunca se ha visto.
    Gracias por tu aportación!

    ResponderEliminar
  3. No sé si habrás visto "Las consecuencias del amor". Otro tema muy italiano enfocado de un modo que no te esperas. De hecho, durante gran parte de la película, te preguntas de qué va todo eso. Y, cuando lo descubres, es magnífico.

    ResponderEliminar
  4. No la he visto, Individuo Kane. ¡Tengo tanto por ver! A veces el tiempo es un gran obstáculo. Pero desde luego la anoto

    ResponderEliminar