domingo, 27 de julio de 2014

El día de la bestia, una joya diabólica del cine español




Alucinante y fantástica película del cine español, "El día de la bestia" logró convencer en 1995 a crítica y público.

Se dice que es el mejor film de su director, Alex de la Iglesia, aunque a mi me gusta también bastante "La comunidad".

La conocida historia de un cura que va a Madrid para encontrarse con el Anticristo tiene, a mi modo de ver, una escena determinante, que es la invocación del demonio. Esa cucaracha que no atraviesa el círculo y ese macho cabrío que se pone a la altura del cura, son básicos, pues a raíz de ahi, es cuando el espectador empieza a pensar que el cura no está tan loco.

¿Comedia o terror? Yo diría que ambas cosas se citan en El día de la bestia. Pero, sobre todo, es ésta una película originalísima y llena de contenidos críticos. Crítica a la televisión y a muchos seres miserables que viven de ella, engañando a cuatro tontos que se creen ciertos programas. Crítica al fanatismo religioso. Crítica al espíritu navideño.

Y todo ello centrado en la capital de España y en sus edificios emblemáticos.

El ritmo es tan rápido como las pocas horas que le quedan al padre Angel para encontrar al demonio. No hay tiempo que perder, por eso todo sucede tan rápido.

Y otro acierto: los personajes secundarios de la película. Terele Pavez, por ejemplo. Jaime Blanch, en una pequeña pero decisiva intervención.

El trío de personajes principales, el padre Angel (el recientemente fallecido Alex Ángulo), Jose María, el heavy drogata que le acompaña y le ayuda (Santiago Segura) y el presentador del programa esotérico, el Profesor Cavan (Armando de Razza) son tres personajes insuperables, que vuelven locos a Madrid el 25 de Diciembre de 1995 y se vuelven locos.

Gran mezcla de visiones casi oníricas con episodios reales hacen que el Padre Ángel termine un poco vencido ante el maligno. Pero ahí estarán sus secuaces para convertir a El día de la bestia en una obra de culto del cine español.

sábado, 5 de julio de 2014

Perros de paja, de Sam Peckinpah, una obra imprescindible



Ni que decir tiene que Perros de paja es una de mis películas favoritas. No sólo por la temática, que se centra en una pareja acorralada en un pueblo británico por sus propios vecinos, sino también por la gran interpretación de la pareja protagonista, especialmente de Dustin Hoffman, un actor que me recuerda mucho aquí a su papel en Marathon Man, en el sentido del acecho, intimidación, persecución, por parte de un grupo. Realmente, no sé en cuál de esas películas está mejor.

Pero centrándonos en StrawDogs, Perros de paja, de Sam Pechinpah, diré que su puesta en escena es contundente. Es violenta, también. De hecho se la ha acusado de ser una película muy violenta. Y lo es.
Pero además es un relato a favor de la convivencia en paz, del respeto, del honor y de los pequeños héroes que surgen cada día en nuestras calles, en nuestras ciudades, en nuestros pueblos, héroes anónimos que no son publicitados como los políticos de turno que salen en los medios de prensa, políticos que por otra parte casi siempre nos decepcionan.

En Perros de paja Dustin Hoffman tiene al enemigo en casa


Aqui Dustin Hoffman, David, no lucha sólo con el exterior, en cierto modo, a veces, tiene al enemigo en casa: su mujer. ¿Por qué? Porque ésta siempre está pidiéndole sin decírselo claramente que demuestre su valentía, que defienda su familia, que se transforme de ese ser empequeñecido y poca cosa, en el héroe valiente que demuestra ser al final.

Inolvidable la escena en que la mujer le cambia el signo de la fórmula de matemáticas en la pizarra. Signo que dice mucho, porque deja ver que su mujer es más un estorbo añadido que una ayuda.

Los vecinos de antaño de la chica siempre habían sido violentos. Pero verla con un tipo extraño acrecienta sus ansias de sangre. Lo que no saben es que en la guerra las personas buenas se transforman.