lunes, 16 de febrero de 2015

Interstellar, dónde el espacio y el tiempo se quedan cortos



Interstellar me hace pensar que por que deje de escribir un año o unos meses en mi blog tampoco va a pasar nada grave. Claro, teniendo en cuenta que la dimensión tiempo y espacio son sólo relativas, unos meses son sólo un breve e insignificante escalón en un tiempo mucho más amplio, tan amplio que no llegamos ni a imaginarlo, infinito, con todo lo que ello conlleva.

Lo primero que quiero decir que esta es la película de Nolan que más me ha gustado, más que Memento y mucho más que Origen. Y,sobre todo, el principio es magnífico, algo así como la primera hora y media.

Un principio de maíz y polvo

La Tierra se está agotando, parece que la hemos agotado en nuestro afán por descubrir nuevos inventos. Entonces el polvo cada vez es más abundante. Ya a los hombres sólo les queda la posibilidad de ser granjeros de maíz, a casi todos.

Pero hay un pequeño grupo que aún ha conservado lo que era la NASA, y es consciente del final de este planeta. Son ellos, encabezados por el Profesor Brand (Michael Caine) y su hija Amelia (Anne Hathaway) los que reclutaran a Cooper (‎Matthew McConaughey) antiguo piloto, para que salve el mundo.

La hija de Cooper, Murphy

Cooper tiene una hija, Murphy, con la que mantiene una conexión especial. Es un amor tan completo como el que sólo los padres sienten por sus hijos. Ante la misión que le han encomendado, Cooper se debate entre el deber de salvar a la humanidad y el deseo de quedarse con su hija y verla crecer. "¡Quédate!"- le escribe el fantasma del polvo en la habitación de Murphy.

Es una conexión por muchos motivos, también por el del interés por la ciencia y la investigación. Ambos son unos aventureros en busca de una explicación del Universo.

La misión de salvar a la especie humana

Pero Cooper se embarcará en la misión con la ilusión, la fe, la convicción de que volverá a ver a su hija, a su familia.

Y la misión es meterse en un agujero negro, un agujero de gusano dónde no se sabe lo que puede pasar. El objetivo es llevar embriones humanos a una nueva galaxia, con posibles planetas dónde el hombre pueda vivir.

En esa empresa, pasará de todo. Lo mejor es ver la película porque las imágenes son muy bellas, la música es inquietante, los robots Tars y Case muy listos y la acción está asegurada.

El primer planeta es un mar con olas gigantes, el siguiente, el planeta de Man, está lleno de hielo.
Parece que la supervivencia es difícil. Quizá lo mejor sea volver a la Tierra de alguna forma sumergiéndose de nuevo en Gargantúa, ese agujero negro que está tan cerca y tan lejos de la Tierra.


A la hora de volver, el amor es la clave

Tiene que haber alguna forma de regresar, de unirse a las personas que nos importan. Y probablemente el espacio exterior no tiene la respuesta, sino nuestro espacio interior. Tan diminutos seres en ese espacio tan grande sólo tienen una defensa: el amor. Lo emotivo puede ser otra dimensión que nos conduzca a lo que buscamos. 

Con esa fe ciega en el reencuentro Cooper intentará volver al Planeta Azul.

Interstellar, una obra con pretensiones más allá de la ciencia ficción

Con ciertas similitudes con esa creación gigante "2001, una odisea del espacio", Interstellar tiene también pretensiones filosóficas. ¿Qué hacemos aquí? ¿cuál es el fin de la raza humana? ¿qué sentido tiene nuestra existencia en un espacio interminable? ¿podremos volver a ver a los familiares que hemos perdido, aunque sea en otro contexto, en otro ámbito, de otra manera? ¿a dónde se dirige la investigación y la ciencia? ¿qué límites tienen, si es que los tienen? Muchas preguntas para las cuáles, cada individuo tendrá su respuesta.

Nolan nos da una versión, su versión, pero además nos hace pensar a la vez que nos garantiza casi tres horas de entretenimiento. Desde luego, esto no es poco. Y por supuesto que vale la pena.




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