domingo, 30 de agosto de 2015

Collateral: emociones más fuertes, buscarlas en otra canción




Collateral es una película entretenida, en la que el suspense final está muy bien llevado. El espectador, al menos yo, quiere que Max, el taxista, termine con Vincent, el asesino a sueldo. Además el momento del edificio de Justicia, con esa luz apagada, y la chica abogada deslizándose por el suelo para no ser detectada por el asesino, más la escena del metro, son más que tensas, y a esas alturas, ya hemos llegado bastante movidos de nuestros asientos. Ningún reproche en cuanto a su funcionamiento como thriller. Ningún reproche a los actores principales. Jamie Foxx y Tom Cruise. Ningún reproche en cuanto al ritmo, frenético.

Entonces, ¿qué hace que Collateral no llegué al nivel de obra redonda? Creo que el comienzo tiene más expectativas que la sensación que nos deja al final la película. Uno piensa que esta historia podría haber dado más de sí. No sé muy bien el porqué, pero una vez vista crees que le ha faltado algo para que permanezca en tu recuerdo por mucho tiempo.


Michael Mann es el director de Collateral, escrita por Stuart Beattie.La trama se desarrolla en Los Angeles, aunque originalmente se había pensado en Nueva York como escenario debido a la enorme cantidad de taxis que hay

Me gusta la idea del taxi, de centrar el desarrollo en un taxi. Y me gusta la idea de los dos personajes enfrentados en el vehículo. Asesino y taxista, secuestrador y secuestrado, malo contra bueno, protagonistas a los que se augura un futuro complicado en esa noche de asesinatos. La idea de la evolución de Max también me gusta. De persona apocada y tímida a héroe capaz de hacer frente al experimentado matón, al que toda la policía no ha podido aniquilar.

Incluso, como ya he dicho, en la última parte, es obligada la asunción del papel de Max como único ejecutor posible de Vincent. Es como si dijera: “Me has jodido la noche y vas a pagar por ello, porque además querías cargarte a esa dulce chica que he conocido”

En el 2004, Jamie Foxx(Max) también hizo “Ray” sobre la vida de Ray Charles. En Collateral demuestra que es un buen actor y da perfectamente la réplica a Tom Cruise, que abandona aquí sus típicos papeles de “bueno”. No está mal tampoco Cruise, aunque nunca lo llegas a identificar con un criminal psicópata (quizá porque lo hemos visto muchas veces en otros roles y porque su cara no es precisamente la de un asesino). Esa contraposición entre un tío que tiene muy clara su profesión de “pistolero” y una determinación inquebrantable de hacer bien su trabajo, y un taxista que es más bien pasivo en su vida, da juego en Collateral. La fuerza que tiene Cruise sólo es vencida por la fuerza que tiene Foxx en la parte final.

Hay un momento, para mi decisivo: cuando Max acelera y reta a que Vincent le dispare. Es en ese instante cuando Max decide que va a por todas. Y así, jugándose su futuro y asumiendo que quizá no salga con vida, es cuando obtiene el valor para combatir a su oponente.

Resumiendo: pasas una hora y media en la que no te aburres, te entretienes, e incluso te angustias. “Collateral” es una buena opción cinematográfica, pero pretensiones mayores es mejor buscarlas en otro sitio. O como dice Sabina: “emociones más fuertes, buscarlas en otra canción”.

viernes, 28 de agosto de 2015

La noche más hermosa: dudando sobre la fidelidad de tu pareja



En La noche más hermosa parece que todos andan buscando la noche más hermosa. Para Luis (Fernando Fernán Gómez) la noche más hermosa es la noche en la que pasa un cometa que volverá 100 años a pasar otra vez. Bibi Andersen mira al cielo porque las mujeres enamoradas lo miran y ella parece estar enamorada de Federico (José Sacristán). Éste anda observando a los que miran al cielo, sobre todo a su mujer, Elena (Victoria Abril). Elena también observa el cielo en busca de la noche más hermosa.

Todo esto ocurre en un plató de televisión donde se rueda una obra sobre Don Juan y en la que Bibi Andersen es Doña Inés. Curioso, sin duda, porque no es que Bibi sea el prototipo de monja, la verdad sea dicha. Pero da igual, tampoco Victoria Abril lo es. Ellas son las auténticas protagonistas del juego, ellas marcan las reglas.

La noche más hermosa es un poco lío. Al principio, a Federico, mientras engaña a su mujer con Bibi Andersen, le surge la duda de si su mujer será como él: infiel. Esto le llevará a entrar en una especie de celos enfermizos, que le hacen descuidar su profesión de Director de tv y la obra sobre Don Juan que tiene que terminarse. Por eso, le pide a su amigo Oscar Ladoire, el realizador de la función, que finja sentir interés por Elena, en una cena en casa del matrimonio, para observar a su mujer y ver si se siente atraída por el amigo. El resultado es que no. Después, Federico sospecha que su mujer puede estar enamorada de su jefe, Luis (Fernando Fernán Gómez), pero tampoco es él el amante. Tras diversos intentos, en los que llega a sustituir a Bibi Andersen, como actriz principal de la obra, por Elena, no hay nada que demuestre, que certifique, que su mujer le está engañando.

Este sería un resumen de La noche más hermosa, película de Manuel Gutiérrez Aragón, rodada en 1984 en los estudios Bronston de Madrid por la necesidad de albergar un cielo gigante y muy especial.

La noche más hermosa es en cierto modo una crítica a la TV y su desorganización. De hecho, se dice varias veces, por distintos personajes, algo así como: “No hay que utilizar la televisión como si fuera un salón de tu casa”.

Pero a mi la impresión que me queda de esta historia es que se trata ante todo de un ejercicio de improvisación, primero del director, y luego de unos actores ya consagrados en aquella fecha. Victoria Abril llegó a decir que se sintió un poco desconcertada por la forma de trabajar de Gutiérrez Aragón, en el sentido de que exigía a los actores que se saltarán el guión cuando juzgaba que podía sacar un mejor gesto, una mejor actuación.

No obstante, ninguno de esos grandes actores ya famosos, brilla aquí en su mejor nivel, si exceptuamos a Fernán Gómez, un experto en este tipo de comedias con muchos personajes y muchas situaciones extrañas. Tampoco Bibi está mal, la verdad, en el rol que le toca jugar.

Existe también en la película una especie de interés en denotar la ambigüedad de alguno de los personajes. Ahí está, por ejemplo, ese Luis declarando que “en él nunca existió duda de su virilidad hasta que conoció a Bibi Andersen”, por la que siente una atracción total. Son muy buenas en este aspecto las miradas de ambos cuando se ven por primera vez en el escenario del cielo estrellado.

Vista en la actualidad, uno piensa que es una cinta que sirvió para reunir a un puñado de grandes actores, tan grandes que quizá el director pensó que, con una cierta experimentación, el resultado final sería grandioso. Pero en mi opinión no lo es. Tan solo una película curiosa, en la que yo no he alcanzado la noche más hermosa, al menos, hoy.

jueves, 27 de agosto de 2015

El diputado, apuesta valiente de Eloy de la Iglesia en 1978



Lo primero que tengo que decir de El Diputado es que me parece una película absolutamente valiente para la época: 1978. También, que refleja muy bien la etapa de la transición, política y socialmente. Hay una sociedad dispuesta a cambiar años de dictadura, pero ¿existe una sociedad tan abierta como para aceptar la homosexualidad, y más aún, la homosexualidad en un político? La respuesta es que no.

Y ahora, en el año 2015, me hago esta pregunta de nuevo. Y me apetece pensar que hoy la respuesta sería sí. De hecho, todos deberíamos asegurarnos de que la respuesta es sí, porque si no volvemos a la falta de libertad social, personal, política, a una dictadura pura y dura, que nos dirá cómo debemos pensar, actuar y vivir. 

Eloy de la Iglesia elige para el Diputado a un actor de moda en ese momento y dispuesto a afrontar papeles difíciles y conflictivos: José Sacristán. Su personaje, Roberto Orbea, se nos muestra en todo momento como un hombre cauto y prudente, totalmente sincero y un poco por delante de su época. Su tendencia sexual no le impide defender la igualdad social desde el partido de la izquierda. Es una persona que parece que está adelantándose a lo que va a ocurrir. Y no le importa. Defenderá su “derecho” hasta el final, aunque ello le pare el paso a Secretario General.

El director De la Iglesia, tan dado a mostrar temas controvertidos en sus películas, vuelve en ésta a tratarlos. Pero realmente no es sólo la homosexualidad lo que aborda, en realidad ésta es casi una excusa para tratar un tema mucho más amplio, el de los derechos humanos.

Totalmente acertada en el retrato de la época, El diputado define muy bien a una derecha post-franquista que quiere la vuelta a esa dictadura, y también a una izquierda emergente con fuerza en busca de las libertades de todo tipo. Y de paso, es un espejo de la marginalidad juvenil, de la prostitución masculina, de ambientes sórdidos de jóvenes golfillos de barrio, que buscan dinero fácil. En este aspecto es significativo lo que le dice uno de esos jóvenes a Roberto. “A ti te fue fácil comprarme, ¿no?. Pues a ellos (a la derecha tardofranquista) también”

Pero Eloy de la Iglesia nos deja un rayo de esperanza en que la situación cambiará. Y lo hace por medio de Juanito, el amante de El diputado, que al final verdaderamente se enamora y quiere salvar a Roberto. El cambio de Juanito es el cambio que se espera, o mejor dicho, se esperaba en aquel momento en toda la sociedad. 

Sin duda, un ejercicio de valor en 1978 es el Diputado. La película se estrenó antes de la Constitución, así que imagínense ustedes lo atrevido de la propuesta.

Tal atrevimiento se manifiesta en reflejar el papel de la mujer de El Diputado. María Luisa San José marcha también varios años por delante, al aceptar la homosexualidad de su marido y estar dispuesta a todo para conservarlo, dispuesta hasta acostarse con su amante y hacer un trío, como un modo de normalizar una situación totalmente anómala en ese contexto histórico.

Imagino que todos desearíamos una mujer tan comprensiva cuando le contemos alguna de nuestras miserias

El final de la película es también otra puerta abierta a la esperanza, dado que es interpretable.

¿Qué pasará cuando Roberto en el momento de ser nombrado Secretario General del partido cuente toda la verdad? Nunca lo sabremos. Quizá en 1978 la respuesta sería una. Y en el 2015 sea otra. Y lo mejor sería que ni siquiera hubiera una respuesta porque no tuviera que plantearse esa pregunta, o esa cuestión.

“Oye, vais a elegirme Secretario General, pero soy homosexual. ¿Os da igual verdad?”

miércoles, 26 de agosto de 2015

Pulp Fiction, el día que aluciné con Tarantino y Travolta



Vuelvo hoy al carmeloblog, blog que realmente he creado yo mismo de principio a fin, casi de casualidad. Y es que me encuentro en la televisión con una película de culto, catalogada como una de las mejores de la historia del cine. Casualmente esta película, Pulp Fiction, es de 1994, año de otra extraordinaria creación como es Cadena perpetúa. ¿Cómo dos películas tan diferentes pueden atesorar una excelente calidad en un año en el que creo que, además, también triunfó Forrest Gump? ¿Qué ocurrió aquel año? ¿Qué clase de milagros acontecieron en la creación cinematográfica? Pues no lo sé. Esta pregunta tendría casi, casi, la misma respuesta que la pregunta que se hace Jules Winfield sobre si salir ileso a las balas en una de las escenas, la de la recuperación del maletín, es un milagro: ninguna.

La vi en 1994, pero en la segunda revisión me quedo tan alucinado con Tarantino como me quedé en la primera parte de Django desencadenado. Y alucinado positivamente claro.

Me ha gustado, me gusta, me encanta Pulp Fiction. Tiene tantos atractivos, o tantas virtudes, que no sé por cuál empezar. Quizá con una de las mas llamativas, la recuperación para el cine de John Travolta, ese mozo bailarín que un poco nos enamoró a todas y todos en Fiebre del Sábado Noche y en Grease. Porque no lo negamos, todos quisimos llevar esa cazadora de cuero, el pelo engominado y bailar como él, aunque no se sepa muy bien para qué, o no lo supiéramos entonces.

En Pulp Fiction Travolta es un Travolta de altos vuelos y me quedo con la sensación de que representa el papel más "humano" de todos los protagonistas. Resultará extraño lo que digo de un gánster drogadicto que vuelve de Ámsterdam de meterse de todo, que trabaja para Marsellus Wallace, que no duda en matar a cualquiera que se le ponga enfrente, etc, etc. Pero si observáis, a lo largo de la película, el personaje que hace Travolta, Vincent Vega, suelta a veces las frases más humanas y coherentes de esta obra maestra. Si, por supuesto, nos olvidamos de la estupenda: "No empezemos a chuparnos las pollas ya" que suelta el Señor Lobo (Harvey Keitel).

No me apetece contar el argumento más que en lo imprescindible. Pulp Fiction es una movie al estilo de Tarantino, el mejor Tarantino, con todo lo que ello implica. Impacto, ritmo vivo, a veces frenético, pistolas, disparos, violencia, ironía y humor, y muchas cosas más. Una de ellas, un maravilloso guión, una magnífica historia, y una sorprendente, original y también maravillosa forma de contarla.

Nos encontramos con dos gánsters un poco de vuelta de todo, al servicio del poderosísimo capo mafioso Wallace. Primero ajustan cuentas recuperando una mercancía, después Travolta tiene que cuidar de la drogadicta esposa del jefe, sacarla a pasear y hasta marcarse un baile con ella. Después, aparece Bruce Willis para "joderles" un poco a todos, con mucho orgullo. En lo básico, esto es Pulp Fiction.

No obstante, su principal rasgo es la originalidad, el contar la historia en diferentes etapas, y volver al principio. Pero una buena película no es sólo buena por la forma, aunque luzca mucho, sino también por el fondo. Y si bien Pulp Fiction puede parecer que es sólo una loca película de gánsters, hay mucho más detrás. Hasta me atrevería a decir que está suspendida en el aire en todo el film la pregunta: ¿Qué sentido tiene la existencia?, ¿hacía dónde va el ser humano? Porque en un momento estamos vivos, y al segundo, estamos muertos. O tenemos a un tipo apuntándonos con un rifle, o nos pegamos una "hostia" con el coche. Sin duda, las coincidencias influyen. Travolta está en el baño en dos tiempos vitales: cuando el boxeador Bruce Willis vuelve a su casa para recuperar el reloj de su padre y cuando los aprendices de atracadores deciden robar en la cafetería. ¿No es eso coincidencia?

Willis, Butch, se encuentra, después de acabar con Travolta, con el mismísimo Wallace en el semáforo. ¿No es eso coincidencia? Las coincidencias son fundamentales en Pulp Fiction. Y Tarantino las aprovecha al máximo para conseguir giros argumentales estupendos y que cautivan y dejan asombrado al espectador. ¿Y no es coincidencia también que cuando Wallace y Butch están intentado matarse mutuamente acaben en una tienda regida por un par de sicópatas? Allí, se decide gran parte de Pulp Fiction cuando el mandamás de todo siente, literalmente, su culo violado. Y tiene un ligerísimo sentido del honor y justicia al ver que el boxeador al que pretendía humillar, le salva la vida. Ajuste de cuentas. Todo empieza de nuevo para Willis que tiene la inteligencia de pensar, en un segundo, que quizá ayudando a Wallace pueda tener una vida futura más tranquila.

En resumen, me encuentro en una noche con la revisión de un peliculón, casi sin quererlo, y me da tiempo para rectificar: Cadena perpetúa es muy buena. Pero es que Pulp Fiction también lo es.

Decidir entre una y otra ya no es cuestión siquiera de gustos, quizá más del estado anímico en que nos encontremos.