viernes, 28 de agosto de 2015

La noche más hermosa: dudando sobre la fidelidad de tu pareja



En La noche más hermosa parece que todos andan buscando la noche más hermosa. Para Luis (Fernando Fernán Gómez) la noche más hermosa es la noche en la que pasa un cometa que volverá 100 años a pasar otra vez. Bibi Andersen mira al cielo porque las mujeres enamoradas lo miran y ella parece estar enamorada de Federico (José Sacristán). Éste anda observando a los que miran al cielo, sobre todo a su mujer, Elena (Victoria Abril). Elena también observa el cielo en busca de la noche más hermosa.

Todo esto ocurre en un plató de televisión donde se rueda una obra sobre Don Juan y en la que Bibi Andersen es Doña Inés. Curioso, sin duda, porque no es que Bibi sea el prototipo de monja, la verdad sea dicha. Pero da igual, tampoco Victoria Abril lo es. Ellas son las auténticas protagonistas del juego, ellas marcan las reglas.

La noche más hermosa es un poco lío. Al principio, a Federico, mientras engaña a su mujer con Bibi Andersen, le surge la duda de si su mujer será como él: infiel. Esto le llevará a entrar en una especie de celos enfermizos, que le hacen descuidar su profesión de Director de tv y la obra sobre Don Juan que tiene que terminarse. Por eso, le pide a su amigo Oscar Ladoire, el realizador de la función, que finja sentir interés por Elena, en una cena en casa del matrimonio, para observar a su mujer y ver si se siente atraída por el amigo. El resultado es que no. Después, Federico sospecha que su mujer puede estar enamorada de su jefe, Luis (Fernando Fernán Gómez), pero tampoco es él el amante. Tras diversos intentos, en los que llega a sustituir a Bibi Andersen, como actriz principal de la obra, por Elena, no hay nada que demuestre, que certifique, que su mujer le está engañando.

Este sería un resumen de La noche más hermosa, película de Manuel Gutiérrez Aragón, rodada en 1984 en los estudios Bronston de Madrid por la necesidad de albergar un cielo gigante y muy especial.

La noche más hermosa es en cierto modo una crítica a la TV y su desorganización. De hecho, se dice varias veces, por distintos personajes, algo así como: “No hay que utilizar la televisión como si fuera un salón de tu casa”.

Pero a mi la impresión que me queda de esta historia es que se trata ante todo de un ejercicio de improvisación, primero del director, y luego de unos actores ya consagrados en aquella fecha. Victoria Abril llegó a decir que se sintió un poco desconcertada por la forma de trabajar de Gutiérrez Aragón, en el sentido de que exigía a los actores que se saltarán el guión cuando juzgaba que podía sacar un mejor gesto, una mejor actuación.

No obstante, ninguno de esos grandes actores ya famosos, brilla aquí en su mejor nivel, si exceptuamos a Fernán Gómez, un experto en este tipo de comedias con muchos personajes y muchas situaciones extrañas. Tampoco Bibi está mal, la verdad, en el rol que le toca jugar.

Existe también en la película una especie de interés en denotar la ambigüedad de alguno de los personajes. Ahí está, por ejemplo, ese Luis declarando que “en él nunca existió duda de su virilidad hasta que conoció a Bibi Andersen”, por la que siente una atracción total. Son muy buenas en este aspecto las miradas de ambos cuando se ven por primera vez en el escenario del cielo estrellado.

Vista en la actualidad, uno piensa que es una cinta que sirvió para reunir a un puñado de grandes actores, tan grandes que quizá el director pensó que, con una cierta experimentación, el resultado final sería grandioso. Pero en mi opinión no lo es. Tan solo una película curiosa, en la que yo no he alcanzado la noche más hermosa, al menos, hoy.

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