miércoles, 26 de agosto de 2015

Pulp Fiction, el día que aluciné con Tarantino y Travolta



Vuelvo hoy al carmeloblog, blog que realmente he creado yo mismo de principio a fin, casi de casualidad. Y es que me encuentro en la televisión con una película de culto, catalogada como una de las mejores de la historia del cine. Casualmente esta película, Pulp Fiction, es de 1994, año de otra extraordinaria creación como es Cadena perpetúa. ¿Cómo dos películas tan diferentes pueden atesorar una excelente calidad en un año en el que creo que, además, también triunfó Forrest Gump? ¿Qué ocurrió aquel año? ¿Qué clase de milagros acontecieron en la creación cinematográfica? Pues no lo sé. Esta pregunta tendría casi, casi, la misma respuesta que la pregunta que se hace Jules Winfield sobre si salir ileso a las balas en una de las escenas, la de la recuperación del maletín, es un milagro: ninguna.

La vi en 1994, pero en la segunda revisión me quedo tan alucinado con Tarantino como me quedé en la primera parte de Django desencadenado. Y alucinado positivamente claro.

Me ha gustado, me gusta, me encanta Pulp Fiction. Tiene tantos atractivos, o tantas virtudes, que no sé por cuál empezar. Quizá con una de las mas llamativas, la recuperación para el cine de John Travolta, ese mozo bailarín que un poco nos enamoró a todas y todos en Fiebre del Sábado Noche y en Grease. Porque no lo negamos, todos quisimos llevar esa cazadora de cuero, el pelo engominado y bailar como él, aunque no se sepa muy bien para qué, o no lo supiéramos entonces.

En Pulp Fiction Travolta es un Travolta de altos vuelos y me quedo con la sensación de que representa el papel más "humano" de todos los protagonistas. Resultará extraño lo que digo de un gánster drogadicto que vuelve de Ámsterdam de meterse de todo, que trabaja para Marsellus Wallace, que no duda en matar a cualquiera que se le ponga enfrente, etc, etc. Pero si observáis, a lo largo de la película, el personaje que hace Travolta, Vincent Vega, suelta a veces las frases más humanas y coherentes de esta obra maestra. Si, por supuesto, nos olvidamos de la estupenda: "No empezemos a chuparnos las pollas ya" que suelta el Señor Lobo (Harvey Keitel).

No me apetece contar el argumento más que en lo imprescindible. Pulp Fiction es una movie al estilo de Tarantino, el mejor Tarantino, con todo lo que ello implica. Impacto, ritmo vivo, a veces frenético, pistolas, disparos, violencia, ironía y humor, y muchas cosas más. Una de ellas, un maravilloso guión, una magnífica historia, y una sorprendente, original y también maravillosa forma de contarla.

Nos encontramos con dos gánsters un poco de vuelta de todo, al servicio del poderosísimo capo mafioso Wallace. Primero ajustan cuentas recuperando una mercancía, después Travolta tiene que cuidar de la drogadicta esposa del jefe, sacarla a pasear y hasta marcarse un baile con ella. Después, aparece Bruce Willis para "joderles" un poco a todos, con mucho orgullo. En lo básico, esto es Pulp Fiction.

No obstante, su principal rasgo es la originalidad, el contar la historia en diferentes etapas, y volver al principio. Pero una buena película no es sólo buena por la forma, aunque luzca mucho, sino también por el fondo. Y si bien Pulp Fiction puede parecer que es sólo una loca película de gánsters, hay mucho más detrás. Hasta me atrevería a decir que está suspendida en el aire en todo el film la pregunta: ¿Qué sentido tiene la existencia?, ¿hacía dónde va el ser humano? Porque en un momento estamos vivos, y al segundo, estamos muertos. O tenemos a un tipo apuntándonos con un rifle, o nos pegamos una "hostia" con el coche. Sin duda, las coincidencias influyen. Travolta está en el baño en dos tiempos vitales: cuando el boxeador Bruce Willis vuelve a su casa para recuperar el reloj de su padre y cuando los aprendices de atracadores deciden robar en la cafetería. ¿No es eso coincidencia?

Willis, Butch, se encuentra, después de acabar con Travolta, con el mismísimo Wallace en el semáforo. ¿No es eso coincidencia? Las coincidencias son fundamentales en Pulp Fiction. Y Tarantino las aprovecha al máximo para conseguir giros argumentales estupendos y que cautivan y dejan asombrado al espectador. ¿Y no es coincidencia también que cuando Wallace y Butch están intentado matarse mutuamente acaben en una tienda regida por un par de sicópatas? Allí, se decide gran parte de Pulp Fiction cuando el mandamás de todo siente, literalmente, su culo violado. Y tiene un ligerísimo sentido del honor y justicia al ver que el boxeador al que pretendía humillar, le salva la vida. Ajuste de cuentas. Todo empieza de nuevo para Willis que tiene la inteligencia de pensar, en un segundo, que quizá ayudando a Wallace pueda tener una vida futura más tranquila.

En resumen, me encuentro en una noche con la revisión de un peliculón, casi sin quererlo, y me da tiempo para rectificar: Cadena perpetúa es muy buena. Pero es que Pulp Fiction también lo es.

Decidir entre una y otra ya no es cuestión siquiera de gustos, quizá más del estado anímico en que nos encontremos.

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